El cumplimiento del Acuerdo de París será posible aun sin Estados Unidos

Pese a Trump, la acción de empresas y gobiernos locales puede hacer posible que el país reduzca sus emisiones


El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, se ha convertido en el auténtico ogro en contra de los esfuerzos de la comunidad mundial por reducir las emisiones de efecto invernadero causantes del calentamiento global. Tal y como estaba previsto, el pasado 4 de noviembre puso en marcha el mecanismo para retirar a su país del Acuerdo de París, aunque la medida no será efectiva hasta noviembre del próximo año. Justo después de las elecciones estadounidenses, por lo que es posible que la Casa Blanca tenga un nuevo inquilino. Pero si Trump continúa, la pregunta es: ¿podrá el mundo cumplir con los compromisos de París sin el segundo mayor contaminador del planeta, por detrás de China? Aunque pueda parecer una paradoja, la respuesta es sí. Es más, es incluso posible que el país reduzca sus emisiones pese a que el Gobierno federal no se lo proponga. Y quizás haya que darle la vuelta al planteamiento: Trump está cada vez más acorralado y aislado.

Que el presidente lo esté no significa en absoluto que el país, muy descentralizado y con un margen de acción muy importante de los estados, se quiera quedar descolgado. En un momento en el que la economía ha iniciado un camino irreversible hacia la descarbonización, quedarse fuera de esta transición energética significa una pérdida de competitividad a nivel mundial, tanto a nivel empresarial como de desarrollo tecnológico. Y esto es algo a lo que las mayores multinacionales y la sociedad del país no están dispuestas a compartir. Como ya había advertido Bill Clinton en su exitosa campaña electoral contra George Bush padre: «Es la economía, estúpido».

Los líderes de las grandes compañías, desde Google, Microsoft o Apple hasta incluso la petrolera Exxon Mobil, mostraron en más de una ocasión su rechazo a la política climática de Trump. El director ejecutivo de Exxon, Darren Woods, llegó a escribir una carta al presidente en la que le advertía que EE.UU. estaba «bien posicionado para competir» con el Acuerdo de París, en una posición muy distante a la del líder republicano, que señaló en su momento que el país perdería millones de puestos de trabajo si seguía las directrices de París.

Pérdida de competitividad

Los consejeros delegados de las principales empresas también habían enviado previamente una misiva abierta a Trump en la que le pedían que Estados Unidos continuara liderando el acuerdo mundial, porque «el cambio climático presenta para nuestras empresas tanto riesgos como oportunidades de negocio».

Defendían, entre otras cuestiones, que el pacto global les ayudaría a mejorar su competitividad porque, entre otros factores, «asegura un mejor equilibrio global en el esfuerzo, reduciendo así los posibles desequilibrios competitivos para las compañías americanas».

Existe otro elemento determinante, al margen de la cada vez mayor concienciación de la ciudadanía estadounidense, que juega a favor del cumplimiento de los compromisos: el papel de los estados y las ciudades.

A principios de junio pasado, 1.219 gobernadores, alcaldes, negocios, inversores y universidades de todo el país declararon su intención de mantener el esfuerzo exigido para la disminución de gases contaminantes. En conjunto formaron la coalición We Are Still In (seguimos dentro). Y en otra carta abierta a la comunidad internacional advertían: «En los Estados Unidos son los gobiernos locales y estatales, junto con las empresas, los responsables primarios de la dramática caída de las emisiones de gases de efecto invernadero en los últimos años. Las acciones de cada grupo se multiplicarán y acelerarán en los próximos años, sin importar qué políticas adopte Washington».

Otra iniciativa es la Alianza Climática de Estados Unidos, encabezada por los estados de Nueva York, California y Washington, que anunciaron su intención de seguir las directrices de París incluso sin la ayuda federal. Y las ciudades también juegan un importante papel en este proceso de descarbonización, ya que, entre otras cuestiones, son las responsables de decidir qué tipo de energía se utiliza en su jurisdicción. En este momento, y solo es el principio, más de 30 urbes, desde Orlando a Salt Lake City, se han fijado como objetivo a corto plazo obtener el 100 % de su energía de fuentes renovables.

Tampoco hay que descartar otro elemento de peso que podría inclinar la balanza hacia un posible cambio de políticas. Fuera de París, Estados Unidos dejará en manos de China, al margen de Europa, el liderazgo en la lucha contra el cambio climático. ¿Qué significa esto? Que también perderá el liderazgo tecnológico que conlleva el nuevo cambio de modelo. Y eso puede ser demasiado para el orgullo estadounidense.

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