El jubilado acusado de enviar cartas bomba a miembros del Gobierno: «Yo quería hacer una bengala»

Doménico Chiappe MADRID / COLPISA

ESPAÑA

Pompeyo González mantiene su inocencia pese a las pruebas aportadas por los peritos

16 may 2024 . Actualizado a las 17:25 h.

«He trabajado en muchas empresas, como peón, principalmente de la metalurgia y la construcción, y en los ayuntamientos de Vitoria y Miranda. Tengo el hobby de la aviación, tengo un dron, hago cosa con él, como fotografías y vídeos, y suelo hacer cosas en casa de bricolaje y marquetería», se presentó Pompeyo González, en la sesión del juicio por enviar sobres bomba al presidente de Gobierno Pedro Sánchez, la ministra de Defensa Margarita Robles, a las embajadas de Ucrania y Estados Unidos, a la base militar de Torrejón de Ardoz y a una empresa de pertrechos de guerra.

El jubilado González había dejado un largo rastro en su historial de internet, al comprar los sobres para empacar los explosivos, la cinta adhesiva, las direcciones de los atentados, las búsquedas de instrucciones letales. «Los sobres los compré (en Amazon) para meter postales de ciudades que tengo guardadas. Los pedí gruesos, pero vinieron de cartón. No las puse pero las tenía preparadas. No me gustaban los sobres y al final las tiré. Hago la limpieza y un día tiré periódicos viejos, apuntes de internet, los sobres, a un contenedor cerca de casa. Me quedé con las postales», justificó sus compras.

El unabomber de Burgos hizo seis artefactos «explosivos, inflamables, incendiarios», acusó la fiscal, que pidió que se le condenara por los «hechos objeto de delito penal» con «finalidades terroristas de las acciones ilícitas». El primero lo envió a la Moncloa, dirigido a Pedro Sánchez (el 24 de noviembre del 2022), con unas características que se repetirían en los posteriores. El sobre, la etiqueta para el destinatario, el remitente con un correo electrónico que mencionaba a Ucrania. Todos fueron desactivados y solo sufrió lesiones el vigilante de uno de los destinos.

De un enlace a otro

En un turno de preguntas que no utilizó para reivindicar una causa contra la defensa ucraniana a la invasión rusa, presunta motivación de los atentados fallidos, González aseguró que leía medios oficiales rusos, que tenía instalados en su móvil, como Sputnik o RT porque «me gusta informarme de todo un poco. Si España va a ayudar a Ucrania. Eso me descargo, que mandan armas, que tal. Me interesa si España va a mandar tanques. En la misma televisión salía que el presidente de Gobierno y la presidenta Margarita Robles estaban de acuerdo. Que ella era una persona un poco falsa, ponía, lo leí». De esta manera («salía en un enlace, luego en otro») elegía sus objetivos, según la acusación: «Yo me informo que el centro de satélites de Torrejón de Ardoz ve las tropas, de las empresas que mandan armas, que en Sevilla montan las torretas».

El segundo sobre bomba llegó el 20 de noviembre del 2022 a la embajada de Ucrania, donde hirió en la mano al vigilante de seguridad que trató de despegar la cinta adhesiva, y el tercero a una empresa de Zaragoza que «suministraba material para ayudar a Ucrania», según la acusación. Estos tres explosivos fueron fabricados con pólvora. Antes había buscado en internet cuántos gramos de pólvora pueden matar a una persona. «Yo pondría el peligro que hay al hacer la bengala. Yo no me acuerdo de eso», respondió a los abogados y describió su taller como «un taladro y una caja de herramienta».

González clama por su inocencia.

Los peritos ratificaron la mañana del jueves sus informes donde encontraron el ADN de González en los «vestigios» de las bombas hallados en los lugares donde detonaron y que fueron cotejadas con las que la Policía Nacional recogió de sus desperdicios y que le identifican plenamente. El acusado señala a un tercero, que fabricó los artefactos con su basura.  

«Yo tengo los sobres, pongo la pegatina y lo dejo preparado. Están ya con mis huellas y mi ADN, y yo les tiro. El que haya comprado los sellos, que yo no he comprado de ninguna clase, los pega en el sobre. En el artefacto, como tiro recortes de tubo posiblemente también. ¿Por qué no? No tengo ni idea de cómo se preparara un artefacto explosivo. Ni un conocimiento». ¿Desestabilizar el Gobierno y la democracia? «Ni se me ocurre, lo ha inventado la prensa, semejante tontería».

De la pólvora al clorato de potasio

Para los siguientes tres sobres-bomba cambió la confección. En vez de pólvora usó cabezas de cerillas con clorato de potasio y azufre, que también podían «provocar peligrosas proyecciones» y con efectos «que no diferían» de las cartas con pólvora. Unos y otros eran «viables y de perfecto funcionamiento», según los peritos que testificaron en el juicio. Todos «llevaban metralla de perfil metálico: tuercas y tornillos». Sin embargo, González sostiene que su proyecto era instalar una «bengala en un dron, para que subiera 500 metros y cayera». Su historial le contradice. Buscaba «paquetes bombas». «Pides cómo hacer una bengala y te sale paquetes bombas y hasta misiles, o una bomba atómica. No los busqué a propósito». ¿Y su interés por el uranio? «Me gustan las cosas de materiales pesados».

Para sus hechuras adquirió 30 piezas de minibisagras y bisagras. «Para unos armarios, las compré de varias medidas. Como una cosa es que le que se ve y otra lo que viene, las tiré. Tengo un piso pequeño. Brocas tengo muchas, de varias medidas, incluso para las gafas. Yo hago cosas en casa para mí. Últimamente hacía un helipuerto para el dron». ¿Y los tubos de cobre? Para mis cosas de trabajo. En casa vivo solo, nadie me molesta».

¿Y la bolsa con clavos? «Son de puntas largas de siete u ocho milímetros que tenía pensado llevar al pueblo para clavar unas vigas» ¿Y los guantes antiexplosión? «Yo pedí guantes de seguridad. Porque tengo una soldadora, por si tengo que hacer una chapuza para alguno». ¿Y el kilo de nitrato potásico puro?»: Sí, lo adquirí, lo uso para limpieza. En el internet pone que una cucharada es como la sal, no es más. Yo lo usaba para eso».