Los comerciantes de Ceuta recuperan poco a poco la normalidad: «Los que han visto que no es lo que les habían prometido ya se fueron, quedan los que no se quieren ir»
ESPAÑA
Algunos negocios han conseguido abrir este sábado, sin embargo, los locales de hostelería de las playas y otros servicios, como gimnasios, continúan cerrados
01 ago 2026 . Actualizado a las 15:47 h.Las persianas vuelven a levantarse, los escaparates recuperan el trasiego de clientes y el sonido de las cajas registradoras rompe, poco a poco, el silencio que durante días se apoderó de muchos comercios de Ceuta. La ciudad comienza a recuperar la normalidad, —la Confederación de Empresas Españolas en Ceuta animó este sábado a los comerciantes a retomar la actividad manteniendo la prudencia y la cautela— tras unas jornadas marcadas por la tensión y el cierre forzoso de numerosos establecimientos. Aunque el miedo y la incertidumbre sigue presente entre los comerciantes, —algunos, sobre todo la hostelería cercana a las playas, no han podido abrir todavía, esperan hacerlo el lunes—, este sábado se ha vuelto respirar el ritmo de la actividad comercial.
Javier hoy, a diferencia del viernes, sí pudo abrir las puertas de la Librería General Alcántara. «Hoy hemos abierto de manera normal, con un filtro en la puerta, eso sí, para no hacer avalancha aquí, pero sin problema. Se va corriendo la voz poco a poco, y la gente se va moviendo», asegura Javier, que junto a su padre trató de abrir el viernes sin éxito. «Fue imposible, no podías hacer nada. Estuvimos intentándolo, y no se pudo de la cantidad de gente que había. A las ocho de la mañana, la calle estaba como si fuera Navidad, cuando está repleta de gente haciendo compras, pues lo mismo, pero solamente con la gente que había cruzado la frontera. No había vecinos en la calle, no salían, la gente estaba asustada, y es normal. Había constantes peleas entre ellos mismos, y eso creó mucha inseguridad. El estanco abrió y tuvo que cerrar. Algunos intentan hacer las cosas bien, pero otros querían meterse de la manera que fuera. Muchos vienen con dinero, pero otros no, y claro...».
Cuenta que las fuerzas de seguridad continúan intentando llevárselos, pasan batidas de la policía para intentar empujarlos hacia la frontera, pero, aun así, asegura, sigue «habiendo bastantes». «No pueden tocarlos ni hacerles nada, pero los están intentando achuchar, ¿qué pasa? Que a la primera boca calle que hay salen corriendo la mitad de ellos, y se esconden, se meten por los callejones, por otras calles... Porque, claro, los que se han quedado ya no quieren irse. Los que se han ido son las familias, la gente "normal", los que han visto que no es lo que les han prometido que iba a ser, y entonces han visto que la primera noche han pasado frío y hambre, y han dicho: "Volvemos otra vez". Y los que se están quedando será que tienen cosas pendientes allí o que no tengan nada más que hacer allí», indica Javier.
La farmacia del barrio del Príncipe ha sido de los pocos negocios que no ha tenido que cerrar. Es más, a ella también han acudido los inmigrantes que han cruzado la frontera y que han resultado heridos o deshidratados. «Pequeñas heriditas, pero se les ha estado curando, poniendo Betadine, algún punto de sutura, de aproximación, cosas así...», cuenta una de las trabajadoras, que, aunque confirma que hay muchísima menos gente que los días anteriores, dice que «la situación todavía es algo caótica». Ella no ha tenido ningún problema con nadie, dice que han sido «educados», pero añade que «en otras barriadas han robado». En su barrio, han sido los propios vecinos, cuenta, los que se han movilizado para «controlar» la zona. «Los muchachos de aquí han tenido que intimidarlos y echarlos, meterles un poquito de miedo, porque si no, iban a estar todos aquí, y eso era imposible. Es que no podíamos salir con el coche. Miles de personas deambulando por las calles, que no saben los pobres ni a dónde ir, gente que ha venido engañada de Marruecos... La culpa yo no se la echo a esa gente, sino al Gobierno de Marruecos», asegura esta empleada que en sus 53 años no ha visto nada así. «Jamás hemos tenido lo de esta vez». «Han sido días muy, muy malos —continúa—. No hemos podido comprar agua ni pan. Hemos sobrevivido porque teníamos cosas en casa, y si no, ayudándonos entre los vecinos».
Otros negocios y servicios, de momento, no han tenido la suerte de la farmacia y la librería. El polideportivo cercano al paso fronterizo continuará cerrado hasta el lunes. Aun así, los trabajadores, como Amido Abdelah, tienen que permanecer en las instalaciones, —dice que «es su obligación acudir al puesto de trabajo»—, que cuentan con un gimnasio y una piscina. Confiesa que se sienten un poco «abandonados» y califica lo vivido estos días como una «invasión total». Describe estos que estos días que no han podido salir de casa como «una aventura», y aunque no ha llegado a sentir miedo, sí «desconfianza». «No nos daban indicaciones, nada, nada, qué va, qué va... Ocurrió lo mismo que en Valencia. Había que permanecer en casa y aguantar. ¿Quién se va a atrever a abrir? La gente estaba muy asustada. Supuestamente, hoy poquito a poco está volviendo la normalidad. Los militares están reuniendo a los inmigrantes en dirección al paso fronterizo. Hoy ha sido mejor que ayer y antes de ayer. Pero estos días las calles estaban inundadas de gente sin rumbo, como zombis», dice Amido, que como «caballa auténtico» siente pena por los ceutíes, pero también por los inmigrantes que han entrado.
Es 1 de agosto y el Chiringuito Salamandra, en la playa del Chorrillo permanece todavía cerrado. Javier uno de los seis trabajadores calcula que las pérdidas diarias ascienden a 1.500 euros entre mercancía a la que no se le puede dar salida y empleados, que han tenido que quedarse en sus casas. «La gente que queda está entre la playa y los montes, escondidos. Están esperando a ver si tienen que evacuar a gente del CETI, que está colapsado, para ver si se quedan. Además, quedan los gamberros. Esta mañana hemos bajado a echar un vistazo, y hemos echado a unos cuantos que estaban durmiendo en la terraza. Han roto el suelo, han quitado el césped artificial para taparse, han quitado las lonas de las sombrillas... El problema es que la playa, el ocio es lo último que se va a abrir. Ahora mismo piensas en llenar la despensa, en salir al supermercado... No en irte a la playa».
«Nos sentimos abandonados por la Administración —añade—, puesto que los militares y las fuerzas del Cuerpo de Seguridad del Estado están haciendo una brillante tarea, y los ciudadanos que están haciendo batidas también, para ponerles otra medalla. Nos han dicho que abramos con cautela y responsabilidad, pero no se nos garantiza la seguridad».
Los comerciantes están convencidos de que lo ocurrido ya ha afectado «gravemente» al turismo y a la imagen de la ciudad. «Evidentemente, estamos en boca de toda Europa. Han estado llamando radios, televisiones, incluso medios de Argentina...», dice la empleada de la farmacia. Se muestran apenados por las consecuencias que esto ha tenido, sobre todo, por la cancelación de las fiestas patronales que comenzaban este sábado.