Sánchez busca relevos ordenados en el PSOE pero se prepara para la batalla con Díaz en Andalucía

La pandemia dificulta la la vida orgánica y la emergencia de nuevos valores en un año clave de congresos regionales

Susana Díaz
Susana Díaz

Madrid / Colpisa

Pedro Sánchez sabe lo que implica una batalla orgánica. El presidente del Gobierno no conoció la paz al frente del PSOE hasta que en mayo de 2017 y después de haber sido defenestrado de la secretaría general y dado por muerto, políticamente hablando, en octubre del 2016, humilló a su máxima rival interna, Susana Díaz, con los votos de una militancia exaltada. Ahora, en el inicio de un año congresual, contempla la necesidad de renovar liderazgos allí donde las siglas flojean y su deseo es proceder a relevos ordenados, pero es consciente de que no siempre será posible.

El líder socialista tiene aún amplio margen para tomar decisiones. El retraso a la segunda quincena de octubre del congreso federal -en el que, sin ninguna duda, será ratificado como secretario general y nombrará una nueva ejecutiva- tiene un efecto dominó sobre los regionales, que, según los estatutos del partido, deben celebrarse en los tres meses posteriores, es decir, que en algunos casos podrían irse incluso a enero del 2022. A estas alturas, lo único seguro es que sí impulsará la sustitución de Díaz al frente del PSOE andaluz, pero la batalla no se presenta fácil y eso es lo que le ha hecho dudar de dar el paso hasta fechas muy recientes.

A pesar de lo que pudo parecer cuando, tras las autonómicas, el secretario de Organización, José Luis Ábalos, hizo un comentario que le indicaba la puerta de salida a Díaz o cuando a mediados del 2019 se conoció que se le había ofrecido presidir el Senado, hasta hace apenas dos meses el secretario general del PSOE se mostraba reticente a implicarse en otra guerra contra ella, para desesperación de algunos fieles ‘sanchistas' y furibundos ‘antisusanistas'. A lo más a lo que se mostraba dispuesto era a dejar hacer por su cuenta a los críticos andaluces de su cuerda.

Las cosas ahora han cambiado. Lo demuestra el desplazamiento de Ábalos a Sevilla este jueves para reunirse con la antaño poderosa presidenta de la Junta de Andalucía y hoy líder de la oposición. La excusa era celebrar un encuentro para discutir sobre el estado de las infraestructuras, pero en el PSOE admiten que la cIta tenía otra intencionalidad. Lo ideal para Sánchez sería que su antigua rival diera un paso al lado de manera voluntaria y en esa dirección trató de presionar también esta semana el vicepresidente del Senado, Alfonso Rodríguez Gómez de Celis. En vano.

Díaz sabe que, aunque ya no tenga al partido en un puño, sus detractores no lo tienen fácil para armar una alternativa y encontrar a la persona que pueda aglutinar el voto en su contra. El viernes, tras su encuentro con Ábalos, compareció ante la prensa y retadora advirtió de que se presentará al congreso sí o sí. «Los compañeros que se manifiestan -dijo en alusión a sus enemigos internos- que digan quién va ser su candidato o candidata y, cuando llegue el congreso, los militantes decidirán en libertad».

Ninguno de los nombres que hasta ahora han asomado ofrecen a Sánchez suficientes garantías. No lo hace el jienense Felipe Sicilia. Hay serias dudas sobre la capacidad de arrastre del alcalde de Sevilla, Juan Espadas, fuera de su provincia. Y la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, no está hoy por por hoy por la labor de dar ese salto incierto. Aun así, Sánchez se ha convencido, encuestas en mano, de que hay que pelear porque, según aseguran fuentes socialistas, todo apunta a que Díaz está en caída libre. No es ya, dicen, que no vaya a poder gobernar por «el lío» que hay a su izquierda; es que, a diferencia de 2019, ni siquiera sería ya la fuerza más votada.

Presidentes blindados

El caso andaluz es el que más inquieta por su peso relativo. Pero, en realidad, también hay otros territorios sobre los que se plantea la necesidad de un cambio. El líder del PSOE no alentará disputas allí donde el secretario general sea presidente autonómico. Ni siquiera frente a dirigentes que le puedan resultar incómodos y cuya fortaleza esté en cuestión, como es el caso del aragonés Javier Lambán. En cambio, está atento a la aparición de alternativas en el País Vasco y Cantabria, a pesar de que tanto Idoia Mendia como Pablo Zuloaga son vicepresidentes en sus gobiernos autonómicos.

Los resultados electorales en ambas comunidades fueron magros y existe una cierta sensación de que haría falta un nuevo impulso. Hay algunos nombres emergentes, como el del portavoz del PSE en el Parlamento vasco y líder de los socialistas guipuzcoanos, Eneko Andueza, en un caso, o el secretario general del PSOE en Santander, Pedro Casares, en el otro. No obstante, la situación de pandemia y la imposibilidad de reunirse con militantes también ha sido un freno para la ebullición de la vida orgánica y en la dirección federal se está a la espera de ver cómo evolucionan las cosas.

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