Carmen Calvo levanta otro muro frente a Irene Montero y anuncia una ley estatal contra la prostitución y la trata

Empieza otro enfrentamiento entre el feminismo de la ministra de Igualdad frente al de la vicepresidenta


Madrid / Colpisa

Cuando el capítulo de la ley trans, promovida por Unidas Podemos y vetada por el PSOE, todavía no ha sido cerrado, empieza otro enfrentamiento entre el feminismo de la ministra de Igualdad, Irene Montero, frente al de la vicepresidenta Carmen Calvo por el tema más espinoso, la prostitución. «Un caso abierto por décadas en el feminismo», según Montero, quien hace apenas un par de semanas mantenía en una entrevista que estaba «ultimando los detalles de un plan con el Ministerio de Trabajo de Yolanda Díaz para una acción sociolaboral» contra la prostitución.

Pero tres días después de que Montero anunciara finalmente una Ley Integral Contra la Trata, Calvo anunciaba una «legislación nacional contra la prostitución y la trata» que perseguiría ambas, con especial énfasis en la situación «absolutamente violenta» de «mujeres y menores».

Son dos trenes que chocan otra vez por la bandera feminista. Están las «abolicionistas», como Calvo, que consideran que los derechos de las mujeres son rotos en cada acto de compra y venta de sexo, y abogan por la penalización del cliente y los proxenetas. Las otras son las «regulacionistas», como Montero, quienes sostienen que la mujer debe decidir qué hacer con su cuerpo, incluso si quiere comerciar con él. Para ellas, la prostitución y sus actividades relacionadas deben ser legales pero reguladas.

«Somos abolicionistas», zanja Calvo y renueva su enfrentamiento abierto con Montero, que se ha declarado, por el contrario, «no muy partidaria de las medidas punitivas».

Perseguir al cliente

Prohibir o no prohibir, y cuánto se prohíbe, es el matiz cuando se habla de prostitutas y clientes. En este momento la ley pena la explotación sexual, no así el ejercicio de la prostitución voluntaria, un resquicio por el que se cuela la «tercería locativa», una figura que permite que los proxenetas se lucren sin ensuciarse las manos a ojos de la Justicia. Por esta grieta legal ha surgido un negocio que ha convertido a España en un país «puntero» en número bares de carretera y pisos privados, según Calvo.

«Hay trata porque hay prostitución, si no hay prostitución no hay trata», resumía Calvo su propuesta de prohibición sin medias tintas. El punto más tenso está en «poner el foco sobre los varones que utilizan la prostitución» y perseguir al cliente. La resistencia social es tanta como el «tremendo» consumo de prostitución que hay en todos los rincones españoles.

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