Un emigrante fallecido en el 2005 con el pasaporte en regla es convocado a votar

Manuel Martínez, que nació en Verea en 1912, es citado a unos comicios por segunda vez después de morir


El caso de Manuel Martínez, un emigrante de Verea (Ourense) que falleció el 4 de septiembre del 2005 en Buenos Aires, saltó a la luz el año pasado en las páginas de este periódico cuando su hijo Antonio y su nieta Patricia recibieron la documentación electoral para que el difunto votara en las generales de marzo. En su día, se tomaron la molestia de comunicar al consulado español el deceso para que Manuel fuera dado de baja, pero el caso es que ahora han vuelto a recibir los papeles para que el finado -que dejó en este mundo su pasaporte en regla- participe el 1-M para elegir el Parlamento de Galicia.

La situación que viven los familiares de Manuel Martínez pone en evidencia la falta de depuración del censo de residentes en el extranjero, el llamado CERA, y que las nuevas normas introducidas por la Junta Electoral Central en el voto exterior, que obliga a los emigrantes a adjuntar una copia del pasaporte o del DNI para validar su sufragio, no impedirá que los muertos puedan seguir votando.

En generales y autonómicas

En teoría, Manuel tendría que haber desaparecido del CERA y del registro consular, pero sus familiares se sobresaltaron cuando el cartero les dejó en su domicilio en Hurlingham, provincia de Buenos Aires, el sobre de la autoridad electoral para que el difunto votara en las generales del 2008, algo que se repite ahora en las autonómicas gallegas.

Por respeto a la memoria del fallecido, sus descendientes optaron por no ejercer el voto, pero en caso de que decidieran seguir adelante con el proceso, nada se lo impediría, pues en casa todavía conservan el pasaporte vigente que dejó Manuel.

En declaraciones a La Voz, uno de los sobrinos de Manuel Martínez expresó su impotencia por la situación que están viviendo en cada proceso electoral, que consideran una «broma de mal gusto», lo que les llevó a romper con rabia la documentación electoral.

Y no es la primera vez que las elecciones evocan en esta familia de gallegos el recuerdo de sus seres queridos. En las autonómicas del 2005, a los Martínez les ocurrió lo mismo con la difunta esposa de Manuel, Hermesinda Dapia, cuya nieta sí ejerció el voto en nombre de su abuela, pero colocando en el sobre el certificado de defunción. «Está claro que aquí pueden seguir votando los muertos. Lo de mi tío no es una excepción, vaya a saber cuántos sobres de gallegos fallecidos llegan a Argentina», dice indignado el sobrino de Manuel.

Si los parientes accedieran a emitir el voto del fallecido, con la copia del pasaporte, sería completamente válido para elegir el Parlamento gallego cuatro años después de muerto.

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