Casado responde a las críticas internas anunciando que el PP abandona la sede de Génova

No volverá a dar explicaciones por ningún caso de corrupción del pasado y advierte de que él también tiene un «manual de resistencia» y no dará un paso atrás por el batacazo en Cataluña


Redacción / La Voz

 «Cambiaremos la sede nacional del PP de ubicación. No debemos seguir en esta sede, cuya reforma está siendo investigada en los tribunales». Era su cita más comprometida desde que accedió al liderazgo del PP. Y Pablo Casado respondió a las críticas internas por los malos resultados en las elecciones catalanas con un golpe de efecto sin precedentes en los últimos años. Los populares abandonan la histórica sede nacional de la calle Génova en Madrid, estigmatizada por los casos de corrupción que investiga la Justicia y por las revelaciones del extesorero del partido, Luis Bárcenas, que trabajó allí durante décadas. Esa posibilidad se venía planteando desde hace tiempo y solo los aprietos económicos ante la reducción de las subvenciones electorales por los malos resultados la habían aplazado.

Pero Casado no se quedó ahí. En lo que denominó una «regeneración justa», anunció también una ruptura total con el pasado del partido, hasta el punto de que ni él ni ningún miembro de la actual dirección volverán a responder en público por los casos de corrupción del pasado. «Defender al partido no es justificar las acciones personales», señaló. «No vamos a volver a dar explicaciones sobre ninguna cuestión personal que no haya ido en beneficio del partido o haya podido perjudicarle. No podemos permitírnoslo con el calendario electoral que se avecina», afirmó Casado en su intervención ante el comité ejecutivo, en una reunión que se celebró de forma telemática.

 

«Debemos dejar de preocuparnos de nuestro pasado y preocuparnos más de nuestro futuro», dijo, advirtiendo de «las hipotecas no son hereditarias» y, que, por tanto la actual dirección no puede pagar «facturas» sobre las que no sabe nada. «Cualquier conducta no ejemplar no forma parte del patrimonio a defender por el PP», insistió.

Respeto a las críticas internas y externas por los malos resultados en Cataluña, Casado repitió el argumentario esgrimido desde la noche electoral para repelerlas todas. Ha sido una campaña «muy compleja» por la polarización extrema que, según su tesis, ha perjudicado a los partidos moderados; la alta abstención generada por el covid-19 perjudicó a partidos que, como el PP, tienen un electorado más mayor, y hubo una «tormenta perfecta» preparada por el PSOE con el escrito de Luis Bárcenas ante la Fiscalía que obligó a dar explicaciones sobre ese asunto e hizo que cayeran «en picado» las expectativas del PP, como demuestran a su juicio los sondeos. Los resultados en Cataluña no son en todo caso, a su juicio, en absoluto extrapolables al resto de España, en donde el PP no solo resiste sino que, según Casado, está en «empate técnico» con el PSOE. Unos argumentos que ya había expuesto previamente el secretario general, Teodoro García Egea, en una intervención cerrada a los medios.

Manual de resistencia

«Nosotros también tenemos nuestro manual de resistencia», dijo Casado, repitiendo el lema popularizado por el socialista Pedro Sánchez, en un claro aviso de que no piensa dar un paso atrás. Al contrario, anunció la puesta en marcha de un «plan estratégico de recuperación del espacio electoral en Cataluña», que calificó como «una estrategia de largo recorrido que tardará en dar sus frutos». El PP celebrará una convención nacional el próximo otoño y elaborará un documento político estratégico para incorporar a representantes de la sociedad civil y  «captar talento dentro y fuera del PP».

Centrándose ya en los resultados, relativizó el alcance del batacazo explicando que los datos ya fueron muy malos en los últimos comicios catalanes y «perder ahora otro escaño no va a modificar nuestra estrategia». Recordó que el PSOE fue superado por el BNG en Galicia y por Bildu en algunos territorios del País Vasco y no escuchó entonces «a nadie pedir a Sánchez responsabilidades». Su estrategia seguirá siendo la de evitar la evitar la polarización y hacer un partido abierto con «el compás en el centro» y los brazos abiertos a todos, vengan de donde vengan. El PP, dijo, en referencia a Vox, es «el partido de la cabeza y el corazón, no de las vísceras». «Ni queremos ganar en la radicalidad, ni a España le serviría de nada que ganáramos desde la esquina de un campo de batalla», insistió frente a quienes le piden disputar a Vox la radicalidad en las críticas al Gobienro. 

Intervenciones de los barones 

A continuación estaba previsto que tomaran la palabra los máximos dirigentes regionales del partido. Como suele suceder, y como ya ocurría en tiempos de Aznar y de Rajoy, la críticas más directas de los barones y dirigentes populares realizadas bajo el anonimato no se esperaban en el cara a cara con el líder del partido, en este caso telemático. Más que contra el propio Casado, los reproches se dirigen al secretario general, Teodoro García Egea, al que algunos dirigentes autonómicos y locales acusan de manejar el partido autoritariamente y sin escuchar a nadie.

