Historia de un deshielo: España y México recomponen sus relaciones tras las palabras del rey

Miguel Ángel Alfonso MADRID / COLPISA

ESPAÑA

El Rey Felipe VI visita el pasado lunes la exposición 'La mitad del mundo. La mujer en el México indígena' que se exhibe en el Museo Arqueológico Nacional (MAN), en Madrid.
El Rey Felipe VI visita el pasado lunes la exposición 'La mitad del mundo. La mujer en el México indígena' que se exhibe en el Museo Arqueológico Nacional (MAN), en Madrid. CASA S. M. EL REY | EUROPAPRESS

La presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, ha invitado a Felipe VI a asistir al Mundial de fútbol y no descarta acudir a la Cumbre Iberoamericana del 2026, en noviembre en Madrid

22 mar 2026 . Actualizado a las 22:08 h.

La frase recorrió el Océano Atlántico de una orilla a otra como un calambre. «Hubo mucho abuso» y «controversias éticas» durante la Conquista de América. No fue un desliz verbal de Felipe VI, sino una maniobra diplomática cuidadosamente orquestada, un guiño para tratar de desbloquear una relación que lleva siete años metida en el congelador: la de España y México.

Desde la llegada a la presidencia de Andrés Manuel López Obrador, en 2018, la reclamación a la monarquía y al Gobierno españoles para que reconozcan oficialmente los «agravios cometidos a partir de 1521», cuando se produjo la caída de Tenochtitlán, la gran capital del imperio mexica, a manos de Hernán Cortes, se ha convertido en el mayor obstáculo para la normalización de los vínculos entre ambas naciones.

Casi 500 años después de aquel episodio histórico, el 1 de marzo de 2019 López Obrador envió una misiva dirigida al Papa Francisco y otra a Felipe VI. El pontífice respondió pidiendo «perdón» por los «abusos» cometidos por la Iglesia Católica durante la colonización de América. Pero la falta de respuesta por parte del monarca español ahondó la crisis y fue también la razón esgrimida por la actual mandataria, Claudia Sheinbaum, para no invitar al Rey a su toma de posesión en octubre de 2024, pese a que es quien tradicionalmente asiste en representación de España a este tipo de actos. En protesta, tampoco acudió ningún ministro del Gobierno, ni siquiera de Sumar, afín políticamente a Morena, la formación a la que pertenece la actual presidenta mexicana. La crisis diplomática acababa de escalar otro peldaño.

Desde entonces, tanto la Moncloa como la Zarzuela han intentado acercar posiciones con México, un país señalado como «hermano» en la tradición diplomática española, pero sin llegar, por ahora, a pedir oficialmente «perdón», como sí hizo Francisco.

El primero en escenificar un gesto fue el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, que en octubre del año pasado afirmó que hubo «dolor e injusticia» durante la Conquista. La propia Sheinbaum celebró estas palabras como una declaración «importante» y un «primer paso» por parte de España. Sin embargo, lo consideró «insuficiente».

El máximo responsable de la diplomacia española hizo estas declaraciones en el mismo lugar que luego eligió Felipe VI para lanzar el último guiño a México, la exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, que acoge el Museo Arqueológico Nacional. En un acto que no estaba en la agenda oficial, el monarca tampoco escogió de forma improvisada a su audiencia selecta: autoridades y representantes mexicanos, entre ellos, su embajador en Madrid, Quirino Ordaz, que no tardó en ponerse en contacto con Sheinbaum.

El Mundial de Fútbol

La presidencia de México, en esta ocasión, sí aceptó la mano tendida y calificó las palabras del Rey como «gesto de acercamiento», aunque precisó que «no es todo lo que hubiéramos querido». Poco después invitó formalmente al monarca español a asistir al partido correspondiente al Mundial de Fútbol que enfrentará a las selecciones de España y Uruguay el 26 de junio en Guadalajara, capital del Estado de Jalisco.

La invitación al Mundial no es un detalle menor. Desde 2018, todavía con Enrique Peña Nieto (perteneciente a la formación de centroderecha PRI) como presidente de los Estados Unidos Mexicanos, no ha habido visitas de alto nivel de mandatarios mexicanos a España. Ni con López Obrador ni con Sheinbaum durante su estancia en el Palacio Nacional de la plaza del Zócalo. Sí hubo, sin embargo, una de Pedro Sánchez al D.F. en enero de 2019. Fue la primera de un líder extranjero en solitario tras la investidura de López Obrador.

En febrero del 2022 el presidente mexicano anunció una «pausa diplomática» en las relaciones con España. Esta figura, sin embargo, no existe como tal en el derecho internacional y supuso una acción más simbólica que efectiva, porque en ningún momento las relaciones diplomáticas entre México y España se han roto, como reconocen ambas partes.

Desde entonces, el Gobierno y el propio Felipe VI se esmeran en intentar dar lustre a la celebración en noviembre de la 30.ª Cumbre latinoamericana en Madrid. Una cita que en los últimos años ha quedado relegada en un segundo plano por la falta de asistencia de muchos jefes de Estado. La ausencia de México sería un borrón en el evento.

La cuestión no es novedosa: en 1990, durante un viaje a Oaxaca junto a la Reina Sofía, Juan Carlos I lamentó los «abusos» que se cometieron durante la Conquista, a pesar de que la Corona de España procuró «defender siempre la dignidad del indígena».