La madre de las niñas desaparecidas en Tenerife dice que es «todo un teatro» del padre para ocultar una fuga

La Voz REDACCIÓN

ESPAÑA

Imagen de Anna y Olivia, las pequeñas desaparecidas el 27 de abril
Imagen de Anna y Olivia, las pequeñas desaparecidas el 27 de abril

Para Beatriz «nada tiene sentido» y afirma que le parece «muy loco subir al barco, bajar, bolsas para arriba y para abajo o cargar el móvil», en referencia a los últimos movimientos constatados que hizo Tomás Gimeno antes de desaparecer con las niñas

10 jun 2021 . Actualizado a las 16:55 h.

Beatriz, la madre de Anna y Olivia, ha afirmado que la botella de buceo y el edredón encontrados en el fondo del mar y pertenecientes al padre de las niñas, que desapareció con ellas el 27 de abril, es «todo un teatro» para enmascarar una fuga, que es lo que está convencida de que se ha producido.

Beatriz, en un audio al que ha tenido acceso Efe, señala que lejos de estar derrumbada por este hallazgo del buque oceanográfico gallego Ángeles Alvariño, que rastrea las costas de Tenerife, está cada día más positiva porque considera que si hubiera algo más se encontraría por la misma zona en la que fueron hallados estos objetos.

«Todo esto es un escenario», insiste Beatriz, que recuerda que es igual que la silla infantil de coche hallada el primer día de búsqueda en la cercanía de la lancha perteneciente a su expareja y en la que fue visto por última vez. Para Beatriz, «nada tiene sentido» y afirma que le parece «muy loco subir al barco, bajar, bolsas para arriba y para abajo o cargar el móvil», en referencia a los últimos movimientos constatados que hizo Tomás Gimeno la noche del 27 de abril cuando no le devolvió las niñas a Beatriz, tal y como estaba pactado. En su opinión, si Tomás Gimeno hubiera cometido una locura «tan sumamente grave», en alusión a que le hubiese hecho daño a las niñas, hubiese sido mucho más rápido y fácil.

Beatriz señala que después de encontrar esos objetos en el mar sigue estando positiva y convencida de que se trata de una fuga de Tomás Gimeno con las niñas, como ha pensado desde el primer momento de la desaparición de sus hijas.

La madre de Anna y Olivia agradece el apoyo que está recibiendo porque le da fuerzas y esperanzas y afirma que queda poco para que llegue el día en que alguien reconozca a las niñas «y nos llamen y nos digan que están de camino y están bien». Beatriz indica que las niñas también sienten el amor y el apoyo que está recibiendo su madre y añade que cuando aparezcan «será gracias al apoyo y a la fuerza conjunta» que ha recibido en este tiempo.

¿Qué se sabe hasta ahora?

El 27 de abril, el padre de las niñas, Tomás Gimeno, de 37 años, recogió a Anna, de un año, y a Olivia, de seis, en la casa de la madre de estas, Beatriz Zimmerman, a las 17 horas para pasar la tarde con ellas. A las 19.30, se desplazó a la residencia de sus padres y se despidió de su progenitor con un inusual abrazo («Nunca me abrazaba», aseguró el abuelo de las niñas). Fue la última vez que se vio a las pequeñas.

Después, regresó a su casa con las niñas, donde estuvo cerca de dos horas y, a las 21.30, las cámaras del puerto de Santa Cruz de Tenerife lo captaron ya solo, llevando dos petates militares y bultos desde su coche hasta su embarcación de recreo. A las 21.50 hizo su primer viaje a alta mar.

Poco antes, había conversado con su exmujer, ya que esta había ido a buscar a sus niñas sobre las 21 horas y no las había encontrado en casa. Gimeno le aseguró en primer lugar que estaba cenando con ellas, aunque luego le dijo que no las volvería a ver, ni tampoco a él.

Tomás volvió a tierra a las 23.30 horas y compró tabaco y un cargador de móvil en una gasolinera y, poco después, le pidió al vigilante del puerto cargar su teléfono. Y volvió a hablar con su mujer. Le dijo a Beatriz y la tranquilizó diciéndole que ya había acostado a las niñas y que las llevaría al día siguiente de vuelta.

Gimeno regresó al mar y ahí es cuando se le perdió la pista. Esa misma madrugada le envió mensajes de despedida a su familia y amigos, que avisaron a Beatriz a primera hora del miércoles, 28. Ella se apresuró a poner una denuncia en la Guardia Civil y ese mismo día se encontró la barca a la deriva en una zona de gran profundidad, donde también apareció una silla infantil propiedad de la familia.

El pasado 7 de junio, el buque oceanográfico gallego Ángeles Alvariño, equipado con un sónar y un robot submarino, consiguió localizar en la zona donde buscaban a las niñas una botella de aire comprimido perteneciente al padre, aficionado al submarinismo, y una funda nórdica también de su propiedad.

Las hipótesis y el móvil

Solo un día antes de la desaparición, Tomás Gimeno había movido miles de euros de sus cuentas antes de huir con sus hijas, y en su círculo íntimo había trasladado la idea «de cambiar de continente».

Según los investigadores, Tomás y Beatriz Zimmerman pasaron un proceso de separación complicado y con enfrentamientos, con amenazas que nunca se llegaron a denunciar y, en julio del 2002, él contrató una agencia de detectives para espiar a la que aún era su mujer. Nunca aceptó su desaparición y la relación con las niñas se volvió diferente. A pesar de todo, tanto su exmujer como su círculo íntimo se muestran convencidos de que él nunca les podría haber hecho daño a las niñas.

Los investigadores barajan varias hipótesis, y plantean la posibilidad de que Gimeno pudiera haber sido ayudado en su huida por otro barco con dirección a Cabo Verde o atravesando el Atlántico a Latinoamérica, una teoría que cobra sentido por la aparición de un velero con una trayectoria errática que navegó por la zona la misma noche que la embarcación de Tomás Gimeno. Aunque el análisis de balizas y trayectos marinos durante la noche y la madrugada han determinado que ningún barco estuvo cerca o fondeó junto a la lancha del padre de las niñas.