El problema para Casado es que las críticas internas le llueven ahora desde frentes. Unos le reprochan haber tenido un mensaje demasiado escorado a la derecha para tratar de taponar la vía de agua en el electorado por Vox y otros le critican por todo lo contrario, cuestionando mensajes como el de la campaña electoral catalana, que algunos entendieron como un repudio de la respuesta del Gobierno de Mariano Rajoy al ilegal referendo independentista, a pesar de que en ese momento Casado era el portavoz del PP. Algo que habría favorecido las opciones de Vox, al desenganchare los votantes partidarios de la máxima firmeza frente al independentismo de ese mensaje de que aquello «debería haberse evitado».

En ese difícil equilibrio de contentar a unos y a otros tendrá que moverse ahora Casado, aunque es precisamente la existencia de esas dos tesis contrarias la que le permite ocupar un espacio central en el partido. Desde la actual dirección aseguran que, al contrario que Vox, no van a buscar la «polarización» y rechazan una España «en blanco y negro», por lo que mantendrán el rumbo de la ruptura con los de Santiago Abascal y de un partido abierto en el que quepan diferentes sensibilidades. Insisten además en que sería un error extrapolar los resultados de Cataluña a toda España y recuerdan que en esa comunidad los resultados y las expectativas eran ya malas desde hace años.

Desde el PP vasco, sin embargo, su secretaria general, Laura Garrido, aseguró antes de que comenzara la cita en Génova que «para nada» se deben «asumir responsabilidades» en Cataluña. «No es el momento de cuestionar ningún liderazgo», afirmó sobre Casado la dirigente del PP vasco, en el que Casado situó personalmente a Carlos Iturgaiz como candidato y en donde los resultados fueron también muy malos para el PP.

Otro que respaldó cerradamente a Casado fue el portavoz nacional del partido y alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, que rechazó las críticas vertidas por la exportavoz en el Congreso, Cayetana Álvarez de Toledo, que dio al líder del PP por amortizado asegurando que ha «defraudado las esperanzas puestas en él» y ha demostrado su «incapacidad» para «reconstruir el constitucionalismo». Álvarez de Toledo cargó también indirectamente contra el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, afirmando que «el galleguismo en Cataluña no ha funcionado» y situando al líder del PPdeG entre quienes «han compartido y recomendado» la estrategia de campaña en Cataluña.

Almeida aseguró que no ha escuchado «a ningún barón cuestionar a Casado» y señaló que «corresponde analizar en el ámbito interno cuáles son las causas y corregir si es necesario el rumbo para obtener confianza de los catalanes».

El PPdeG defiende su modelo de «moderación», y la oposición difiere sobre quién debe presidir Cataluña

Juan Capeáns
Feijoo, en una rueda de prensa
Feijoo, en una rueda de prensa

Feijoo cree que la abstención benefició a un independentismo «movilizado», y el PSdeG reclama la coalición de izquierdas

Las elecciones catalanas tuvieron en Galicia dos ganadores y un perdedor solidario, el PPdeG, que no solo no se sintió aludido por el batacazo de su partido, sino que ha relativizado las responsabilidades de la dirección nacional, cuya línea de actuación junto al candidato Alejandro Fernández se ajustó a los parámetros de moderación y distanciamiento de Vox, como hizo Feijoo en Galicia con distinto resultado.

?El presidente gallego hizo una sutil defensa de su modelo al felicitarse por haber evitado en Galicia la «ruptura» que han dejado los comicios en Cataluña, y animó a Fernández a hacer una oposición «útil» y «con propuestas», avalando su continuidad tras la necesaria reflexión por unos resultados que se resistió a calificar. Feijoo prefirió hacer una valoración global del avance del independentismo y de las previsibles consecuencias que tendrá en un Gobierno de España más atado y en un PSC que, a su juicio, debe dejar de «coquetear» con el separatismo y asumir la función de liderazgo del constitucionalismo que le han otorgado los votantes. Tras poner sobre la mesa la posibilidad de que el resultado electoral acabe afectando a otras zonas por la presión que va a ejercer Cataluña en los repartos por comunidades, Feijoo lamentó que desde la Moncloa se haya alentado la celebración de las elecciones en plena pandemia atendiendo a las previsiones de crecimiento del PSC, ya que el voto independentista siempre estuvo «movilizado», tal como anunciaban las encuestas. Faltaron un millón de votos en las urnas, y el líder gallego sospecha que esa participación hubiera arrojado un reparto más complaciente para los defensores de la Constitución.

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