«Nueva Zelanda es Galicia a lo bestia»

Cuando llegó a las antípodas se dio cuenta que allí no había españoles y encontró ahí su idea para emprender. Ahora hace de puente entre ambos países. Y lo mejor, su servicio es gratuito.


Fue una crisis «de los casi 30» que llevó a la pontevedresa Noa Veiga, 33 años, a dejar su trabajo en la banca y emprender un viaje por el mundo. Se compró un billete solo de ida a Tailandia y empezó la aventura. Cuando llegué a Nueva Zelanda me quedé impactada -confiesa- en ese momento tuve la sensación que este era un país en el que podría vivir». Y así fue. Noa y su pareja no tardaron mucho en conseguir trabajo en las antípodas. Allí, en Nueva Zelanda, el paro es del 5,4%, es decir «solo no trabaja aquél que no quiere», añade la pontevedresa. Pero un año después de estar en el país de sus sueños le entró «la morriña». «Yo empecé a tener ganas de estar con gente con la que compartiera mi cultura -explica Noa- pero me di cuenta que prácticamente no había españoles en Nueva Zelanda». Su pregunta inmediata fue «por qué» y la respuesta obvia se resume en una palabra: desinformación. «En España se sabe y se habla muy poco de Nueva Zelanda -opina esta emprendedora- y yo vi ahí mi hueco de negocio». 

Fue así como nació el concepto de Fainders: una web en español y para españoles dónde un equipo de residentes en Nueva Zelanda se encarga de ayudar y aconsejar a todos aquellos que quieran emprender una aventura a las antípodas sea para estudiar o trabajar. «Yo tuve claro desde el principio que este tenía que ser un servicio gratuito, así que hice un plan de negocio y empecé a visitar centros educativos y universidades para venderles mi idea y todo lo que yo creía que la inmigración española podría aportar a este país», aclara Noa. Las instituciones «compraron» su idea y actualmente este es el modelo de negocio de su startup: el equipo de Fainders asesora gratuitamente a los hispanohablantes que quieran inmigrar a Nueva Zelanda. Casi todos aprovechan el viaje para mejorar su inglés y al inscribirse en un curso las instituciones le pagan a Fainders parte del coste de las clases. «Yo creo en la transparencia total -justifica la CEO del proyecto- y siempre le explico a la gente cómo funciona nuestra empresa. Mucha gente no se lo acaba de creer y a mitad del proceso nos sueltan: ¿Cuándo me vais a cobrar?». 

«Galicia a lo bestia»

¿Y qué es lo que tiene Nueva Zelanda para conquistar cada vez a más gallegos?, preguntamos. Y Noa Veiga contesta: «Nueva Zelanda es Galicia a lo bestia. Cuando llegué me sentí en casa por esta mezcla de naturaleza y sencillez que tenemos en Galicia y que también la hay aquí». Además de su belleza natural, aquello que más atrae a los extranjeros son las condiciones laborales. En Nueva Zelanda el nivel de vida es alto (es decir, la vida es cara), pero los sueldos también lo son. «Haciendo el mismo trabajo que hacías en España, aquí sueles cobrar 4 veces más», explica la CEO de Fainders. A eso hay que sumarle la flexibilidad laboral («puedes cambiar de trabajo de un día al otro»), los incentivos a la natalidad y la famosa productividad. «En Nueva Zelanda si haces el mismo trabajo que tu compañero en menos horas te vas antes a casa y todo el mundo te mira bien. Si sales antes es porque fuiste más productivo», justifica. «Yo siempre digo: '¡claro, esto tiene todo el sentido!', pero es que en España seguimos calentando la silla». 

Y ahora que a muchos ya les ha picado el gusanillo, llega la pregunta del millón: ¿Qué tipos de trabajo ofrece Nueva Zelanda? 

«La gran ventaja de venir a este país es que puedes aprender ingles sin descapitalizarte», comenta. «Aquí es muy fácil conseguir un trabajo. Al llegar empezarás haciendo un algo poco calificado que seguramente no harías en tu país, pero cuando empieces a dominar más el idioma puedes ir poniendo el pie en el trabajo calificado», explica esta emprendedora quien además aclara que este país no es como Australia donde es fácil trabajar «de lo que sea» pero cada vez más difícil conseguir un visado para un trabajo «de lo tuyo». «Aquí el gobierno está encantado en concederte el visado de trabajo -aclara Noa-. Es por eso que yo animo a todos los ingenieros, arquitectos, biólogos e informáticos que no estén contentos en España que se vengan a Nueva Zelanda. Aquí hay una grande demanda de este tipo de mano de obra». Eso sí, para conseguir trabajos calificados hace falta un nivel de inglés muy alto. «Estarás compitiendo con nativos», advierte Noa. 

Una generación de mundo

La gallega Noa Veiga y su proyecto Fainders ya han asesorado a más de 600 españoles sobre opciones de inmigración a Nueva Zelanda. De estos, 70 han acabado dando el paso. Esta emprendedora cuenta que su contacto con todas estas personas le ha hecho entender muchas cosas sobre su generación. «Nuestros padres y abuelos consideran que somos la generación perdida -reflexiona- pero yo creo que están equivocados. Somos una generación con ideales y prioridades diferentes. Tenemos otro concepto de hogar, de familia y de lo que queremos para nuestras vidas. Somos la generación que busca hacer realidad su sueño», opina. Esta pontevedresa considera que «cada vez hay menos personas que nacen, por ejemplo, en Pontevedra, y que se van a quedar ahí toda su vida. Somos una generación de mundo», añade. 

Una vida tranquila

El pasado verano Noa y su equipo decidieron hacer una roadtrip por el norte de España y Barcelona para publicitar su empresa. «Yo soy galeguiña y quise empezar por Galicia -justifica- y la acogida fue brutal. Estuvimos en varias ciudades gallegas y venían familias enteras a preguntarnos por Nueva Zelanda». Además de cuestiones burocráticas, información sobre visados, coste de vida, etc, todos quieren saber lo mismo: ¿Cómo es la vida en las antípodas? Es una vida «tranquila» y «natural», contesta Noa. En su actual país de residencia la actividad empieza a las 6 de la mañana, se come a las 12h y se cena a las 17h. La hora habitual de irse a dormir son las 9 de la noche. El país del Señor de los Anillos es también el número uno para emprendedores. Noa tardó dos horas en abrir su empresa y no le hizo falta ningún tipo de capital inicial. Empezó en una mesa en su garaje y ahora Fainders cuenta con un equipo 12 personas incluidos los «embajadores» que están distribuidos por las principales ciudades neozelandesas.  

«Volver» todavía no es un verbo que ronde la cabeza de esta neozelandesa de adopción, pero en todo caso hay algo que tiene claro. «No volvería a hacer una trabajo de oficina -confiesa-. La experiencia internacional te nutre de herramientas que te hacen una persona más capaz. Si tienes idiomas y dominas la tecnología no tienes por qué estar sentado en una silla 12 horas al día. La clave está en emprender». 

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