Italia: regreso a la zona cero de Europa

«Vivimos del turismo, la economía no se reactivará hasta que avance la vacunación», afirma un vecino de Vo', localidad de la primera víctima del coronavirus

Un operario desinfecta la plaza de San Marcos de Venecia el 7 de abril.
Un operario desinfecta la plaza de San Marcos de Venecia el 7 de abril.

Venecia | E. La Voz

A unos sesenta kilómetros de Venecia se encuentra el municipio de Vo'. Hasta hace un año muy pocos habrían sabido ubicarlo en el mapa, pero hoy es el símbolo de la Italia que trata de derrotar al covid-19. Cuando Adriano Trevisan, vecino jubilado de Vo', murió el 22 de febrero del 2020, convirtiéndose en la primera víctima italiana de la pandemia, el municipio fue puesto en cuarentena. Nadie podía entrar ni salir, todas las vías de acceso estaban cerradas o controladas por policía y militares. Se actuó rápido: test para los más de tres mil vecinos y aislamiento para todos los positivos. En dos semanas se consiguió que la incidencia rozase el cero. «El municipio fue puesto bajo una cuarentena absoluta, tuvimos que reorganizarlo todo desde cero. Por ejemplo, el transporte de los suministros alimentarios», recuerda Giuliano Martini, alcalde y farmacéutico de Vo': «Fue durísimo para todos».

Viendo Vo' un año después, en un frío domingo de febrero, la sensación es extraña. Ya no se percibe esa sensación de emergencia que traslucían las entrevistas telefónicas a los vecinos en los primeros días, durante la cuarentena. En la plaza principal los chicos charlan, otros recorren las calles sobre sus motos estruendosas. «Los jóvenes hemos pagado un precio muy alto: sin escuela, sin gimnasio, sin tardes en la biblioteca», se queja uno.

En el bar frente a la plaza, hombres de todas las edades toman una caña o un vino. Muchos de ellos tienen la mirada pensativa. En una floristería dos mujeres trabajan en un arreglo floral, ambas con mascarilla. Muchos en Vo' están preocupados por su futuro económico y laboral. «Nosotros vivimos del turismo. La economía aquí no se reactivará completamente hasta que toda Italia se haya vacunado», afirma Martini. 

«Nos estamos adaptando»

Sandro Lovison es de Vo' y tiene una empresa productora de vinos y de agroturismo. «Nos estamos adaptando», explica. «Ha cambiado todo. Estábamos acostumbrados a que las personas vinieran a la bodega para comprar, al contacto personal con los clientes; ahora los pedidos llegan por WhatsApp, entregamos a domicilio». Para él, las cosas no van demasiado mal: pese a que el agroturismo estuvo cerrado durante mucho tiempo, han tenido un repunte las ventas de vino. «Ahora hemos vuelto a abrir y tenemos mucha demanda, los italianos quieren salir». El restaurante de Rosanna, otra vecina, es famoso por su terraza con vistas a las colinas Euganeas. «Solo podemos abrir a mediodía, pero antes trabajábamos sobre todo por la noche: aquí las puestas de sol son maravillosas. De todos modos, ahora hay que estar agradecido por todo lo bueno que llega», dice a La Voz de Galicia.

Con una tercera ola que parece estabilizarse y la vacunación en marcha, en Vo', como en el resto de Italia, el covid-19 ya es percibido como «la nueva normalidad», sostiene la psicóloga Eleonora Fantinel. Una normalidad dura, eso sí. «La pandemia está produciendo una desestabilización en la vida de muchos hogares. Los adolescentes y las madres son los que más están sufriendo el estrés. Las rutinas que antes garantizaban los equilibrios se han desvanecido: el colegio, el parque con los amigos, el deporte».

Las mujeres italianas están pagando un precio muy alto. «De las 101.000 personas que se quedaron sin trabajo en diciembre, 99.000 eran mujeres. El covid-19 ha afectado sobre todo a las personas con contratos precarios, con menos garantías», observa Giustina Orientale, asociada de Sociología del Trabajo en la Universidad Federico II, de Nápoles.

Muchas mujeres trabajan en el turismo, como camareras en los hoteles o como cocineras en los restaurantes. Y el turismo lleva un año en crisis. «Las zonas del país más dependientes del turismo son las que más han sufrido», afirma Andrea Roventini, economista de la Escuela Sant'Anna de Estudios Superiores, de Pisa, en el centro de Italia.

Las colas de los comedores sociales en muchas ciudades vaciadas de turistas son cada vez más largas. Laura tiene 43 años y vive alquilada con sus dos hijas en la periferia de Roma. Perdió su trabajo en negro de camarera de pisos en un hotel. «Está siendo muy duro. Por suerte, la parroquia y mi padre nos ayudan». Alberto Colaiacomo, de Cáritas Roma, observa que ahora, más de 21.000 personas acuden a sus servicios cada semana. «Antes de la pandemia no llegaban a 14.000», aclara.

Según las previsiones, el PIB italiano debería crecer un 3,7 % este año, impulsado por la industria y la agricultura. En las calles de Vicenza, una ciudad industrial a unos 30 kilómetros de Vo', se percibe un optimismo moderado. Algunas de las empresarias manufactureras de la ciudad consultadas afirman que para ellas el negocio se ha reiniciado, y esperan que el 2021 sea un buen año. Para el economista Roventini, «el covid-19 demuestra lo importante que es para Italia preservar su sector manufacturero». El turismo por sí solo no es suficiente. Y menos aún para las mujeres.

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