Así lo hicieron los candidatos a las elecciones del 4M: Propuestas de acuerdos, reproches y muchos insultos

La Voz REDACCIÓN

ESPAÑA

Ayuso se aferró al fantasma de Sánchez, Iglesias propuso datos para acorralar a la presidenta, Gabilondo ofreció un acuerdo al líder de Podemos, Monasterio polemizó con los menas, Bal apostó por el diálogo y García se mostró como una alternativa al PSOE

22 abr 2021 . Actualizado a las 01:11 h.

Los principales candidatos a las elecciones del 4-M en la Comunidad de Madrid se han visto las caras en el debate televisado organizado por Telemadrid. Un debate agrio e insulso que estuvo repleto de cifras sobre la pandemia durante el último año y la situación económica de la comunidad.

J. Hellín | Europa Press

Isabel Díaz Ayuso. Candidata del PP

Incómoda con la pandemia, se aferró al fantasma de Sánchez

Luís pousa

Si hubiese una Superliga del populismo, Vox y Podemos serían partidos fundadores. Pero Isabel Díaz Ayuso tendría garantizada esta temporada su plaza como estrella invitada. La presidenta de la Comunidad de Madrid y aspirante a la reelección el 4M desenvainó en el debate de este miércoles todo el potencial de lo que sus fieles llaman desparpajo y sus rivales simplemente marrullería.

La candidata del PP se siente a gusto en una campaña de todos contra Ayuso y Ayuso contra todos, así que anoche bajó al barro para zurrarse sin miramientos con sus «contrincantes», a los que metió en un mismo saco —con la excepción de Vox— desde el primer minuto.

Algo atenazada por los nervios en el arranque, tardó en hallar el tono de batalla que exhibe en la Asamblea, pero una vez en faena, la presidenta se empleó a fondo, cómoda en ese papel bravucón que ha bendecido Miguel Ángel Rodríguez en su hoja de ruta a la Puerta del Sol. Jugó a ningunear a sus oponentes por momentos para luego propinarles sonoros garrotazos con ese estilo osado (casi faltón) que encandila a los fans de esta trumpista de Chamberí.

«Lo más mezquino»

A Iglesias empezó por llamarle «pantomima». «Es lo más mezquino que hay en la política española. Usted da vergüenza ajena», le propinó, para regatear el interrogatorio del candidato de Podemos sobre el número de fallecidos durante la pandemia o las cifras de las listas de espera en la sanidad autonómica.

La culpa de todos los males de España en general y de Madrid en particular es del Gobierno central, que según la aspirante popular dejó entrar el covid-19 por el aeropuerto de Barajas — «yo no traje el virus, no lo inventé yo», rebatió— y luego arruinó los negocios al imponer restricciones para frenar la propagación de la pandemia.

Cero reproches a Vox

Fue repartiendo mandobles a Iglesias, su diana favorita; Gabilondo, al que identificó sin matices con el Ejecutivo de Pedro Sánchez («Yo no soy Sánchez», replicó hastiado el socialista); García, a quien trató con cierta condescendencia («¿Ahora también sois economistas?», le preguntó); y, ya con algo más de tibieza, a un Bal inocuo.

Evitó los reproches a Monasterio, su más que previsible socia de legislatura, a la que solo contradijo tímidamente cuando aseguró que, bajo su presidencia, la comunidad mantendría la atención a los menores no acompañados que Vox ha convertido en el mantra de una cartelería electoral que investiga la Fiscalía y que, según Ayuso, es otra dejación de las «competencias estatales» del denostado Gabinete de Sánchez.

Ante la insistencia de Edmundo Bal en reivindicar los logros de Ciudadanos en el Gobierno de coalición con el PP que saltó por los aires con la moción de censura en Murcia, interrogó al candidato liberal: «Si tan buenos eran los consejeros de Ciudadanos ¿por qué ninguno va ahora en las listas?».

Una vez que se sacudió de encima el incómodo bloque de la pandemia, donde tuvo que protegerse del fuego cruzado sobre los aterradores datos registrados en la comunidad, se aferró a las dos principales bazas de su discurso: la economía y el fantasma del sanchismo.

Para Ayuso, el «modelo liberal» de la región madrileña ha evitado que España haya entrado en recesión, gracias a su receta de «16 años bajando impuestos» y a pesar de las trabas impuestas por el Ejecutivo de PSOE y Podemos. «Un Gobierno que va contra Madrid y que me ataca personalmente todos los días», resumió la gestión de Sánchez. «Les encanta multiplicar la pobreza», remachó.

«El que madruga mucho»

Ayuso se lanzó a la caza del voto del que «madruga mucho», al que identificó con el taxista, el hostelero y, en general, con el emprendedor. «Queremos vivir a nuestra manera». Evocando nada menos que a Frank Sinatra reiteró su idea de que Madrid —confundiendo de nuevo la ciudad con la comunidad— es un lugar al que se va «a vivir en paz y en libertad» frente a las propuestas de quienes «quieren controlarlo todo».

