Cuando el juez Marlaska envió a prisión a un policía por una violación en una celda en Bilbao

Ainhoa de las Heras COLPISA

ESPAÑA

Fernando Grande-Marlaska, en una imagen del año 2015, cuando ejercía de juez de la Audiencia Nacional
Fernando Grande-Marlaska, en una imagen del año 2015, cuando ejercía de juez de la Audiencia Nacional BENITO ORDOÑEZ

Instruyó como juez una agresión sexual en un calabozo de la comisaría de Indautxu en 1995 y los tres agentes acusados terminaron absueltos

24 feb 2026 . Actualizado a las 18:07 h.

El ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska, instruyó un caso de violación en los calabozos de la comisaría de la Policía Nacional en Indautxu, cuando ejercía como juez en Bilbao, allá por 1995. El entonces magistrado envió a prisión provisional a uno de los tres policías acusados, el presunto autor, que luego resultó absuelto por falta de pruebas. El agente permaneció varios meses en un módulo de la cárcel de Logroño, especial para miembros de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado.

Finalmente, la Sección Segunda de la Audiencia provincial de Vizcaya, presidida por el juez Juan Mateo Ayala, absolvió a los tres policías en junio de 1998, pese a considerar «indudable» que se había registrado una agresión sexual. El Tribunal Supremo confirmó el fallo y reprochó a los compañeros del autor de los hechos su «silencio ominoso» y su falta de denuncia.

A raíz de la investigación de la Unidad de Régimen Disciplinario de la Policía Nacional y de las resoluciones judiciales, la Dirección General de la Policía suspendió de empleo y sueldo a los dos agentes encargados de la vigilancia de los calabozos, ubicados en el sótano, al entender que «debieron tener contacto visual con el agresor» e «infringieron sus deberes de custodia y de colaboración con la investigación».

«La recta del amor»

Ahora, el ex juez Marlaska se sitúa al otro lado, ya que el acusado de violación es su mano derecha, el ex Director Adjunto Operativo, DAO, cargo operativo más importante del cuerpo, José Ángel González Jiménez, conocido como Jota, de 66 años. Una subordinada le ha denunciado por una agresión sexual cometida en un piso oficial. Aunque los hechos se registraron el año pasado, no se han conocido hasta esta semana, y hay voces que dudan de que el ministro no estuviera enterado. Jota, que ha desarrollado toda su carrera en unidades antidisturbios, no ha estado destinado en Bilbao, aunque solía viajar a la capital vizcaína cuando la Policía Nacional tenía competencias en Seguridad Ciudadana y se registraban algaradas, jornadas de lucha o huelgas generales.

La violación en los calabozos de la comisaría de Indautxu sacudió al cuerpo en una época muy delicada, en los años del plomo. Durante varias semanas se organizaron escraches frente a la sede policial con carteles de «violadores» y «cómplices». Los hechos se registraron el 29 de agosto de 1995. La Brigada provincial de Extranjería y Documentación del Cuerpo Nacional de Policía llevaron a cabo una redada en los clubes de alterne Hollywood y Trastevere, en Baracaldo, en la conocida como recta del amor, según el relato de hechos de la sentencia de la Audiencia vizcaína.

Los agentes detuvieron a varias mujeres que ejercían la prostitución y podían encontrarse en situación irregular, entre ellas Rita Margarette R., que fue trasladada a la sede de la Jefatura Superior de Policía de Bilbao, en la calle Gordóniz, donde se iniciaron los trámites para su expulsión. Sobre las seis de la mañana, un policía de uniforme que nunca llegó a ser identificado la introdujo en una celda con una colchoneta, «le obligó a quitarse los pantis indicándole que no chillara y, tras colocarse un preservativo, le dijo: "a las prostitutas lo que les gusta es follar"», y la violó, según la sentencia, La mujer sufrió lesiones y estrés postraumático.

El juez instructor Marlaska organizó una rueda de reconocimiento con medio centenar de policías, que generó gran malestar en el cuerpo, y la víctima reconoció a uno, que fue llevado a juicio. Sin embargo, los jueces de la Audiencia dudaron de esta prueba, ya que el aspecto del hombre no coincidía con la descripción física que la mujer realizó del autor en la denuncia, y consideraban que no había más indicios en su contra. Marlaska no compartió este criterio.