Victoria histórica chulísima de Juanma

Francisco Espiñeira Fandiño
Francisco Espiñeira SIN COBERTURA

ESPAÑA

Juanma Moreno Bonilla, en el colegio electoral
Juanma Moreno Bonilla, en el colegio electoral JON NAZCA | REUTERS

19 jun 2022 . Actualizado a las 22:12 h.

Andalucía dictó sentencia. El PP sumó una victoria histórica el 19J que consolida una nueva manera de hacer política en los populares. Juan Manuel Moreno (Barcelona, 1970) logró varios hitos. El primero, pasar del peor resultado histórico de su partido al mejor en apenas 40 meses. El segundo, logra el primer triunfo en tierras sevillanas. El tercero, gobernar en solitario los próximos cuatro años y convertirse en uno de los referentes de la política nacional.

Moreno ha aplicado a rajatabla el catecismo de Feijoo. Lejos del histrionismo de Pablo Casado, el andaluz criado en la cantera del marianismo más tradicional, a las órdenes de Soraya Saénz de Santamaría, ha empleado los últimos tres veranos en acercarse a Galicia para aprender del único político con cuatro mayorías absolutas consecutivas. Una campaña a pie de calle, sin polémicas —el mayor lío fue si la puesta de sol más bonita era la de Granada o la de Fisterra—, con el logo del PP tan escondido que hasta hubo que hacer un vídeo para decir que para votar a Juanma Moreno había que coger la papeleta del partido en el resto de provincias que no fueran Málaga y un aspirante sin escándalos. Enfrente, un PSOE desarmado, con un candidato desconocido, apoyado en unos ministros pésimamente valorados y en medio de una gravísima crisis económica que nos hace temblar cada vez que nos acercamos a una gasolinera o a un supermercado. Y una izquierda a la izquierda del PSOE empeñada en sus peleas internas para intentar consolidar sus cuotas de poder de cara al prometido proyecto de Yolanda Díaz que en tierras andaluzas ha sufrido un severo correctivo a pesar de elegir personalmente a la candidata.

Pedro Sánchez encadena cinco derrotas consecutivas en las urnas y hasta el CIS de Tezanos es incapaz de encubrir el desgaste de un Gobierno que aún tiene por delante una dura agenda de recortes para atender las exigencias de la UE para recibir los fondos europeos.