Ángeles Alvariño, la oceanógrafa gallega que da nombre al barco clave en la resolución del caso de Anna y Olivia

La Voz REDACCIÓN

ESPAÑA

La investigadora, nacida en la parroquia ferrolana de Serantes, fue una autoridad mundial en la investigación del zooplancton

28 jun 2021 . Actualizado a las 14:03 h.

No hay causalidades. Que uno de los buques de referencia del Instituto Español de Oceanografía se llame Ángeles Alvariño y que su base sea Vigo, un puerto gallego, son hechos íntimamente relacionados. El barco, cuyo nombre suena ya a todos los españoles por el destacado trabajo que realiza en la búsqueda de Anna y la recuperación del cadáver de Olivia en Tenerife, fue bautizado en honor a una insigne gallega, la única científica española que aparece en la Encyclopedia of World Scientists, obra en donde están presentes los mil científicos mundiales más importantes de todos los tiempos. Severo Ochoa y Ramón y Cajal, ambos galardonados con el Nobel, son los otros dos españoles que completan esta selección de investigadores.

Ángeles Alvariño nació a principios del pasado siglo, el 3 de octubre de 1916, en Serantes, Ferrol. Hija de un médico y una profesora de piano, fue una niña inquieta, siempre con ganas de aprender, como demostró durante el bachillerato, que cursó en Santiago. Luego se trasladó a Madrid para estudiar Ciencias Naturales, una carrera que tuvo que abandonar temporalmente debido a la Guerra Civil. Alvariño regresó a su ciudad natal y durante la contienda no perdió el tiempo. Aprendió alemán, inglés y francés y comenzó a investigar el litoral gallego.

Al finalizar la cruenta contienda volvió a Madrid para finalizar los estudios. En 1940 se casó con Eugenio Leira Manso, un capitán de la Marina. Dos años después nacía su hija Ángeles Leira Alvariño, arquitecta y urbanista radicada en los Estados Unidos. Su marido había sido destinado al Instituto Español de Oceanografía (IEO), donde Alvariño se incorporó como becaria a los 34 años. Dos años después, consiguió una plaza de bióloga en el Centro Oceanográfico de Vigo y empezó a estudiar el zooplancton. Sus trabajos eran brillantes y no pasaron desapercibidos, lo que le llevó a convertirse en la primera mujer científica a bordo de un buque de investigación británico tras pasar por el Laboratorio de la Marine Biological Association. Era 1953.

Ángeles Alvariño ya se había hecho un nombre en el campo de la biología marina. En 1956 volvió a hacer las maletas y se fue a los Estados Unidos. Mary Sears, otra pionera en este campo, estaba impresionada con sus estudios y la apoyó para trabajar en el Instituto Scripps de Oceanografía en La Jolla, California, donde permaneció hasta 1970. En otra prestigiosa institución norteamericana, la NOAA, descubrió e identificó 22 especies marinas. Su trayectoria estuvo plagada de éxitos. Siguió investigando, incluso después su jubilación, en 1987. Falleció en California en el 2005 después de ser profesora en universidades de todo el mundo y de publicar múltiples obras de divulgación.

En el 2015, la Real Academia Galega da Ciencias la homenajeó dedicándole el Día de la Ciencia en Galicia. Esta investigadora ha pasado a la historia y está reconocida como una autoridad mundial en determinados tipos de zooplancton, el conjunto de diminutos organismos que sirve de alimento a especies más grandes en el océano. Desde el 2012 su nombre sigue presente en los mares que tanto amó, cuando comenzó a navegar el buque oceanográfico Ángeles Alvariño.