Los fiascos de Murcia y Madrid rompen todo el calendario político de Sánchez

Gonzalo Bareño Canosa
GONZALO BAREÑO MADRID, LA VOZ

ESPAÑA

FRANCISCO SECOPOOL | Efe

Evita ya plantearse un adelanto electoral y llamará a la urnas en peores condiciones

02 jun 2021 . Actualizado a las 17:38 h.

La moción de censura que el PSOE y Ciudadanos presentaron en la Región de Murcia el pasado 10 de marzo parece una locura si se analiza a posteriori y en función de los efectos políticos que ha generado. Dos meses después de ese Big Bang que cambió por completo el escenario en España, el partido de Inés Arrimadas parece abocado a la irrelevancia y la desaparición y el PSOE ha sufrido en Madrid la derrota más humillante desde que Pedro Sánchez preside del Gobierno. Y, sin embargo, aquella maniobra tenía un objetivo claro que, sobre el papel, resultaba un movimiento ganador.

El propósito de ese golpe audaz era situar al PSOE en la rampa de lanzamiento para un posible adelanto de las elecciones generales en otoño. De haber triunfado la moción —fracasada después de que el PP lograra que tres diputados de Ciudadanos se echaran atrás y decidieran seguir apoyando al Gobierno del popular Fernando López Miras—, el escenario político sería hoy absolutamente el contrario.

Un escenario totalmente distinto

El PP afrontaría las generales como un partido deprimido después de perder uno de sus principales bastiones. Ciudadanos acudiría a las urnas habiendo recuperado el protagonismo tras conseguir gobernar por primera vez en una comunidad autónoma. Y Sánchez estaría en condiciones de convocar con el viento a favor, habiéndose atraído a Cs como posible socio de un Ejecutivo moderado sin Unidas Podemos y sin los independentistas, antes de tener que implantar las duras medidas de ajuste necesarias para recibir los fondos europeos, y con la inmunidad de rebaño frente al covid-19 conseguida tras concluir exitosamente la campaña de vacunación.

El fiasco de Murcia y la rápida respuesta de Díaz Ayuso al convocar elecciones en Madrid, sin embargo, no solo han hundido a Ciudadanos, sino que han dado alas al PP con un incontestable triunfo que le ahorra incluso tener que pactar con Vox, y han acabado de rebote con la carrera política de Pablo Iglesias. Además, han trastocado todo el calendario político previsto por Sánchez y sus asesores. Con el PP recuperado cuando más hundido parecía, y con sus votantes eufóricos por la victoria, por más que las condiciones políticas de Madrid no sean las mismas que en el resto de España, el jefe del Ejecutivo no puede plantearse ahora un adelanto electoral a rebufo de la debacle madrileña. Ni para finales del 2021, ni probablemente tampoco para el 2022. Un buen resultado en Madrid es imprescindible para ganar unas generales. Y el PSOE debe reconstruirse tras el descalabro del 4M.

Momento económico en contra

Los tiempos políticos se le han complicado a Sánchez. No solo porque las aguas están revueltas en un PSOE que había logrado convertirse en una balsa de aceite tras laminar a los críticos que lo defenestraron en el 2016, sino porque ahora resulta complicado encontrar una fecha propicia para llamar a las urnas. No piensa mover el rumbo político pese al descalabro de los dos partidos de la coalición. Pero nada le garantiza que al concluir el mandato esté en mejores condiciones que ahora para medirse en las urnas.

Los ERTE, que maquillan unos datos de paro insostenibles, van a ser prorrogados hasta septiembre, pero no podrán mantenerse de modo indefinido. Y el Gobierno se está viendo obligado a concretar ya unas subidas de impuestos que, como en el caso del diésel, la retirada de la declaración conjunta del IRPF o las tasas por el uso de autovías, no afectan especialmente a los ricos, sino a la clases bajas y medias y a los trabajadores. Aunque la aplicación de esas medidas, y otras que faltan por concretar, se planteen para entrar en vigor en el 2024, ya en la siguiente legislatura, está por ver que pueda ser así. Y, en todo caso, su solo anuncio tiene ya un efecto desmotivador para el electorado de izquierda.

La crisis de Podemos tras la salida de Iglesias augura más tensión en el Gobierno y el apoyo de ERC saldrá más caro

Pedro Sánchez admitió ante la ejecutiva del PSOE, tras conocer los malos resultados obtenidos en Madrid, que ha habido fallos de estrategia y comunicación. Pero adelantó que no cambiará en nada el rumbo político, que agotará la legislatura y que el Goberno de coalición seguirá fuerte y unido. Pero ese objetivo no depende exclusivamente de su deseo. La salida de Pablo Iglesias de la política oficial se ve con alivio por los ministros que más encontronazos personales tuvieron con él. Pero la crisis interna en la que entra ahora Podemos y sus malos resultados, que le han llevado a ser la última fuerza en Madrid, trasladarán ese estrés al Gobierno.

El hiperliderazgo de Iglesias actuaba como cortafuegos del partido en el seno del Ejecutivo. Había tensión, pero una vez que él cerraba un acuerdo, su palabra era ley en Podemos. Ahora habrá más voces y una lucha de liderazgos si se consuma la bicefalia. Si Ione Belarra es la nueva secretaria general del partido, el mal resultado en Madrid puede llevar a que radicalice sus posiciones en el Gobierno para marcar distancias con el PSOE, frente a una Yolanda Díaz más proclive a buscar acuerdos. Algo que puede acabar desestabilizando la coalición, especialmente cuando Podemos detecte que se acerca la convocatoria de elecciones.