Pequeñas acciones del día a día para salvar el planeta

La economía circular se erige como una de las soluciones al problema del cambio climático


REDACCIÓN/LA VOZ

Según el estudio Carbon Majors Report 2017 publicado por la organización sin ánimo de lucro CDP, el 71 % de la contaminación mundial es responsabilidad de tan solo 100 empresas. No es extraño que, ante esta realidad, muchas personas comienzan a cuestionarse si las acciones a nivel individual pueden influir en la mejora del medioambiente. La duda es más que razonable. Sin embargo, organismos como la ONU recalcan que «los consumidores no solo deben ser actores, sino también impulsores de los cambios que deben ocurrir en las etapas iniciales de producción». Es decir, no solo va a ser mejor para el medioambiente la adopción individual de medidas menos contaminantes, sino que la suma de individuos puede generar la presión suficiente a las marcas para que produzcan de forma más sostenible.

Algunos de estos cambios son tan fáciles como sustituir las bolsas de plástico de un solo uso por otras de tela o de materiales reutilizables para hacer la compra. Al ir al supermercado se pueden primar también los alimentos a granel sobre los envasados o aumentar la compra de productos vegetales y disminuir el consumo de carne, cuya huella de carbono es mucho mayor. Es importante también priorizar los productos de proximidad para reducir la contaminación que se produce en el transporte de los mismos desde otras partes del mundo. Otros pequeños gestos son también sustituir el jabón líquido por una pastilla o, en el caso de la higiene femenina, usar la copa menstrual en lugar de tampones y compresas, ya que su caracter de un solo uso genera según la Women’s Environmental Network más de 200.000 toneladas de residuos al año solo en un país como Reino Unido.

Estos cambios en el consumo deben ir ligados a otros en la movilidad como un descenso del uso del avión en favor del tren y del uso de la bicicleta como sustituto del coche en pequeñas distancias. Según la Universidad de Lund, eliminar al 100 % el uso del coche particular supondría uno de los mayores impactos en el descenso de las emisiones de hasta tres toneladas de CO2 al año.

Claves de la economía circular

Las tres erres de la economía circular (reciclar, reutilizar y reducir) se han convertido en los últimos tiempos en el abecé de todo ciudadano concienciado con el cambio climático.

Reciclar correctamente los desechos es el primer eslabón para que lo que ya es inservible pueda tener una segunda vida. Además, reutilizar productos a través de técnicas como la segunda mano permite alargar la vida útil de los artículos bajando así el volumen de producción y su consiguiente impacto ambiental. Para mejorar en este aspecto también es importante acostumbrarse a utilizar envases reutilizables como botellas de cristal y dejar de consumir productos de un solo uso como pajitas o cubiertos de plástico que, además, quedarán prohibidos a partir del 2021.

Por último lugar, reducir el consumo de determinados bienes supone un ahorro considerable, no solo a nivel económico, sino de contaminación. Algunas de las medidas pueden ser reducir la frecuencia con la que se sustituyen los aparatos electrónicos, cuyo reciclaje es más complejo y su producción más perjudicial o, diariamente, intentar gastar menos agua al ducharse o fregar los platos.

Seis sencillas claves para luchar contra el cambio climático sin esfuerzo:

Alimentación: Consume productos de proximidad

Una dieta con mayor presencia de verduras y legumbres, especialmente si son productos de proximidad, puede suponer un descenso considerable de la huella de carbono. Un cambio en este sentido generaría un ahorro potencial de hasta una tonelada de dióxido de carbono cada año.

Higiene: Mejor productos sólidos

Pasta de dientes, champú, gel... Muchos de los productos de higiene que se utilizan a diario vienen en envases de plástico. Una forma fácil de reducir el uso de este derivado del petróleo es optar por versiones sólidas de los jabones que se pueden almacenar sin necesidad de este material.

Transporte: Intenta evitar el avión

Un solo vuelo transatlántico de ida y vuelta puede llegar a contaminar más de una tonelada y media de CO2. Se recomienda evitar este tipo de viajes y, si no es posible, sustituir el transporte aéreo por otros con menos emisiones como el tren, dentro de las posibilidades de cada recorrido y persona.

Moda: La segunda mano como alternativa

Por suerte para los más concienciados la moda es cíclica y todo acaba volviendo, más con el bum actual del vintage. Rebuscar en el armario de familiares o acudir a tiendas de segunda mano no solo va a suponer un ahorro en el bolsillo del consumidor, sino que va a reducir el derroche de recursos en la producción de nuevas prendas.

Tecnología: Alarga la vida útil de los dispositivos

En la sociedad actual prescindir del teléfono móvil o del ordenador es casi imposible para algunos. Sin embargo, darles una vida más larga puede paliar algunos efectos devastadores de su producción como la altamente contaminante extracción de coltán, necesario para las baterías de los dispositivos.

La aplicación: TooGoodToGo, un servicio que conecta usuarios con comida que se va a tirar

¿Qué pasa con la comida de una tienda o restaurante que no se ha vendido al cerrar el local? Esos alimentos podrían acabar en el contenedor más cercano o en la casa de alguna persona a precio reducido. Para evitar la primera opción, existen aplicaciones como Too Good To Go, a través de la que diversos establecimientos ofrecen con un descuento, por lo general a última hora del día, el excedente que no han podido despachar en la jornada. De esta forma, los usuarios pueden ahorrar en su compra y, además, evitar que esa comida termine en la basura.

Desde la propia empresa, en base a datos de la FAO, estiman que con los paquetes de alimentos salvados hasta la fecha se han dejado de emitir más de 60.000 toneladas de CO2 a la atmósfera. Esto es especialmente importante en un país como España en el que anualmente acaban en la basura 7,7 millones de toneladas de alimentos, según indica el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, convirtiéndonos así en el séptimo país de la Unión Europea que más comida desperdicia.

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