El campo gallego apuesta por la sostenibilidad

La gestión de purines es uno de sus grandes retos

Agentes del Seprona investigan una balsa de purines
Agentes del Seprona investigan una balsa de purines

redaccion

Líder tanto en la producción de leche como en la de carne, el sector agroganadero gallego puede presumir, sin embargo, de ser de los más sostenibles de Europa. Al menos es lo que demuestran las cifras oficiales relativas a la presencia de nitratos en la tierra y el agua de consumo o a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) a la atmósfera. De hecho, solo la comarca de A Limia fue incluida por primera vez por el Ministerio de Transición Ecológica en el listado de zonas vulnerables por contaminación de nitratos en las aguas. De ahí que la gestión de los restos producidos en la zona sea ahora una prioridad. Con todo, Galicia es, de entre las diez principales regiones lácteas europeas, la única que en conjunto no está clasificada como zona vulnerable a nitratos —el óxido nitroso también es un potente GEI—, por lo que está exenta de establecer planes especiales de fertilización o imposiciones de un número máximo de cabezas de ganado por hectárea. Circunstancia que se da en más de una treintena de zonas eminentemente agrarias del continente.

Otro tanto sucede con las emisiones de amoníaco a la atmósfera, que, si bien van en aumento a medida que se intensifica la producción, están muy lejos todavía de las que se registran en otras comunidades. De hecho, solo Cataluña, Castilla y León y Aragón aglutinan más del 65 % del total producido por el sector agroganadero español debido, principalmente, a los grandes cebaderos de porcino instalados en su territorio, una de las actividades ganaderas más contaminantes y de las que apenas hay presencia en Galicia.

Más complicado se presenta el control del metano que se produce en la digestión de las vacas y que, a través de sus flatulencias, acaba en el aire. Cada animal puede producir más de 250 litros diarios de este gas cuya capacidad para atrapar calor es 20 veces superior a la del dióxido de carbono. Según los datos de la UE, la agricultura y la ganadería son responsables del 10 % del total de emisiones contaminantes a la atmósfera, por lo que el objetivo para el 2030 pasa por reducirlas en un 40 %, en comparación con las que se registraban en 1990.

Para conseguirlo, es necesario trabajar en varios ámbitos, tal y como explican desde el Centro de Investigaciones de Mabegondo (CIAM). Uno de los más importantes es el de la alimentación del ganado. «Resulta necesario facer un balanceo das racións, adaptando o consumo de comida do animal ás súas necesidades, facendo lotes e optimizando ao máximo este aspecto», explica César Rech, que considera conveniente facilitar el acceso de animales al exterior del establo.

Distintos estudios apuntan que, de las once toneladas de amoníaco que emite un animal en pastoreo, diez se irían directamente al suelo y tan solo una a la atmósfera.

Igual de importante es la gestión adecuada del purín. Por un lado, apuntan a la obligación de disponer de una fosa cubierta con capacidad suficiente para albergarlo buena parte del año y, por otro, la conveniencia de realizar aplicaciones lo más respetuosas posible con el medio. Desde el CIAM aconsejan que, en caso de aplicación de purín sobre cultivos, se proceda a un enterrado con grada inmediatamente después y, en praderías, que se lleve a cabo en unas condiciones adecuadas de temperatura y humedad.

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