Un hombre convive siete meses con el cadáver de su padre en una casa de campo de Valencia
ESPAÑA
La autopsia descarta signos de violencia y la Guardia Civil detiene al hijo del fallecido ante la sospecha de que ocultó su muerte para seguir cobrando la pensión del anciano
13 ago 2026 . Actualizado a las 11:44 h.Durante las tardes más sofocantes del verano, los vecinos de la urbanización Les Plantaes, en el término de Vilamarxant (Valencia), veían a menudo a Toni mientras arrastraba a duras penas un pequeño carro de la compra. Callado, huraño y siempre al margen de la vida comunitaria, el hombre de 58 años solía recorrer a pie el kilómetro que separa la urbanización del casco urbano.
En más de una ocasión, embargados por la piedad ante las altas temperaturas, algunos residentes le ofrecían llevarlo en coche. Nadie en el vecindario sospechaba que, al regresar a aquel chalé en estado ruinoso, Antonio U. L., de 58 años, guardaba el secreto más macabro de la comarca: tras las rendijas de una puerta y una ventana selladas con cinta adhesiva yacía el cadáver momificado de su padre de 90 años.
El macabro hallazgo se produjo el pasado lunes cuando la frágil mentira saltó por los aires. Otro de los hijos del anciano acudió a la casa de campo para interesarse por su padre, a quien los vecinos ni siquiera situaban viviendo allí desde hacía meses. Fue en ese momento cuando Toni confesó de forma espontánea la verdad a su hermano: el progenitor había fallecido a principios de este año y el cuerpo permanecía oculto en una de las estancias de la vivienda. Tras tener conocimiento del horrendo secreto, una nieta del anciano fallecido dio la voz de alarma de inmediato.
Varias patrullas de la Guardia Civil se desplazaron con urgencia hasta la casa de campo. Al acceder al chalé golpeado por el abandono, los agentes hallaron una escena estremecedora: sobre una cama descansaba el cuerpo del anciano en avanzado estado de momificación. Las rendijas del cuarto habían sido cubiertas minuciosamente con cinta aislante para intentar frenar la salida de olores y aislar la estancia del resto de la casa.
Sin signos de violencia
Un equipo de la Policía Judicial de la Guardia Civil asumió las pesquisas y acordonó la parcela para realizar una exhaustiva inspección ocular junto al médico forense. Tras recabar los primeros indicios, el cadáver fue trasladado al Instituto de Medicina Legal de Valencia, donde al día siguiente le practicaron la autopsia. «En la puerta había varios agentes con monos blancos, y sobre las once de la noche sacaron el cuerpo y lo metieron un furgón. Creíamos que había muerto Toni. No sabíamos que su padre también vivía con él», explicó una vecina.
Los análisis preliminares e informes forenses han descartado indicios criminales o signos de violencia en el cuerpo, por lo que las hipótesis apuntan firmemente a que el anciano falleció por causas naturales. Según las estimaciones basadas en el estado de momificación, la muerte se habría producido entre los meses de enero y febrero de este año.
La pista económica
Pese a la ausencia de violencia en el óbito, la Guardia Civil procedió a la detención de Antonio U. L. en un primer momento por un presunto delito de omisión del deber de socorro. No obstante, el abanico de la investigación es más amplio. Los agentes del Equipo de Policía Judicial que asumió el caso centran ahora sus pesquisas en determinar si el arrestado ocultó el fallecimiento de forma deliberada para continuar cobrando la pensión mensual de su padre durante estos siete u ocho meses.
El detenido fue puesto ayer a disposición del juzgado de guardia de Llíria, mientras la noticia sigue generando un profundo impacto en Les Plantaes. Para la mayoría de sus vecinos, que desconocían por completo la presencia del anciano en la casa, el modesto carro con el que Toni subía del pueblo se ha convertido hoy en el símbolo de una convivencia invisible y macabra que ha durado cerca de 200 días.
El reflejo del abandono en el que transcurrieron los últimos meses de vida del anciano queda patente en el propio escenario de los hechos. El miércoles por la tarde, la entrada de la parcela permanecía clausurada por una cinta de la Guardia Civil tendida en diagonal sobre la verja metálica con la orden de no pasar.
Tras los barrotes, los matorrales invadían por completo el terreno de secano. En el interior del recinto se alza la modesta vivienda de campo, una construcción grisácea a medio terminar, de bloques de hormigón visto y fachada de cemento desnudo. Bajo el tejado plano del porche, sostenido por toscos pilares, se acumulan enseres viejos, sillas de plástico deslucidas y restos de materiales desordenados, todo ello enmarcado por el paisaje árido y la sombra de una higuera que flanquea el perímetro exterior.