¿Es este el grupo que adoran tus hijos?

Se llaman PXXR GVNG (poor gang) y son uno de los fenómenos musicales del año. Su disco de debut acaba de salir, un polémico tratado que musica el latido de muchas calles españolas del 2015


Redacción

Va en el ADN juvenil: la música que escuchas debe irritar a tus padres. La de Pxxr Gvng lo logra. Cumple. Su híbrido de rap, regatón y electro latino con toques de flamenco genera en los adultos esa reacción. Igual a lo que en día pudo provocar el punk, el heavy o el bakalao. Rechazo. Caras de asco. Manos tapando orejas. «¡¡¡Eso no es música!!!». Pero la juventud baila. Y una parte cada vez mayor de la actual lo hace al son de este cuartero barcelonés. Le quieren poner voz a los pobres, dicen. Así, sin más. Que nadie piense en la dialéctica arriba-abajo de nueva política. No, esto es mucho más directo y visceral. Se trata del canto suburbial de unos desheredados que aspiran a tener mucho dinero, practicar mucho sexo y flotar eternamente en la nube narcótica. Nada más. Nada menos.

Sí, Pxxr Gvng no solo sulfuran por sus ritmos machacones y el autotune, ese procesador que emplean las estrellas pop para corregir la voz del que tanto abusan. El fondo también crispa.  Lo aclaran en Los pobres (Sony, 2015), su disco de debut. En la introducción, largan un discurso con desafiante chulería fumeta: «Antes escuchabas a un pobre y mirabas para otro lado. Ahora, gracias a Internet, se ha empezando a mezclar vuestra realidad con nuestra ficción y nuestra ficción con la realidad. Nos hemos metido en vuestras casas, en vuestras familias y en vuestro subconsciente, hermano? Cuando estés viendo la tele ya nunca vas a escuchar la palabra pobre y vas a seguir comiendo tranquilo».

Queda claro que Pxxr Gvng (poor gang, que se podría traducir como la pandilla de los pobres) pretenden epatar. El cuarteto que opera en El Raval barcelonés lo forma D. Gómez (madrileño y miembro de Corredores de Bloque), Yung Beef y Khaled (granadino y parte de los Kefta Boys) y el productor Steve Lean. Tras ellos, Lean se encarga de crear bases digitales. ¡Y que corra el aire de extrarradio! Queda reflejado perfectamente en el videoclip de Como el agua. Homenajeando a la canción del mismo título de Camarón de la Isla, condensa una buena parte del universo de Pxxr Gvng. Música hipnótica y fotografías cantadas de la decadencia («como el agua clara que baja del monte / esos yonkis vienen por sus dosis»). Todo en un paisaje de coches haciendo trompos, macarreo con calzón por encima del pantalón, tatuajes por todas partes, móviles grabándolo todo y mini shorts femeninos. ¿Pose? Para nada. Pocas cosas en el pop español  semejan más reales.   

Como el agua es la pieza que cierra el disco con el que Pxxr Gvng podrían consolidarse. Es quizá la más interesante en lo musical de un lote en el que, al margen de su cuestionada calidad, el grupo se muestra como algo auténtico. Quizá  por ello sus versos y su viscosa rítmica goteante se desliza constantemente por el tobogán de la melancolía. Como si pretendieran abrir un boquete de vulnerabilidad en el muro del mentón alto, la actitud y la jerga pandillera, existe un reconocimiento implícito de una marginalidad en la que se sobrevive a base de humor  y cuelgue permanente.

«En esta vida de todo me arrepiento / lo único que tenía se lo ha llevado el viento / ya no tengo nada, solo me queda el aliento / para contaros mis penas y deciros lo que siento / que yo no tengo a nadie para que escuche mis lamentos», cantan en Perdóname Dios. Llamativa ingenuidad. Aparece ahí, por un momento, el chaval sensible que se abre de par en par, mostrándose desprotegido. Pide abrigo. Se lo dan las decenas y decenas de fans que asaltan sus conciertos, dentro de sus particulares códigos. Aquí se estila, entre otros, el twerking: baile extremadamente provocativo en el que se mueven las caderas con el trasero en pompa y las piernas flexionadas. Miley Cirus lo hizo célebre.  

