La declaración unilateral de independencia divide al secesionismo catalán ante el 14F

ERC critica las «falsas promesas» y «engaños» de JxCat, que se compromete a una ruptura abrupta. Cs, PP y Vox libran su batalla por el liderazgo de la derecha antiseparatista

Casado posa para un selfi junto a Fernández y Almeida, con las camisetas del Barça y el Espanyol
Casado posa para un selfi junto a Fernández y Almeida, con las camisetas del Barça y el Espanyol

Barcelona | Madrid / Colpisa

Los roles se han intercambiado en el mundo independentista. JxCat actúa como si fuera la CUP, los anticapitalistas juegan el papel que hacía ERC y los republicanos se parecen a la antigua Convergència. El mundo al revés. Todo cambia. Quien más defiende en estos momentos la vía unilateral es Junts per Catalunya, formación postconvergente nutrida por excargos de CDC y convertida en la más radical de cuantas concurren el 14F.

Su candidata, Laura Borràs, se declara defensora del lema antisistema «fuera las fuerzas de ocupación» y ha puesto sobre la mesa, en el inicio de la campaña, la promesa de reactivar la declaración unilateral de independencia, si el secesionismo obtiene más del 50 % de los votos en las elecciones, una posibilidad más que posible, según la última encuesta del CEO de la Generalitat.

Fue Carles Puigdemont quien impulsó la DUI el 27 de octubre del 2017 y quien la guardó en un cajón sin ni siquiera arriar la bandera española del Palau de la Generalitat. Junts insiste en regresar a octubre del 2017, pero de entrada está solo en ese viaje al pasado. ERC y la CUP, que durante los hechos de octubre fueron los que más presionaron para que Puigdemont siguiera adelante con la proclamación de la república, ahora admiten que este tipo de gestos no son, a día de hoy, más que humo que no lleva a ningún lado.

«No podemos engañarnos» con «falsas promesas», afirmaron este domingo los republicanos. «Los milagros no existen», afirmó la consejera de Agricultura, Teresa Jordà, encargada de echar agua al vino sobre la propuesta de JxCat de reactivar la DUI. La independencia no es una cuestión de «retórica y declaraciones», insistió Pere Aragonès desde Lloret de Mar (Gerona). A su juicio, es posible avanzar hacia la secesión «hablando claramente al mundo y ganando elecciones una y otra vez con más del 50 % de votos».

Es la vía amplia de Esquerra, que apuesta por un referendo pactado con el Gobierno central en su programa electoral. No descarta la vía unilateral, pero no la concreta. Solo dice que estará sobre la mesa si el Ejecutivo de Sánchez se cierra en banda a negociar. La CUP tampoco aboga en estos momentos por una declaración de independencia. Sus dirigentes fueron los que más celebraron la DUI que se proclamó en octubre del 2017, pero ahora reclaman «realismo» y «no generar falsas expectativas», una referencia directa a las promesas de independencia por la vía exprés de JxCat. Hace falta mucha más gente para reactivar el procés, consideran los anticapitalistas, que proponen celebrar un referendo antes del 2025. El PDeCAT también cree que una DUI ahora «no sería efectiva».

JxCat replicó cargando contra los que quieren la independencia pero no se ponen a ello. Hay que pasar de querer a poder, según los nacionalistas. Quien no sabe lo que quiere, siempre encuentra «excusas», afirmó Jordi Turull sobre el desmarque de ERC de la vía unilateral y sus pocas prisas para retomar el procés. «Solo ponen excusas y no quieren molestar al Estado», remató.

Borràs: «Yo lo llamo el defecto Illa»

La candidata Laura Borràs evitó este domingo insistir en su propuesta de ruptura y centró sus mensajes de campaña en atacar al PSC y a Salvador Illa. «Es la devolución de un producto defectuoso. Se fue siendo la cuota del PSC y vuelve aquí siendo la cuota del PSOE. Seguramente se lo quitan de encima por incompetente. Salvémonos de este Salvador, porque no nos salvará de nada», afirmó. «Yo lo llamo el defecto Illa», remató desde La Seo de Urgel (Lérida).

Si los socialistas querían plantear una campaña centrada en la gestión y en la pandemia, el secesionismo ha logrado llevar la atención a su terreno y a la cuestión del procés. Aunque las fuerzas independentistas corren el riesgo de dejar muy al aire libre sus discrepancias en la hoja de ruta rupturista, que han sido una constante entre JxCat y ERC en la legislatura que ahora se acaba.

Pactos postelectorales

Tienen estrategias muy distintas desde el punto de vista del procés y en relación a la gobernabilidad española, y ahora chocan además en campaña respecto a los pactos postelectorales. Los postconvergentes abogan por un gobierno nítidamente independentista, con ERC y la CUP, mientras que los republicanos incluyen en la ecuación también al PDeCAT y los comunes. Está por ver cuáles acaban siendo las alianzas. Dependerá del resultado.

