Una muerte y un viaje a Grecia, claves en la transformación de Alberto en el caníbal de Ventas

Una extraña experiencia en el país heleno y la muerte de su padre convirtieron a un joven normal en un psicópata


Redacción

Todos los que asisten al juicio que se celebra desde hace varios días en la Sección Quinta de la Audiencia Provincial de Madrid han escuchado un relato difícil de olvidar. Los detalles de cómo un hijo, con 28 años, acabó con la vida de su madre, la troceó, se comió sus restos y convirtió su piso en una especie de casa de los horrores.

Pero Alberto, como se llama el acusado, no fue siempre el caníbal de Ventas, como se le apoda. En su detención en el 2019, los policías que entraron en la vivienda de su progenitora, alertados por las denuncias de varios vecinos, se encontrasen una casa destartalada, con cuchillos y serruchos, manchas de sangre, bolsas llenas de restos humanos y la cabeza de una mujer semimomificada en la mesa de una habitación.

Este viernes, el hermano de Alberto compareció como testigo en el juicio. Su relato dio muchas pistas para poder entender como un joven aparentemente normal se convirtió supuestamente en un caníbal homicida que acabó con la vida de su madre cuando le estaba preparando el desayuno. Las relaciones de Alberto con su progenitora nunca habían sido buenas y fueron a peor cuando su padre falleció en el 2008, lo que llevó a su madre a la depresión y la bebida. Alberto solía reprocharle que se gastara la pensión de viudedad en alcohol y que no lo atendiera.

Buen estudiante

Alberto no era un mal estudiante. Cursaba Contabilidad y Finanzas. Tras la muerte de su padre comenzó a consumir alcohol y drogas. Pero cumplía con sus obligaciones. Iba a la universidad y trabajaba. Consiguió una beca Erasmus y todo cambió.

«Desde que volvió de Grecia estaba como ido. Vivía en un mundo imaginario diciendo paranoias»

Lo sucedido durante esa etapa en Grecia está envuelto en un halo de misterio. Cuando Alberto regresó del país heleno ya no era el mismo. Algunos medios apuntan a que allí consumió muchas drogas y tuvo malas experiencias tras la amistad que entabló con unos chicos albanokosovares. «Estaba como ido. Vivía en un mundo imaginario diciendo paranoias», relató el viernes su hermano recordando lo sucedido en la Embajada española en Grecia cuando Alberto le comentaba que le querían matar y secuestrar.

Ya en Madrid, tuvo diversos episodios de paranoias con ingresos psiquiátricos. Le diagnosticaron psicosis y le recetaron una pastilla diaria que no quería tomar. Dejó la carrera. Su hermano relató en el juicio que nunca presenció maltrato físico del acusado hacia su madre, quien le justificaba las marcas que tenía diciendo que se había caído. «Tiene un carácter muy temperamental. Más que violento, solía chillar. Había insultos», relató como testigo. Detalló que su progenitora no solía dar importancia a esas amenazas y lo dejaba estar en casa a pesar de que tenía una orden de alejamiento. Alberto ya no era el mismo. Dormía muchas veces en una casa okupada y solo regresaba a la vivienda familiar en situaciones extremas. En su expediente ya figuraban doce denuncias por malos tratos.

«Tiene un carácter muy temperamental. Más que violento, solía chillar»

Una situación que continuó hasta que se produjo el dantesco suceso. En el juicio que se celebra en Madrid, Alberto dijo que no recordaba nada de lo sucedido. Pero casi dos años antes relató con tranquilidad a los policías que lo arrestaron como había descuartizado a su madre y se la había comido en «trozos muy pequeños». Ya era el caníbal de Ventas. 

Una amiga de la madre denuncia la falta de ayudas a enfermos psiquiátricos

Una de la mujeres que ha comparecido en el juicio es la amiga de la madre de Alberto S. G., que ha aprovechado su turno para denunciar que a las personas que sufren trastornos mentales en nuestro país se limitan a darles «una pastillita» que nunca se toman.

Fue ella quien relató un episodio en el que el joven sufrió alucinaciones y agredió físicamente a su progenitora, por lo que llamaron al 016 sin ser atendidos al tratarse de un teléfono para mujeres maltratadas y no para hijos que ejercen malos tratos a sus progenitores.

Una carta para pedir perdón

Otra amiga de la madre ha relatado que el joven le mandó desde la cárcel una carta en la que le pedía perdón y le preguntaba sobre su perro. «Me voy a arrepentir toda la vida», escribió el chico en la misiva.

Determinar si padece trastorno mental, clave para el veredicto

En el juicio será clave la prueba pericial para determinar si el chico padece algún tipo de trastorno mental, que le podría atenuar la pena o eximir totalmente de responsabilidad penal en el caso de que implicara una eximente completa, como ya pidió su defensa en la instrucción.

El Código Penal contempla que aquellas personas que padecen una enfermedad mental grave o sufren un trastorno mental transitorio que les impide conocer la trascendencia de su conducta o, aun conociéndola, les impide actuar de acuerdo con esa comprensión son consideradas inimputables y se les exime de responsabilidad penal.

Un piso lleno de restos humanos

En el dormitorio principal del caníbal de Ventas había «una cabeza humana con el cuero cabelludo desprendido», según relataron varios policías en el juicio

La Voz

Varios policías que inspeccionaron su piso de Madrid subrayaron «la cantidad de restos humanos que había por toda la vivienda», en la que parecía que el acusado estaba cocinando algunos, y en la que había un serrucho y cuchillos.

La Audiencia Provincial de Madrid celebró el jueves la tercera sesión del juicio con jurado a Alberto S.G., para el que la Fiscalía pide quince años de cárcel por un delito de homicidio y cinco meses por profanación de cadáver, por matar a su madre a finales de enero del 2019 en el domicilio de la víctima, situado en el barrio de Ventas de la capital, trocearla e ingerir sus restos.

El acusado declaró en la primera jornada que no recordaba haber quitado la vida a su madre, ni descuartizarla ni comer sus trozos, aunque sí explicó que escuchaba voces que le decían que la matara. Alberto S.G. siguió la sesión tranquilo y casi inmóvil, mirando la mayor parte del tiempo a los agentes que testificaban.

Durante la vista, dos agentes de la Policía Científica testificaron que les llamó la atención «la cantidad de restos en toda la vivienda, salvo en una habitación». Al igual de lo que habían dicho un día antes otros agentes, detallaron que en el dormitorio principal había «una cabeza humana con el cuero cabelludo desprendido», entre otros restos, y en el salón y en la cocina una escena en la que «todo hacía pensar que se estaban cocinando restos de un cadáver», con una sartén con algunos ya cocinados, según el relato de uno de los agentes.

También había partes del cadáver en el baño y dentro del congelador, así como en la basura, donde encontraron «unas costillas que parecía que estaban mordidas».

Además de las numerosas manchas de sangre que hallaron en la casa, muchas en salpicaduras por las paredes, uno de los hallazgos más llamativos fue -en palabras de uno de estos policías- un envase que contenía un corazón y un tenedor

Serruchos y cuchillos

En cuanto a los utensilios que pudo utilizar el acusado para descuartizar a su madre encontraron un serrucho viejo y varios cuchillos, además de dos tenedores. También recogieron como muestras varias botellas vacías y otras llenas con lo que parecía orina.

Otras dos agentes de Científica que declararon justo después relataron cómo tomaron las huellas de las manos de la víctima para verificar la identidad y cómo se hizo un examen físico al arrestado para recoger muestras de su ropa y de sus manos, ya que tenía manchas de sangre.

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