La gran lección del covid: todo importa y todos son importantes


¡Cuántas veces hemos criticado el bullicio de un restaurante que estaba hasta los topes! ¡Cuántas veces nos hemos quejado por tener que madrugar el sábado para llevar a los niños al fútbol, a natación o para hacer algún recado! ¡Cuántas veces hemos maldecido las aglomeraciones en las tiendas en vísperas de Navidad! ¡Cuántas veces hemos resoplado por ir a comer a casa de la familia política el domingo!...

¡Y cuánto lo hemos echado en falta en los últimos meses! Tanto que, desde ahora, madrugar los sábados para llevar a los niños será una buena excusa para socializar; el ruido en un restaurante en el que compartimos mesa con los amigos debería hacernos sonreír; iremos contentos a casa de la familia política y hacer cola en las tiendas en Navidad será una diversión.

Un año después de la llegada del  covid a nuestras vidas, deberíamos hacer una doble reflexión. Una, en lo personal, para aprender a saborear lo que tantas veces dimos por supuesto. Y la segunda, como sociedad en conjunto. Porque esta sociedad egoísta, rica y casi siempre fácilmente impresionable por el dinero, tiene que valorar la importancia de los que tantas veces han pasado inadvertidos. Porque inadvertidos a nuestros ojos pasaban esos mileuristas trabajadores de los supermercados, que a la hora de la verdad han soportado estoicamente las avalanchas de compras para que todos y cada uno de nosotros pudiéramos tener la nevera llena. Inadvertidos han pasado con frecuencia los investigadores, tantas veces abandonados por las instituciones, y tantas veces desprestigiados porque interpretábamos que pretendían vivir de las arcas públicas, cuando son los científicos los que finalmente nos van a sacar del problema. E inadvertidos habrán pasado demasiadas veces los celadores, los auxiliares, las enfermeras y muchos facultativos, cuando son los que, un año después, y exhaustos como están, siguen peleando por salvar nuestras vidas.<

El tsunami del  covid ha dejado por el camino a miles de personas a las que les ha arrebatado la vida. Los que todavía podemos contarlo, debemos sacar dos grandes lecciones tras doce meses de confinamiento, de distancia social y de mascarillas: no podemos dar nada por supuesto, hay que valorar los detalles y lo pequeño; y hay que recuperar el respeto al otro, porque todos importamos y todos somos importantes.

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