Un órdago que deja mal a todo el mundo

Francisco Espiñeira Fandiño
Francisco Espiñeira SIN COBERTURA

ESPAÑA

El presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes
El presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Carlos Lesmes ANGEL DIAZ | efe

14 sep 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Que el Consejo General del Poder Judicial acumule 1.400 días sin renovarse conforme al mandato constitucional es lamentable y atenta contra la buena salud democrática del país. Que es un tema en el que no hay un solo culpable, parece evidente. Y que el espectáculo de nuestros políticos jugando al Monopoly con las togas y repartiéndoselas es lamentable, tampoco es discutible. Máxime cuando la preocupación de los ciudadanos radica en el disparatado aumento del coste de la vida y en la incertidumbre de un invierno que hasta el Gobierno dice que va a ser negro.

Por eso, la solución del puzle judicial no debería de ser tan compleja. Si el argumento del PSOE para desprestigiar al PP es que los populares pretenden aferrarse a un poder que perdieron en las urnas, ese mismo argumento tampoco deja en buen lugar a los socialistas, sobre todo si se tiene en cuenta el calendario de asuntos pendientes de nuestras principales instancias judiciales, con temas tan sensibles como la protección del castellano en Cataluña o un elenco de leyes aprobadas a la carrera y repletas de fallos jurídicos, según innumerables expertos, que auguran una sucesión de tropiezos y enmiendas para ajustarlos al marco legal.

Si de verdad creyéramos en la independencia de nuestros jueces, ¿dónde estaría el problema para que, como ocurre en muchas otras democracias, fueran los propios togados los que designaran a sus representantes para defender los intereses del Estado y de los ciudadanos?