Las posiciones están muy apretadas, según dos encuestas publicadas este domingo, de Antena 3 y El Periódico. La de la cadena de televisión pronosticó una victoria de ERC, por apenas un escaño por delante de JxCat y PSC, mientras que el diario barcelonés vaticinó un triunfo de los socialistas, con tres diputados de ventaja sobre ERC y cuatro sobre JxCat. La abstención y los indecisos decidirán la pugna.

Ciudadanos, PP y Vox libran su particular batalla por el liderazgo de la derecha antiseparatista en Cataluña

Arrimadas se juega el futuro del proyecto liberal, Casado testa la fortaleza de su liderazgo y Abascal mide la pujanza de su partido.

El 14 de febrero se libra la gran batalla por la Generalitat de Cataluña, aunque hay otro duelo menos rutilante pero no menos importante, el que enfrenta a Ciudadanos, PP y Vox por el liderazgo de la derecha antiseparatista, una pugna que también tendrá consecuencias nacionales. Las previsiones demoscópicas apuntan a que los liberales, aunque se llevarán un serio revés, serán la primera fuerza en ese espectro, seguidos de los populares y los ultraderechistas. Pero no está dicha la última palabra.

El partido naranja muestra una tendencia declinante mientras sus rivales mejoran sus expectativas sondeo tras sondeo. Las diferencias se estrechan y en dos semanas puede pasar de todo. Para la formación que lidera Inés Arrimadas, que fue la gran vencedora de las elecciones catalanas del 2017, verse superada por los populares sería un golpe de consecuencias imprevisibles para su futuro como organización porque daría alas a los partidarios de la confluencia con el PP.

Ciudadanos tendrá que pasar dentro de dos semanas por el trago de pasar de ser la primera fuerza política en el Parlamento de Cataluña con 36 escaños a ser una fuerza secundaria con menos de la mitad de diputados. Un desplome que tiene muchas causas, entre ellas el abandono de Arrimadas de la Cámara catalana para vivir a la sombra de Albert Rivera en Madrid, su negativa a presentarse a la investidura (error reconocido dentro del partido), la línea zigzagueante de Ciudadanos y, sobre todo, el naufragio en las últimas generales.

Ahora, además, se enfrenta a una contingencia externa ante la que tiene escasas respuestas, la de la candidatura de Salvador Illa en el PSC. Muchos de los votos que hace cuatro años recalaron en las listas naranjas como bastión ante la ola independentista, van a buscar ese refugio el 14 de febrero en las candidaturas socialistas. El referente antiseparatista, reconocen con pesar en el partido de Arrimadas, ha pasado de Ciudadanos al PSC.

Ayuso en campaña

El PP aguarda expectante ese retroceso confiado en la ligera mejoría que le atribuyen las encuestas tras el batacazo del 2017, cuando se quedó con cuatro escaños y fue relegado al desván del Parlament. Los populares han fichado a dirigentes liberales, cuentan con la presencia casi continua de Pablo Casado en la campaña y con la estrella emergente de Isabel Díaz Ayuso. También confían en pescar en el caladero de votos de Ciudadanos. «A peor no podemos ir», apuntan en la sede de la calle Génova de Madrid. Pero hay nervios porque el temor al sorpasso de Vox está ahí. De producirse, y no es descartable, el liderazgo de Casado se resentiría.

Para Vox todo es ganancia en estas elecciones, porque de no existir va a pasar a tener presencia en el Parlamento de Cataluña. El tamaño de esa representación es lo que está por dilucidarse. El partido de Santiago Abascal aspira desbancar al PP como referente de la derecha y puede rentabilizar la gran polarización de la sociedad catalana porque en esos escenarios de fuerte división las fuerzas de los extremos suelen capitalizar las tensiones. El votante de Vox, además, no se detecta en los sondeos, así ocurrió en las elecciones andaluzas del 2018 y en las últimas generales. En ambos casos las urnas demostraron que estaban infrarrepresentados en las encuestas.

Entre los tres se juegan de 26 a 28 diputados de los 135 de la Cámara catalana. Irrelevante para el resultado electoral pero pueden ser escaños muy cotizados si se da la circunstancia de que Illa se presente a la investidura. Ciudadanos ya ha dicho que le apoyaría, Vox dijo que también y luego se desdijo, y el PP sostiene que en ningún caso daría ese paso. Si es que llega ese momento, improbable por ahora, se multiplicaría el peso de los tres en la vida política catalana.

Luego está la lectura nacional. Arrimadas se juega el futuro de su partido, Casado examina la fortaleza de su liderazgo, mientras Abascal se frota las manos.

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