Ayuso se desentiende de Gabilondo e Iglesias y busca el cuerpo a cuerpo con Sánchez

La presidenta madrileña y el PP quieren acentuar la lectura nacional de las elecciones del 4 de mayo y el líder socialista no elude la confrontación

Isabel Díaz Ayuso, este miércoles, en la sede de la Comunidad de Madrid
Isabel Díaz Ayuso, este miércoles, en la sede de la Comunidad de Madrid R.Rubio.POOL

Madrid / Colpisa

Isabel Díaz Ayuso da por amortizado a Pablo Iglesias y ni se molesta en responder al socialista Ángel Gabilondo. Ha elegido que su adversario sea Pedro Sánchez. Las elecciones en Madrid del 4 de mayo tienen una indudable lectura nacional y la confrontación con el presidente del Gobierno acentúa ese enfoque. El líder socialista no rehúye ese escenario, convencido de que su presencia en la campaña es el mejor antídoto contra un efecto Ayuso que lleva en volandas al PP hacia una victoria concluyente.

«Va a ser una campaña entre el presidente del Gobierno y el Gobierno de la Comunidad de Madrid. El 4 de mayo nos vemos en las urnas», ha sentenciado la presidenta regional, autoproclamada gobernante de «la aldea gala de resistencia» frente a las pretensiones de la Moncloa. Es un duelo con tintes surrealistas porque convierte al presidente del Gobierno en el líder de la oposición autonómica y a la presidenta madrileña en la jefa de la oposición nacional.

El PP quiere llevar las elecciones del 4 de mayo a ese terreno porque aspira a que su más que previsible triunfo tenga un efecto dominó en España. Lo populares reconocen que la presidenta tiene la llave para que Pablo Casado abra la puerta de la Moncloa y dan por sentado que la victoria de Ayuso será «la derrota de Sánchez», no la de Gabilondo.

La presidenta regional ha cambiado de discurso, se ha olvidado del resto de los candidatos y no hay día sin reproches al presidente del Gobierno, ya sea por las vacunas, por el estado de alarma, por los fondos europeos o por cualquier otro asunto relacionado con la crisis sanitaria.

No sin quejarse al mismo tiempo de que «algo tan delicado como la pandemia se esté utilizando como arma electoral». Ayuso también ha tomado nota de que el sondeo del CIS publicado el lunes arroja el esclarecedor dato de que el 74 % de los ciudadanos tendrán mucho o bastante en cuenta la gestión de la crisis sanitaria a la hora de decidir su voto. La suya es controvertida, pero la de Sánchez, también.

La lucha contra el virus se ha impuesto, por el momento, a las dicotomías de «comunismo y socialismo o libertad» que planteó en los albores de la campaña. Su lema electoral, presentado este miércoles, ha prescindido de categorizaciones ideológicas y se centrado en una apelación desnuda a la «libertad», de la que ella se considera la adalid ante los afanes liberticidas que endosa a un Sánchez que «castiga, discrimina y perjudica» a Madrid.

El antisanchismo

Un enfoque con el que busca rebañar apoyos en el amplio segmento antisanchista de la sociedad madrileña y que no se circunscribe al electorado del PP. El presidente del Gobierno despierta fobias profundas en todo el universo conservador, pero tampoco genera entusiasmos incondicionales entre los capas más templadas ni en el mundo progresista, como se refleja en las valoraciones de líderes de los estudios demoscópicos.

Sánchez no se ha puesto de perfil y se presta al cuerpo a cuerpo con Ayuso. El líder del PSOE tiene una presencia intensa en los actos electorales porque también es consciente de la dimensión nacional de estas elecciones. No es el candidato, aunque a veces lo parezca, pero ha asumido un protagonismo que no ha tenido en ninguna convocatoria autonómica anterior. Es significativo el hecho de que la campaña de Gabilondo se dirige desde la Moncloa y ha puesto la estrategia del partido en manos de su jefe de gabinete, Iván Redondo.

El adelanto electoral pilló a Sánchez a contrapié. Los socialistas no tenían candidato y tuvieron que echar mano de un Gabilondo que ya tenía la mente en el despacho del Defensor del Pueblo. No es el cabeza de cartel idóneo para medirse con Ayuso ni encaja en los planea de renovación de caras en el PSOE que Sánchez diseña con discreción.

Reparto de papeles

De ahí el reparto de papeles. El candidato cultiva la parroquia moderada para arañar votos en el disputado caladero en fuga de Ciudadanos, y él asume la confrontación con la presidenta madrileña. El riesgo es alto si el PSOE, junto a Más Madrid y Unidas Podemos, no consigue desalojar a la presidenta de la Puerta del Sol. Pero, dicen en su partido, no podía quedarse en segundo plano en unas elecciones que pueden marcar la senda de las generales.

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