La reforma laboral se convierte en un bumerán y tambalea las alianzas que sostienen a Sánchez

Ramón Gorriarán COLPISA | MADRID

ESPAÑA

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer en un mitin del PSOE en Gijón.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ayer en un mitin del PSOE en Gijón. Paco Paredes | Efe

Podemos mantiene las formas por disciplina de coalición, pero todos los socios se han levantado contra la estrategia negociadora del Gobierno

23 ene 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

El Gobierno se comió las uvas del 31 de diciembre con la tranquilidad de haber sacado adelante sus segundos Presupuestos y con el acuerdo de la reforma laboral, la iniciativa angular de la coalición gubernamental. El PSOE y Unidas Podemos creían tener delante una segunda mitad de la legislatura cuesta abajo. Pero todo se ha enredado y el plácido descenso que preveían los dos socios del Ejecutivo se ha transformado en un amargo repecho.

El detonante, quién lo iba a decir hace un mes, ha sido la negociación de la reforma laboral. Un pacto entre empresarios, sindicatos y Gobierno sin precedentes en los últimos 40 años. El calificativo de histórico llenó las bocas de sus protagonistas, aunque el Ejecutivo, CC.OO. y UGT sabían que no había satisfecho las expectativas creadas. Que el acuerdo se había quedado corto desde la óptica de la izquierda. Pero el Gobierno confió -y confía- en que el planteamiento posibilista fuera suficiente para limar las reticencias. Una esperanza que hoy está lejos de hacerse realidad.

Todos los actores del acuerdo se han involucrado en unas negociaciones que, como el proceso previo, capitanea la vicepresidenta Yolanda Díaz bajo la atenta mirada del ministro para todo, Félix Bolaños. La patronal ha bajado a la arena y ha tendido las redes hacia Ciudadanos. Las centrales sindicales se han empleado a fondo con ERC, a la que también han cortejado los comunes. Los socialistas se han empeñado con el PNV. Bildu, en cambio, ha quedado fuera de la ecuación tras su rotunda negativa amparada en los sindicatos soberanistas ELA y LAB, mayoritarios en el País Vasco.