Del monotema independentista al covid y la falta de gestión

Palau de la Generalitat
Palau de la Generalitat

redacción / la voz

Una buena noticia para Cataluña. Los catalanes no serán martirizados durante quince días con el monotema independentista que ha cubierto la práctica totalidad de los tres últimos años. No es que vaya a desaparecer de un plumazo el secesionismo, pero ya no será el único eje de debate entre la miríada de partidos nacionalistas y el bloque constitucionalista.

De ese giro en el guion tiene buena parte de la culpa el desembarco de Salvador Illa como cabeza de lista del PSC. La cara más visible de la lucha contra la pandemia desde el Gobierno -Fernando Simón al margen- ha querido imprimir ese cambio en el argumentario desde el minuto cero. De hecho, doce horas antes de pegar simbólicamente el primer cartel, el exministro de Sanidad dio a conocer el primer fichaje de su teórico gabinete: Maurici Lucena, actual presidente de Aena, que dejaría su buen retribuido puesto al frente del gigante aeroportuario para convertirse en el gestor de la crisis que se intuye tras la pandemia.

Claro que a favor de la estrategia de Illa pesan también los esfuerzos de Junts, el partido de Carles Puigdemont por responsabilizar a Esquerra del fiasco de la lucha contra el covid-19 en Cataluña. Primero, por su titularidad en las competencias sobre las residencias y, después, por el papel de Pere Aragonès como cabeza de la Generalitat, aunque fuera en funciones.

Esquerra también quiere dejar atrás el debate sobre la vía unilateral hacia la independencia. Su estrategia tras el 155 pasa por desplazar de una vez por todas a Junts y confinar el fantasma de Puigdemont en Waterloo -Santa Elena queda un poco a desmano- para pegar un viraje a la agenda catalana y exprimir las necesidades de Pedro Sánchez de votos en el Congreso para conseguir mayores transferencias, de competencias y fondos para aumentar su poder.

En menor medida, los partidos escindidos del antiguo Junts, sobre todo el PDECat, también se sienten más cómodos lejos del dedo acusador de Puigdemont sobre su connivencia con los intereses del Estado español.

Claro que el interés de PSOE y ERC choca con el del resto de partidos y con la propia agenda judicial. Este jueves, la Generalitat reactivó el choque con el Supremo al anunciar otra vez la semilibertad de los presos del 1-O. Y Pablo Iglesias no quiso perder la oportunidad de hacer el enésimo guiño a Puigdemont y los separatistas para pedir el indulto de los condenados por sedición y malversación, entre otros delitos.

Al PP, a Vox y, sobre todo, a Ciudadanos, les interesa devolver el debate al eje independentismo-constitucionalismo. El temor de este bloque es que la desmovilización que anticipan las encuestas se cebe sobre sus votantes, hartos de una confrontación en la que se sienten abandonados por movimientos como la marcha de Inés Arrimadas a Madrid.

Para Puigdemont, la enésima venta de la república catalana es el único aval con el que presentarse ante un electorado al que ya prometió volver en el 2018 si ganaba. Venció en las urnas, pero apenas se acercó a Perpiñán. Y a la CUP siempre le va bien cuanto más se eleva la voz del enfrentamiento entre los dos bandos.

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