La ciencia gallega empieza a cambiar el chip. El objetivo es la excelencia y la captación de talento, tanto autóctono como foráneo, y el primer paso para conseguirlo se ha puesto en marcha con el programa Oportunius, impulsado por la Axencia Galega de Innovación, un modelo inspirado en el exitoso Icrea, que desde hace años ha convertido a Cataluña en el auténtico referente de la investigación en España y que luego fue extrapolado al País Vasco con el Ikerbasque. Cualquier investigador que trabaje en Galicia o que lo haga fuera y quiera retornar tendrá la oportunidad de estabilizarse con un contrato laboral que le ofrecerá la Xunta, en condiciones de mercado, para incorporarse a las universidades gallegas. El requisito para lograrlo será acceder a una de las exigentes ayudas del Consejo Europeo de Investigación ERC -Starting Grant, Consolidator Grant o Advanced Grant-, que hasta el momento solo han logrado nueve científicos gallegos. Es el distintivo de calidad de la ciencia en Europa, el que reconoce de forma objetiva a los investigadores más competitivos y a los proyectos más innovadores y que ahora Galicia ha hecho suyo. No es una vía de acceso fácil, como lo prueba el hecho de que solo entre un 8 % y un 10 % de los candidatos superan las pruebas en cada convocatoria, pero sí una garantía de excelencia internacional y también de dinero. Cada elegido recibe entre 1,5 y 2,5 millones para realizar su investigación, que la puede ejercer en el lugar que elija. A Galicia tampoco le ha ido mal en esta competición, ya que es la cuarta comunidad con más personal becado por el ERC.

«Hay muchas maneras de medir la excelencia investigadora, pero hay una que está totalmente reconocida internacionalmente, que es conseguir una Grant del ERC, y es por la que nosotros apostamos. Nosotros no imponemos las reglas, por lo que si alguien quiere un contrato de la Xunta lo que tiene que hacer es lograr la beca», explica Manuel Varela, director de la Axencia Galega de I+D.

El último investigador gallego en obtener el sello de calidad europeo fue el físico focense Diego Martínez Santos, que también se ha convertido en el primer fichaje del Oportunius. Siempre quiso regresar a Galicia, oportunidad que le fue negada en dos ocasiones a través del programa estatal Ramón y Cajal, pese a que hace dos años fue elegido el mejor joven físico de partículas europeo.  «Espero -dice- que o Oportunius poida axudar a que os investigadores se queden en Galicia, aínda que teñan ofertas de fora».

La Xunta se ha marcado un objetivo ambicioso: captar a 24 investigadores apoyados por el ERC de aquí al 2020. Para ello también formará y financiará a 40 investigadores, de los que diez quedaron finalistas el pasado año, para ayudarlos a competir. «Nosotros -apunta Manuel Varela- no estamos sustituyendo nada con este programa, sino ampliando oportunidades. La Xunta ofrecerá a los elegidos un contrato indefinido, con condiciones económicas de mercado, y a los que haremos una evaluación cada cinco años. No serán funcionarios».

Meritocracia

Es un sistema de meritocracia, sin endogamias, un cambio de chip por el que viene apostando desde hace años David Posada, de la Universidade de Vigo, el primero en lograr una Starting Grant en Galicia y también el único en contar con una Consolidator Grant, dos de los programas del Consejo Europeo de Investigación. «No tiene sentido -advierte- medir la ciencia por sexenios. Eso no ocurre en ningún lugar del mundo y el Oportunius va ahí, a meter el dedo en llaga». Posada, que coincide plenamente con la filosofía del nuevo modelo, lo tiene muy claro: «Hay que acabar con el sistema de café para todos, porque mientras no se fomente la cultura de la meritocracia no vamos a poder avanzar como país. Hay que apostar por la excelencia investigadora, porque los recursos son limitados y el Oportunius lanza un mensaje importante en este sentido».

El físico Carlos Salgado, ganador de una Starting Grant, coincide con esta filosofía y también destaca el empuje que supondrá para las universidades gallegas la incorporación de talento. «Vailles dar -señala- unha ferramenta fundamental para que as universidades galegas poidan competir no mercado internacional de captación de talento, o que de outra maneira sería imposible».

Acceder a una ayuda del ERC no solo supone una ayuda millonaria para el investigador, que le permite contratar a su vez a un equipo de entre cuatro y siete personas, sino también la oportunidad de hacerse visible a nivel internacional y de optar de esta manera a nuevos fondos, inversiones que ayudarán a crecer a la ciencia gallega. Así lo cree el profesor el profesor de Cálculo Numérico Héctor Gómez, el único de la Universidade de A Coruña con una Starting Grant. «Con una inversión relativamente pequeña -dice- se obtiene un beneficio muy grande. Es como si eres futbolista y fichas por el Madrid o el Barcelona, te da una visibilidad muy grande».

El Oportunius marca el camino, pero aún es un primer paso. El talento es indispensable, pero hacen falta medios para rentabilizarlo. Así lo cree Luis Liz Marzán, el primer gallego en obtener un Advanced Grant y que ahora dirige el centro BiomaGUNE en San Sebastián tras ser fichado por el Ikerbaske. «El Oportunius me parece una buena iniciativa, pero el éxito también dependerá de que la Administración se implique en ofrecer al investigador un entorno de trabajo adecuado. El salario no es suficiente», advierte.

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La ciencia gallega inicia un cambio de modelo