El ciclo electoral sube la tensión entre los socios del Gobierno de coalición

M. á. ALFONSO / p. DE LAS HERAS MADRID / COLPISA

ESPAÑA

FERNANDO VILLAR | EFE

Ni el PSOE ni Unidas Podemos quieren romper, pero necesitan diferenciarse

07 dic 2022 . Actualizado a las 20:50 h.

El Gobierno de coalición encara la recta final de la legislatura con la mirada puesta en el nuevo ciclo electoral. Los comicios municipales y autonómicos de mayo y, sobre todo, las generales de finales del 2023, actúan como el pegamento con el que PSOE y Unidas Podemos mantienen en vigor su pacto de legislatura. Ambas fuerzas descartan en público y en privado una ruptura del Ejecutivo pese a las múltiples diferencias que les separan y que asumen que pueden ir a peor por las leyes que aún tienen pendientes.

Al mismo tiempo, cada vez pesa más sobre la acción gubernamental la lupa del «cálculo electoral», las miradas por el retrovisor y los recelos mutuos, que se intensificarán conforme se acerque el momento de concurrir a las urnas. Pese al contexto, se mantienen las probabilidades de que el matrimonio de conveniencia permanezca unido hasta que la campaña separe sus estrategias en busca del electorado.

En Ferraz son tajantes. Si la decisión depende del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, la coalición no se va a romper. Las fuentes socialistas coinciden también en el diagnóstico: si a estas alturas, aseguran, el elector ya tiene asumido que el bipartidismo autosuficiente pertenece al pasado y que el PSOE solo puede gobernar en coalición, el divorcio representaría un fracaso.

«Romper nos debilitaría ¿Cómo vas a pedir el voto al elector de izquierdas si le estás lanzando el mensaje de que no eres capaz de hacer que el Gobierno funcione?», se pregunta, gráficamente, un miembro de la dirección del grupo parlamentario, que constata que el PSOE es «el primer partido de la coalición y el que en principio va a sacar más rédito de la acción gubernamental».

«Habrá sus más y sus menos, pero no se contempla ruptura», incide un ministro del núcleo duro. «Pedro tiene la convicción de que la coalición tiene que llegar viva hasta el final —apunta otro cargo próximo a Ferraz—, porque las elecciones van a ser de alguna manera un referendo sobre su desempeño (el de la coalición)».

Esta fuente subraya el factor del cambio de escenario con respecto al 2019. «Ahora no podemos ir a las urnas diciendo que pretendemos gobernar en solitario», evidencia ante la fragmentación del panorama partidario y las expectativas socialistas.

Preocupación en el ala morada

En el ala morada del Gobierno se muestran «preocupados» por la deriva que han tomado sus relaciones con los socialistas tras la aprobación de los Presupuestos, momento en el que perciben como «un antes y un después». Creen que en Ferraz miran las encuestas cada vez que toca debatir alguna de las leyes que forman parte de su programa, como el reciente retraso que sufrió la ley de familias, eliminada de la agenda del Consejo de Ministros apenas horas antes de que este comenzara. «No nos dieron ninguna explicación», transmite la dirección de Podemos. Pese a estas desavenencias, los morados coinciden con el PSOE en que romper la coalición constituiría un error estratégico de bulto.

«¿Condenados a entendernos? ¿Por qué? Este es el mejor Gobierno posible en la actualidad, aunque no sea el mejor Gobierno que imaginamos», señaló la secretaria de Organización de Podemos, Lilith Verstrynge, en una entrevista. «Si rompemos, Abascal y Feijoo se frotarán las manos», advierte el portavoz en el Congreso, Pablo Echenique.

Las candidaturas

La correlación de fuerzas que conviven en el Ejecutivo se dificulta por las relaciones internas de Unidas Podemos, una coalición dentro de la coalición cuyas relaciones se han visto alteradas en el último año por la sucesión fallida de Pablo Iglesias en la figura de la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz. La líder gallega estaba destinada a abanderar el espacio morado —Podemos, IU y los comunes—, pero sus dudas y el inicio de su proceso de escucha la han distanciado del partido que dirige Ione Belarra. Las fuerzas de izquierda no terminan de cerrar un acuerdo electoral para las locales y autonómicas de mayo mientras en Podemos se impulsa a la ministra de Igualdad, Irene Montero, al liderazgo.

Todo en un momento en el que la número dos de los morados está cuestionada por la rebaja de condenas tras la aplicación de la ley de 'solo sí es sí', su medida estrella, y por su reciente salida de tono en el Congreso, cuando acusó al PP de «promover la cultura de la violación».

En el PSOE recelan de este encumbramiento y perciben que el conflicto interno en Unidas Podemos les «salpica de lleno». Fue el propio Sánchez el que reconoció que necesita una formación «fuerte» a su izquierda, con Díaz a la batuta, para retener el gobierno. El problema es que la vicepresidenta mantiene desde hace meses un perfil bajo para no comprometer a Sumar, su proyecto político. «¿Dónde está?», se preguntan los socialistas.

El calendario legislativo

A la coalición se le van acumulando en el cajón las leyes que tenían ya pactadas. A la citada norma sobre las familias se le suma la trans, sobre la que el PSOE mantiene sus enmiendas vivas;la derogación de la 'mordaza', con división sobre asuntos como el trato a la autoridad;la de bienestar animal; y, sobre todas ellas, la de vivienda, en barbecho desde hace dos años.

«No queremos pensar que tras las cerrar los Presupuestos, el PSOE empiece a buscar votos en la derecha retrasando las leyes sociales», se cuestionó Echenique el pasado sábado. Ferraz niega cálculos electorales, pero asume que de aquí a las elecciones es probable que las tensiones vayan a más.

En el grupo parlamentario admiten que su objetivo de acelerar el calendario legislativo, habilitando enero, para quitarse «cuanto antes» todos los temas conflictivos con Podemos es difícil de materializar. «Hemos ido dando patadas hacia delante y dejado sin resolver las cosas susceptibles de crear conflictos», explica un alto cargo socialista. Y añade otro asunto que puede saltar en precampaña: el indulto a Griñán. «Eso va a ser una papeleta».

Enero, el mes clave para el futuro del espacio político morado

El próximo enero Podemos celebrará por todo lo alto su noveno cumpleaños. Aunque la efeméride no será redonda sí determinará el futuro de la formación que preside Ione Belarra: en coalición o en solitario. Mientras los morados ya han preparado cualquiera de los dos caminos (celebraron primarias en octubre para las municipales y autonómicas de mayo), será este el mes en el que se determine su relación con Izquierda Unida.

El partido que coordina Alberto Garzón sigue inmerso en un debate interno sobre si concurrir o no con Podemos y ha dado a los morados de plazo hasta el 30 de enero para que le ofrezcan un acuerdo que consideren justo. El pasado julio, el propio Garzón se reunió con Belarra para proponerle enterrar la marca Unidas Podemos y buscar unas siglas en el que se identificaran todas las fuerzas que componen el espacio político.

Pero esta es una de las cuestiones de menor peso que tienen por delante ante unos comicios en los que deberán negociar puesto por puesto las listas electorales de millares de municipios y parlamentos autonómicos. «La cuestión está en quién demuestra que partido tiene más peso en cada territorio», explican desde Podemos, en un debate marcado por el fracaso electoral el pasado junio en Andalucía, donde concurrieron junto a Más País.

La otra pata de la mesa, además de los errejonistas, que rechazan acuerdos en Madrid, es la posición de la vicepresidenta segunda, Yolanda Díaz, que ya anunció que Sumar, su proyecto político, no estará presente en las urnas en mayo.