En su mensaje de despedida también identificó Madrid con España y España con Madrid y pidió el voto a su lista «por amor y respeto». No se olvidó de entonar su eslogan predilecto, que reservó para ese último minuto, cuando invitó a elegir entre «comunismo o libertad».

Juanjo Martín | EFE
 

ángel gabilondo psoe

«Pablo, tenemos 12 días para frenar al Gobierno de Colón»

Mercedes lodeiro

El candidato del PSOE, Ángel Gabilondo, se reservó el final del debate para ofrecer a Más País un pacto de gobierno y pedir su apoyo a Unidas Podemos. Al comienzo, criticó que el PP gobierna en la región desde hace 26 años «debilitando los servicios públicos» y recordó con tono muy serio la polémica orden que dio un consejero para que no se trasladase a personas de las residencias de mayores a los hospitales al principio de la pandemia. «Es una forma de entender la política. No es gestión, es su ideología», le dijo Gabilondo a Isabel Díaz Ayuso.

Aunque confiaba en que no se cayese en las descalificaciones, las hubo. Pero su reacción siempre fue mover la cabeza para negar palabras que escuchaba, nunca pronunciar improperios.

Denunció las colas y los kilómetros que tienen que recorrer los madrileños para ser vacunados y apostó por la vacunación en centros de salud. «Monasterio exhibe su soledad y Ayuso también, por eso quieren encontrarse en un Gobierno próximo», dijo en respuesta al primer embate grueso que le lanzó Ayuso: «Usted iba para defensor del pueblo. Por mí, nunca lo será». Después añadió a Bal a ese estado de soledad. Y es que los tres candidatos de la derecha fueron los únicos a los que criticó.

En el segundo epígrafe, el del reto sanitario, también aludió al candidato de Cs, al que le dijo que las propuestas que lanza están bien, pero le reprochó que antes «se necesita un diagnóstico». A la presidenta le echó en cara que Madrid es la segunda comunidad que menos invierte por habitante en sanidad. Criticó que 170 centros de salud estén inactivos y con un gasto muy bajo. Y propuso utilizarlos y crear otros 30 más.

En el apartado de reto social sus dianas también fueron las candidatas del PP y Vox. Gabilondo expuso propuestas de política de vivienda tras resaltar el paro del 34,2 % entre los jóvenes, para después calificar de vergüenza la polémica por las colas del hambre. «Me siento muy ofendido por decir usted, señora Ayuso, que son unos mantenidos», aseguró. «Decir eso así es una vergüenza, no estar en la cola del hambre. Es una concepción tan grave de la política que a mí me avergüenza», insistió sin perder la compostura. Y tras destacar que Madrid invierte un 19 % menos de la media nacional en educación, aludió a Monasterio y a la controversia por el cartel de los menores no acompañados: «Un mena, 4.700 euros al mes; tu abuela, 426 euros de pensión»· Aprovechó entonces Monasterio para sacar el cartel. Gabilondo, sin levantar el tono, le advirtió que está recurrido. La Fiscalía lo investiga por delito de odio.

El socialista abandonó el «con Iglesias no» y aceptó la propuesta que le lanzó para elaborar una ley para regular el precio de los alquileres. Era el preludio de una oferta de pacto: «Confío en el apoyo de Podemos para frenar al Gobierno de Colón. Pablo, tenemos doce días para ganar las elecciones». Y eso que chocaron en el asunto de los impuestos. Gabilondo insistió en que no los subirá «ni un euro en este momento», porque lo que hay que hacer es recuperar el empleo y la economía, dijo. Anunció que «se pueden crear 135.000 empleos en tres años» y ofreció 1.300 millones de euros para autónomos y pymes y ayudas a la hostelería, que «Madrid ha dado cero». En su minuto final, echó mano de su prestigio: «Me conoces a mí. Soy un profesor que se ha dedicado a defender el bien común. Necesito tu fuerza y tu voto»..

Juanjo Martín | EFE

Pablo iglesias candidato de unidas podemos

Un chorreo de datos para acorralar a la presidenta

LUÍS POUSA

Aunque ya hace semanas que ha dejado las alfombras ministeriales, lo de este miércoles en la tele era la auténtica puesta de largo de Pablo Iglesias como resucitado mesías de la izquierda. El líder de Unidas Podemos estaba incómodo en el banco azul, en el despacho, en el coche oficial. No se acostumbraba a los trajes y los trajes no acabaron de acostumbrarse a él. Pero el de anoche era de nuevo el Iglesias de la lucha de clases. Se gusta en ese papel de Che Guevara de Galapagar. Y se quiere aún más cuando se ve en el plató. En ningún sitio es tan feliz el exvicepresidente como en una melé televisiva.

Nada de rodeos. Pablo Iglesias buscó una y otra vez el duelo con Ayuso, a la que acorraló con preguntas y un chorreo de datos. Se sabía el mejor orador del debate —o, como mínimo, el más experimentado— y mientras le llovían improperios desde los atriles del PP y Vox, compuso un rictus contenido para no caer en la tentación de las palabras gruesas. Aunque, azuzado por las pullas de Ayuso sobre su «chaletazo», le espetó: «Yo mi casa me la pago yo, no me pone un piso de lujo Sarasola».

