Por unos minutos, la plaza de la Constitución de Vallecas pareció Gaza. O Birmania, donde los muertos se acumulan en las calles tras un fallido golpe de Estado. Eso no es democracia sino totalitarismo.

A Voltaire se le atribuye la frase de que «no estoy de acuerdo con sus ideas, pero moriré por defender su derecho a contarlas». Por desgracia, en España en los últimos tiempos esa máxima solo se aplica a aquellos con los que se sintoniza políticamente.

La normalidad que brevemente se disfrutó en España tras el fin de ETA se vio alterada con la explosión nacionalista en Cataluña y el crecimiento de Bildu en el País Vasco. Las pedradas, insultos y amenazas acompañaron a Albert Rivera en sus tiempos en Ciudadanos. Antes le tocó al PP. Y últimamente, la diana es Vox, que sufre el acoso en lugares como Madrid, donde cuenta con un importante apoyo —superior incluso al de Podemos en Vallecas en los últimos comicios—.

La democracia no se defiende a pedradas. Se defiende con votos en las urnas. Y en España es fácil hacerlo casi cada trimestre, porque los comicios se suceden. La democracia no es agredir al adversario, que no enemigo, es debatir y lograr la mayoría de los apoyos.

La polarización trae estas consecuencias. Un escrache puede ser una intimidación o una manifestación de libertad en función del grado de simpatía que se profese hacia la víctima. Agredir a un policía es un ejercicio de lucha contra la represión si te condenan... Y no. Eso no es la democracia. Son igual de repulsivos los escraches, los ataques a las sedes de los partidos políticos, el boicot a los mítines y cualquier acto violento. Y hay que condenarlos todos, más allá de las siglas.

Conoce toda nuestra oferta de newsletters

Hemos creado para ti una selección de contenidos para que los recibas cómodamente en tu correo electrónico. Descubre nuestro nuevo servicio.

Votación
22 votos
Comentarios

Pedradas contra la democracia