«La Pepa»: el puente que bate todos los récords

Cádiz inauguró esta semana su infraestructura más polémica: el puente de la constitución de 1812, el más alto de España y más largo que el de Brooklyn y el Golden Gate.


Desde el pasado jueves, la península de Cádiz tiene su tercer acceso por carretera: el Puente de la Constitución de 1812, conocido ya como el puente de La Pepa, la obra más costosa y compleja realizada por el Ministerio de Fomento en los últimos años. Y también la más polémica. 

El viaducto, de más de tres kilómetros de longitud (cinco si contamos la infraestructura completa) y 185 metros de altura total mide 36,85 metros de ancho y para su construcción se emplearon en total 69.310 toneladas de acero, nueve veces y media más que el acero empleado en la Torre Eiffel. Las torres del puente cuadruplican la altura de la estatua de la Libertad y, si hablamos del hormigón utilizado, podríamos afirmar que se ha empleado cinco veces más hormigón que en el monumento del Cristo de Corcovado, en Río de Janeiro. 

Más alto que rande

La infraestructura viene a arrebatar el título de puente más alto de España al de Rande, en Vigo, que se coloca en la segunda posición, con 119 metros. El de Cádiz, además, triplica la longitud total de Rande (1.604), que en el momento de su construcción (1978) era el puente atirantado de más longitud del mundo y el más largo de todos los tipos en España, después del de Santa Eulalia de Huelva. 

El puente de la Constitución de Cádiz es ahora el segundo puente atirantado más grande del mundo, sostenido por 176 tirantes de acero y un espacio de 540 metros entre sus torres, lo que le hace batir otros muchos récords arquitectónicos. Se compone de cuatro tramos: el tramo atirantado, los accesos a Cádiz y a Puerto Real y un tramo desmontable que pesa 4.000 toneladas y que dará paso a embarcaciones de gran tamaño que naveguen por la bahía gaditana. 

El objetivo

La idea de construir un segundo puente en la bahía de Cádiz surgió para unir por carretera la barriada del Río de San Pedro, en Puerto Real, y la de Astilleros, en Cádiz. Con su puesta en marcha, esta infraestructura pasa a ser el tercer acceso a la capital, que hasta el momento estaba conectada con el resto del mundo por la autovía CA-33 y el puente José León de Carranza. Este último lleva funcionando desde 1969, soportando un intenso tráfico diario de vehículos.

El arquitecto

El arquitecto encargado del proyecto, ejecutado por Dragados, es Javier Manterola (Pamplona, 1936), que es también autor del Puente de Andalucía sobre el Guadalquivir en Córdoba, del Puente de las Delicias de Sevilla y de otros en Vizcaya, Lérida o Murcia. El proyecto fue adjudicado en el 2007 por la entonces ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, y su ejecución ha estado rodeada de polémica, con varios retrasos y un presupuesto que ha llegado casi a duplicarse, pasando de los 280 millones de euros previstos a casi 510 totales. Desde el principio, la obra ha contado con la oposición de una parte de la sociedad, que lo consideraba excesivamente costoso e innecesario, porque a su juicio los problemas de tráfico por los que fue proyectados ya se habían solucionado con la instalación de un carril reversible en el primer puente construido en la ciudad, el de José León de Carranza. Por su parte, los defensores del proyecto recordaban que el antiguo viaducto, de más de 45 años de antigüedad, soporta a diario un tráfico de más de cuarenta mil vehículos y que, al ser una de las dos únicas alternativas, los accidentes que en él se producen pueden colapsar por completo la ciudad. Otra polémica generada por las obras ha sido la advertencia de que la puesta en marcha podría provocar importantes cortes de luz, como el que esta semana ha afectado a 100.000 personas, aunque el Ayuntamiento ha desmentido que esta sea la causa.

El origen

La historia de cómo se llegó a construir el gran puente sobre la bahía de Cádiz es larga y curiosa. Hace más de veinte años, cuando se empezaron a contemplar soluciones para el futuro acceso a la ciudad, la opción del segundo puente estaba entre las últimas de la lista, pero en 1995, con Borrell como ministro, el alcalde socialista Carlos Díaz logró que se encargase una maqueta, a pesar del rechazo inicial de los miembros de su propio partido.  Después fue la alcaldesa Teófila Martínez la que tomó el testigo para dar un nuevo impulso a la idea, y aseguran que incluso financió con dinero público una campaña de recogida de firmas de apoyo al proyecto, que llegó a calar en la sociedad. Así se llegó al 2007 cuando se adjudicaron unas obras que tendrían que haber terminado en el 2010. Cinco años después, el sueño de muchos se ha hecho realidad.

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