Dieta y cáncer: ¿precaución o alarmismo?

El polémico informe de la OMS que relaciona el consumo de carne procesada con el aumento de la incidencia del cáncer de colon pone sobre la mesa la importancia de una alimentación equilibrada


A las puertas del San Martiño y cuando quien tiene aldea se está despidiendo ya de los próximos sacrificados, la Organización Mundial de la Salud (OMS) hace público un informe de la Agencia Internacional para la Investigación contra el Cáncer que provoca escalofríos en una sociedad eminentemente carnívora. Los 22 expertos de 10 países que firman el estudio concluyen, entre otras cuestiones, que por cada ingesta de 50 gramos de carne transformada consumida diariamente aumenta el riesgo de padecer cáncer de colon en un 18 %. Además, suben a la categoría de cancerígenos a la carne procesada, y a la de «probablemente cancerígeno», a las carnes rojas.

Tras el primer shock y los grandes titulares de que las salchichas y los embutidos comparten la misma etiqueta de peligrosidad que el tabaco, el amianto o el arsénico, llegaron las matizaciones, pero estas no han calado tanto, pese a que han sido muchas las voces críticas y expertas que han cuestionado el informe, más allá de la primera interesada, la industria cárnica. En este sentido, Clitravi, la Federación Europea de Asociaciones Cárnicas, rechaza categóricamente esa clasificación y tilda de «inapropiado» la atribución a único factor un mayor riesgo de padecer cáncer.

Oncólogos y nutricionistas también han cuestionado el informe o, al menos, han matizado sus conclusiones y todos coinciden en que no se puede estigmatizar un alimento, la carne, y que en lo que hay que incidir es en que la población vuelva a apostar por hábitos de vida saludables.

Luis María Antón Aparicio, jefe de la sección de Oncología del Complexo Hospitalario Universitario A Coruña (Chuac), califica el informe de «alarmista», apunta que la tesis que sostiene «es meramente circunstancial, esto no es científico» y que adolece de pruebas, porque no se presentan informes comparativos.

«En sí misma la carne no es cancerígena, la ciencia dice que gracias a ella el ser humano es bastante diferente del mundo animal», puntualiza y echa en falta en lo revelado por la OMS que no se hable de otros factores a la hora de atribuir una mayor incidencia del cáncer de colon, como la longevidad de la población, que está directamente relacionada con el incremento de esta patología, o los factores hereditarios.

También remarca que tampoco se abordan otros factores, en positivo, que ayudan a contrarrestar el avance de este cáncer. «La naturaleza es muy sabia y nos ofrece todos los factores no para no desarrollar cáncer sino para enlentecerlo, pararlo o alterarlo y esos factores protectores están en los vegetales. Aquí está la famosa dieta mediterránea y no se puede tomar una conclusión analizando un único alimento cuando no ha habido niveles de prueba comparativos y no se han hecho estudios sobre quiénes son los objetos de estudio, cuánta verdura consumen y de qué tipo», considera Antón Aparicio. En este sentido, matiza que el riesgo de cáncer para la población se reduce en un 43 % con un consumo alto de fibra y vegetales en la dieta y cree que también hay que publicitarlo. «Decir que la carne es la responsable y más la roja no está claro ni está demostrado», remarca. «La carcinogénesis de la dieta es tiempo/dosis dependiente, el tiempo no lo podemos variar, pero la dosis es nuestra responsabilidad, al igual que lo que compro y cuantas veces lo consumo», informa y frente a posicionamientos reduccionistas insiste en que «la dieta es algo más que carne y grasas, también es frutas y verduras, hortalizas y legumbres».

Este oncólogo admite que es difícil hacer una valoración de la carne procesada, cuando no siempre se sabe qué contiene, pero insiste en que sí es posible consumir muchos de los productos demonizados optando por la propia elaboración, como es el caso de las hamburguesas. Asimismo, indica que la OMS ha generado polémica sobre un producto obviando cuestiones sobre las que ya hay constancia que tienen una incidencia negativa sobre la salud, como el calentar repetidas veces los aceites, el uso de aceites malos, que la carne se queme, porque se expone el comensal a los hidrocarburos policíclicos aromáticos, o el riesgo de la salazón para algunas personas, al haberla relacionado con casos de cáncer de estómago.

También la oncóloga Sonia Candamio, del Complexo Hospitalario Universitario de Santiago (CHUS), cuestiona las conclusiones del informe,  cree que los porcentajes que ofrecen dan pie a malos entendidos y remarca que no se puede meter en el mismo saco a toda la carne. A su entender, solo sería atribuible a la alimentación un 1 % de los casos de cáncer de colon y en ningún caso se puede equiparar a la incidencia que tiene el consumo de tabaco en la aparición de tumores.

Candamio asegura que el informe hay que leerlo con cautela y transmitir lo que considera importante: la apuesta por una dieta los más equilibrada posible, optando por comer de todo y de manera variada. «La carne tiene unas ventajas nutricionales que es muy difícil satisfacer con otros productos y no por eso vamos a tener un riesgo elevadísimo de padecer un tumor de colon», sentencia.

Asimismo, matiza que lo que hay  son estudios publicados que indican que «la carne roja parece que aumenta la incidencia de cáncer, pero comerla dos o tres veces por semana se aconseja, entra dentro de una alimentación saludable y no aumenta el riesgo». «Nosotros a los pacientes, cuando ya tienen el diagnóstico de cáncer, la recomendación que hacemos siempre es una dieta sana y equilibrada, que es comer de todo y mucho de nada», indica. Esta oncóloga del Chus sitúa en el campo de la carne procesada los mayores factores de riesgo por cuanto existe desconocimiento respecto a parte de sus ingredientes, como pueden ser los conservantes.

Pirámides alimentarias

Por su parte, Miguel Ángel Martínez Olmos, endocrino del CHUS, considera que este último informe de la OMS «no implica una gran novedad, muchas de las cosas que se recogen ahí ya eran conocidas y tener una situación de alarma no parece adecuado». Frente a ello, considera que el informe «puede ser un toque de atención para que hagamos las cosas, con respecto a la alimentación, un poco mejor de lo que lo estábamos haciendo últimamente y atenernos mejor a las recomendaciones de una alimentación sana y equilibrada, a las pirámides de alimentación saludables que desde hace tiempo se están intentando implantar». En este sentido, Martínez Olmos cree necesario reivindicar una vuelta a la dieta tradicional, «que garantiza un mejor nivel de salud, no solo por el riesgo de cáncer sino también por otro tipo de riesgos, como los cardiovasculares».

Respecto al alimento que se lleva las connotaciones más negativas del informe, las carnes procesadas, también respalda que se tomen con moderación y apostilla que «no hay ningún alimento que se pueda demonizar».

Este especialista también estima que se ha magnificado esa correlación el consumo de carne procesada y la aparición del cáncer de colon por parte de los expertos que realizaron el estudio e indica que «la relación entre los hábitos alimentarios y la aparición del cáncer no tiene tanta fuerza como, por ejemplo, entre el tabaco y el cáncer, eso hay que tenerlo claro».

Mientras esta polémica aún no se ha extinguido, la UE facilita el cambio de hábitos ya que acaba de regular el consumo de insectos, algas y hongos. Solo queda saber qué dice la OMS.

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