LA ANTI BOY-BAND

Una imagen como la que ilustra estas líneas podría llevar a emparentar a Pxxr Gvng con las clásicas boy-bands, tipo Take That, New Kids On The Block o los más recientes One Direction o Auryn. En cierto modo, juegan con ello, atrapando al público femenino. Pero todo con una vuelta de tuerca que poco tiene que ver con la dulzura, las sonrisas y las baladas de ese tipo de formaciones. Al contrario, Pxxr Gvng destilan un canalleo muy poco complaciente con la idea de los príncipes y las princesas pop de las radiofórmulas. Sirva como ejemplo la campaña de crowfunding que hicieron para recaudar dinero para grabar un segundo videoclip, tras Como el Agua. Entre las recompensas a los que hicieran donaciones, se incluían cosas como una muestra de semen de D. Gómez a cambio de 10.000 euros, por si alguna seguidora quería tener un hijo con él. Young Beef, por su parte, prometía tatuarse en la cara el nombre de la persona benefactora que contribuyese la misma cantidad. Kahled, en concreto, prometía llevar al seguidor de viaje a Marruecos por solo 3.000 euros. Todo ello difundido, cómo no, a través Youtube.  Como los demás, se convirtió en viral.

Mientras tanto, de móvil a móvil, la bola crece. Pero también los problemas. Un discurso como el suyo echa para atrás a algunos promotores. Recientemente se estuvieron tanteando fechas en Galicia. Alguna sala rechazó la opción de tenerlos.  ¿El motivo? No tener problemas menores que no pueden acceder a lo locales pero quelo van a intentar de todos modos. Es  el precio de la polémica. La misma que te hace crecer, ¿te podrá detener?  Habrá que estar alerta.

¿ESTAMOS ANTE LOS CHICHOS DE NUESTRO TIEMPO?

El caso Pxxr Gvng ha calado hondo en la crítica, que se encuentra en pleno debate al respecto. Tarde, cuando el grupo ya había entregado el disco normal (el físico, se entiende), las elucubraciones entre los plumillas musicales se han multiplicado. Quizá el mejor escrito hasta el momento sea el de Raúl Guillen de la web Jenesaispop. Les da trato de punto y aparte: «Insisto en ver en el fenómeno Pxxr Gvung una revolución semejante a la vivida en España a finales de los setenta y primeros ochenta con la kinkixploitation y sus abanderados, Los Chichos».

El paralelismo lo sostiene en base al mismo lenguaje directo y descarnado «de una juventud que apenas subsistía entre drogas, delincuencia y violencia». También, en su crecimiento de espaldas a la industria (con casetes Los Chichos, por YouTube Pxxr Gvng) para terminar en una gran compañía. Aunque en Los Chichos la referencias a las drogas (principalmente heroína) resultaban más trágicas y desesperadas, en Pxxr Gvung (que apelan a la cocaína y el hachís) se percibe un uso más lúdico.

Ello nos lleva a otro movimiento nacido desde abajo con posterior estallar en las alturas: el bakalao. Surgió en el subsuelo en los ochenta y se convirtió en un fenómeno sociológico y de alarma social en los primeros noventa. Nadie debería olvidar que en España Chimo Bayo fue número uno en las radiofórmulas en 1991 con Así me gusta a mí, una eufórica celebración del consumo del éxtasis, el emblema de la Ruta del Bakalao.

La manera de tratar el sexo de Pxxr Gvng va en la misma línea. Ellos se escudan en que así se habla en la calle, pero esa manera zafia (y, generalmente ondulada por el autotune) de invocarlo ya les ha valido acusaciones de sexistas y machistas. En ese sentido, la conexión con el regatón resulta evidente: un sexo primario, de macho con múltiples féminas y recreándose en la lascivia con versos de trazo grueso. No solo desafía a la corrección política. También al respeto más elemental.

Pero si hay algo que puede ponerse al mismo nivel, e incluso por encima, del sexo y las drogas en la escala de Pxxr Gvng es el dinero. Les obsesiona. Otro crítico, Víctor Lenore, los sacudió por ahí en su reseña del disco en El Confidencial. Ante versos como «Me van a doler las muñecas de tanto contar dinero/ voy a comprarme un Ferrari para vacilar por el gueto», no lo duda: «Se trata de una rendición total a los valores del capitalismo salvaje, disfrazado de audacia y macarreo».

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