Vox llena la plaza de un pueblo confinado para exigir el fin de las restricciones

Manuel Varela Fariña
Manuel Varela MADRID / LA VOZ

ESPAÑA

BENITO ORDOÑEZ

Abascal dice que celebrará los actos «sin pedir permiso ni perdón»

30 abr 2021 . Actualizado a las 08:42 h.

Hay un tipo que lleva el escudo del Capitán América pintado de rojo y amarillo. Dice que esta es la protección del Capitán España, que no es él, sino Santiago Abascal, y que está ahí «por si alguien de Vallecas o algún demócrata le tira alguna piedra». Al menos de Vallecas no había nadie este jueves en Villanueva del Pardillo, un municipio confinado por la pandemia al norte de la Comunidad de Madrid donde Vox decidió llenar una plaza para rodearse de acólitos y tan solo un disidente que, en vez de piedras, lanzaba escuetos mensajes con un cartel: «Discrepo educadamente».

Santiago Abascal y Rocío Monasterio entraron en la plaza Víctimas del Terrorismo con su himno de película épica y rodeados de la euforia habitual de sus mítines, solo que esta vez sin manifestantes a los que señalar y con la comodidad de jugar en casa. Aquí Vox sumó cien votos menos que el PP en las últimas generales y fue segunda fuerza, con el 26,5 % de los sufragios. La candidata, sin embargo, quiso recordar los innumerables atrancos que, según ella, pone el Gobierno a su campaña. «Ataques, piedras, es que no pueden con nosotros. Están desesperados», se rio Monasterio con la complicidad de los asistentes, todos ellos con algún símbolo del partido o de España en sus banderas, mascarillas o prendas de vestir, arruinando el negocio improvisado que varios feriantes dispusieron en la plaza. «Nah, no vendo . Mucha pasta —la renta aquí es una de las más altas de la comunidad—, pero no gastan», se resigna un hombre que oferta pulseras de Vox a tres euros, dos por cinco. Lo mismo el resto de compañeros, que se quejan de que no pueden ir al mercado ambulante y han optado por seguir a Abascal y Monasterio allá donde vayan para vender sus productos.

Por razones institucionales

La elección de este pueblo de 18.000 habitantes clavado en la cuenca del Guadarrama y a 40 minutos de Madrid no fue casual. «Venimos sin pedir perdón ni permiso», proclamó Abascal, al igual que hizo el día anterior en Valdemoro, para defender el derecho a celebrar actos políticos a pesar de las restricciones sanitarias. «El decreto de confinamiento dice que se puede entrar por razones institucionales», justificó. Minutos antes, Monasterio pidió «que no traten a la gente como a niños» y terminen ya con las limitaciones de movilidad.

Críticas a Iglesias

El joven disidente del cartel educado se sacó otro que rezaba «los menas son niños», lo que le sirvió a Abascal de guion para volver a criticar a los menores no acompañados y, de paso, a Podemos: «Le invitamos a que haga lo mismo en un mitin de Podemos, pero que no vaya con el cartelito, sino con la bandera de España a ver qué pasa». El violento arranque de Vox hacia el 4 de mayo en Vallecas, junto a los ataques a los menas y su defensa por la seguridad de los madrileños, ha sido uno de los pilares de la campaña de Monasterio. Ayer comentó, entre carcajadas, que «la izquierda pija de Pablo Iglesias se va a hacer turismo a Vallecas, a ver si reconocen el barrio».

A unos metros, la Guardia Civil pidió a dos adolescentes que saliesen de la plaza si no les entregaban un cúter que llevaban en la mochila para la clase de manualidades. No eran simpatizantes de Vox. De nadie, en realidad. «Ellos cuentan su verdad, como todos. A mi me da igual, me voy a vivir al campo», resume una.

Chen Xiangwei, frente a su bar de exaltación franquista, en Usera

El «chino facha» de Usera duda con su voto: «Por corazón a Vox, pero para gobernar quiero a Ayuso»

manuel varela

Dice Chen Xiangwei, más conocido como «el chino facha de Usera», que del bar que regentaba en la esquina de Antonio López lo echaron los dueños del local porque no querían tenerlo allí. El bajo sigue vacío, aunque todavía se sostienen dos banderas españolas y, en el segundo piso, una de Falange con su yugo y flechas rojas. En los cristales dejaron unas pegatinas de Pablo Iglesias e Isa Serra que Xiangwei no habría tardado en retirar con espátula al abrir por la mañana.

Este mes abrió su propio negocio a unos 500 metros, sin salir del barrio de Usera -donde viven uno de de cada cuatro chinos de Madrid-, en la calle Matilde Gayo. El bar está aún en reformas, y Xiangwei conversa en la entrada del Una, Grande y Libre con dos técnicos que sostienen los planos de las obras y cubren la cara con mascarillas rojigualdas. Dentro, a pesar de los trabajos que se están haciendo a la entrada de los baños, el hostelero ha instalado ya el santuario dedicado a Francisco Franco. En el pequeño vestíbulo hay un busto del dictador y un retrato suyo con borreguillo alrededor del cuello. Dentro, varias banderas preconstitucionales, una de Falange, más retratos de Franco y otro que se ha colado de Antonio Primo de Rivera. También réplicas de la cabeza de un venado y un toro. Todo está al gusto de Xiangwei. Aunque no tanto. El cartel del bar está cubierto con metacrilato, teñido en los extremos de blanco por los globos con pintura que le lanzaron. «A mi me da igual», dice el hostelero chino masticando un insulto a los asaltantes.

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