El año que descubrimos el método científico

La sociedad española ha demostrado poco conocimiento científico pero mucha disciplina


Hay asuntos que afloran de manera recurrente que demuestran la escasa cultura científica de la población española. Ocurre cada vez que se lanza una sonda a otro planeta, como Perseverance, y se cuestiona la inversión. «El retorno tecnológico que genera este tipo de misiones es muy valioso», recuerda Juan Ignacio Pérez, director de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco.

Otro caso llamativo tuvo que ver con una entrevista que publicó este periódico. En mayo La Voz habló con el astrofísico que formaba parte del comité que asesoraba al Gobierno. La inmensa mayoría de los centenares de comentarios que generó el artículo se podrían resumir en una pregunta. ¿Qué pinta un astrónomo en una pandemia? Muy pocos entendieron que era un experto en aplicar la ingeniería de datos a problemas sociales.

La crisis del covid-19 ha provocado que la humanidad asista por primera vez en directo al trabajo inspirado por el método científico. La gestión política ha ido adaptándose al conocimiento, que ha permanecido en constante evolución. Ocurrió, por ejemplo, con la transmisión del virus. «Cuando empezó se señalaba al contacto con las superficies y las gotículas. Con el tiempo se ha sabido que esas vías son relativas y que tienen más importancia los aerosoles», sostiene Juan Ignacio.

«Esta pandemia permitiunos ver como funciona a ciencia. Lonxe dese mecanismo infalible e depurado que deducimos da sucesión de éxitos que nos trasladan os libros de texto, o proceso científico está cheo de atrancos, dúbidas, erros, discusións e vías sen saída. O importante non é asimilar unha visión idealista dun método científico infalible, senón asumir que, dentro das súas limitacións é un procedemento de discusión aberta e contraste experimental» añade Marcos Pérez, director de los Museos Científicos Coruñeses.

Aunque suspendemos en conocimiento científico, hay algo de lo que debemos sentirnos muy orgullosos. Hemos sido tremendamente disciplinados, dando ejemplo en todo el planeta, soportando en la primera fase de la pandemia uno de los confinamientos más estrictos y aguantando hasta hoy cada una de las restricciones que nos han impuesto. Siempre, además, con la mascarilla puesta. La autoridad científica es algo que nos tomamos muy en serio.

Tampoco hemos promovido el negacionismo ni el consumo de medicinas alternativas. Además, hemos protagonizado un movimiento mundial único. «Participo en una investigación internacional que analiza la comunicación de la pandemia. La movilización solidaria en torno a los sanitarios no ocurrió en ningún otro sitio del mundo», reconoce Gema Revuelta, que dirige el Centro de Estudios de Ciencia y Sociedad de la Universidad Pompeu Fabra.

Una idea para reflexionar. Ahora se habla de dónde invertir en el futuro. Pero la realidad es que no sabemos cómo será la próxima amenaza ni de dónde vendrá. «Si hace un año nos hubiesen preguntado si habría que gastar dinero en investigar la biología del murciélago, ¿qué habríamos respondido?, concluye Juan Ignacio.

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