Usó guante de seda con Gabilondo, al que llamaba una y otra vez simplemente «Ángel», y al que pidió «compañerismo» cuando se produjo una leve fricción con el aspirante socialista por su propuesta de subir los impuestos.

A Edmundo Bal lo ignoró sin contemplaciones y casi no interactuó con Mónica García, aunque se alió con la cabeza de cartel de Más Madrid para poner a Ayuso contra las cuerdas con la pandemia.

Increpado una y otra vez por Rocío Monasterio —a la que se dirigió sin más como «señora de Vox»—, se resistió a entrar en colisión con ella hasta que acusó a la formación de Abascal de hacer «propaganda filonazi». «Lo que ustedes defienden no tiene cabida en la democracia», sentenció. En su minuto final (le sobraron 20 segundos) invocó a la «clase obrera».

La candidata de Más Madrid, Mónica García, en el debate electoral.
La candidata de Más Madrid, Mónica García, en el debate electoral. Juanjo Martín | EFE

MÓNICA GARCÍA CANDIDATA DE MÁS MADRID

Fue la alternativa al PSOE en el bloque de izquierdas

GUILLERMO REDONDO

La candidata de Más Madrid, Mónica García, llegó a su primera noche de debate electoral —en el 2019 la cabeza de lista la ocupaba Íñigo Errejón— con una posición más combativa que el resto de los candidatos de izquierdas. Utilizó el argumento de su labor como sanitaria durante la pandemia en un primer bloque que perjudicaba a su principal contrincante, la presidenta Díaz Ayuso, a quien dedicó duras críticas. Centró el debate en la sanidad y la pandemia y salió reforzada.

La candidata de Más Madrid concentró su mensaje en los servicios públicos, y especialmente en la sanidad. «Los datos no se arrojan, se ponen sobre la mesa», empezaba Mónica García con sus críticas a la candidata del PP. «La comunidad ha liderado los peores datos. Cuando necesitábamos rastreadores, contratamos curas», dijo la candidata antes de calificar el Isabel Zendal de «hangar». «El hospital Zendal ha estado rodeado de escándalos desde el principio», aseguró. La presidenta de la Comunidad de Madrid le recriminó la «campaña contra un hospital público».

«El divorcio entre su política y la realidad de lo que hemos vivido en los hospitales, en los centros de salud y en los barrios es lo que me hace tener más ímpetu para que usted no vuelva a la Puerta del Sol», le espetó a Ayuso antes de denominarla «altiva, desafiante y faltona».

La representante del partido de Íñigo Errejón no se olvidó de las residencias de mayores y lo trató como «traición a nuestros mayores». El resto del debate lo basó en proponer algunas medidas enfocadas en la «economía verde», centrándose en la desigualdad, por ser, a su modo de ver, una de las regiones «malherida por la brecha entre los que más tienen y los que menos». Criticó a Vox, y evitó el enfrentamiento con los candidatos Pablo Iglesias y Ángel Gabilondo. En el minuto final, volvió a recordar su condición de sanitaria y le dedicó las últimas palabras a sus hijos.

rocío monasterio candidata de vox

Un discurso xenófobo sin complejos y fiel a su público

Fiel a su público, la candidata de Vox tardó solo unos segundos en poner sobre la mesa su polémica campaña contra los menores extranjeros no acompañados, a la que siguió recurriendo durante todo el debate, responsabilizando a los mena de la inseguridad en las calles de Madrid. «Ahora parece que en España es delito de odio decir la verdad», dijo en alusión a las denuncias que generó su cartel contra los mena.

Su otro gran argumento fue la crítica a las medidas contra la pandemia. «Todos se han puesto de acuerdo para restringir las libertades», insistió Monasterio, quien también lamentó el «toque de queda arbitrario» que está «arruinando a los madrileños». Reclamó además el fin del «despilfarro» y los «chiringuitos» y tachó varias veces de «traidor» al candidato de Cs: «Ya hemos visto cómo nos han traicionado a todos».

edmundo bal candidato de ciudadanos

El argumento de la «sensatez» contra la irrelevancia electoral

A Edmundo Bal le tocó el papel más difícil del debate: tratar de hacerle un hueco a Ciudadanos en un escenario en el que casi nadie cuenta con la formación naranja. «Es evidente que hay que continuar con este Gobierno», dijo en referencia al Ejecutivo de Ayuso, tras subrayar que «el pack de Gabilondo e Iglesias no va a gobernar» en Madrid. Por eso contrapuso la «sensatez» y la «experiencia» de gestión de Ciudadanos con el apoyo que podría suponer para el PP el «experimento» de Vox.

Bal se negó desde el principio a entrar en el debate bronco que para él representaban los candidatos de Vox y Unidas Podemos, lamentó que sus rivales «politizasen el dolor» de la pandemia y esgrimió varias veces su voluntad de presentar propuestas. «Tengo 150 puntos en mi programa», insistió.