España redobla su esfuerzo militar en Malí para ganar influencia en el Sahel

El general Gracia dirige la misión europea, con 550 soldados españoles


Madrid | Colpisa

La región subsahariana del Sahel, zona de tránsito de flujos migratorios, tráfico de armas y estupefacientes y con presencia terrorista, está marcada en rojo en la estrategia de seguridad nacional. La cercanía de este vasto territorio, que cruza 11 países africanos de oeste a este, ha ganado protagonismo en los últimos años por los desafíos que representa para la frontera sur europea.

En línea con la política exterior de los últimos gobiernos, el Ejecutivo de Pedro Sánchez también apuesta fuerte y trata de ganar influencia en el Sahel con una iniciativa diplomático-militar puesta en marcha el 1 de enero. El Gobierno ha ofrecido a la Unión Europea un refuerzo sin precedentes de su despliegue militar en la misión comunitaria EUTM-Malí, con la aportación de unos 300 soldados más —hasta alcanzar los 550—, dos helicópteros y un avión de transporte.

Además, la operación de ayuda al Ejército maliense la dirigirá durante este semestre el general español Fernando Gracia, que el martes asumió el mando de la misión europea.

En el plano diplomático, el incremento de fondos de desarrollo en países como Senegal o Mauritania, la presidencia española de la Alianza por el Sahel, una plataforma internacional de cooperación y el próximo nombramiento de un enviado especial para la región completan la estrategia nacional.

Entrenamiento militar

Las tropas españolas están desplegadas en su gran mayoría en la localidad de Koulikoro, al norte de la capital Bamako. Allí es donde realizan las labores de formación de los militares locales que, una vez acabado su primer período de formación, son enviados al norte del país para enfrentarse a los grupos yihadistas. Un compendio de organizaciones que actúan con relativa libertad en un espacio entre Malí, Argelia, Mauritania y Burkina Faso.

España es el máximo contribuyente de fuerzas, un 24 % del total, pero a causa del plan de hibernación por el covid-19 se ha reducido temporalmente a 180 militares. A partir de este mes, se espera que de forma progresiva se incrementen los efectivos hasta superar el medio millar. La función de los españoles es, por una parte, entrenar a las fuerzas malienses y, por otra, apoyar con aviones logísticos a Francia en su misión Barkhane de lucha contra el yihadismo. En el plano operativo se cambiará la forma de entrenar. De un adiestramiento estático en bases como la de Koulikoro se pasará a otro dinámico, donde equipos de formadores se moverán sobre el terreno con las unidades locales, lo que supone un mayor desafío.

La experiencia de EUTM-Malí se extenderá a partir del segundo semestre de este año a la República Democrática Centroafricana, con una misión que se prolongará en principio durante doce meses, aunque no se descarta que se alargue.

Además de aumentar su presencia en África, España mandará aviones por primera vez a Rumanía dentro de la misión de vigilancia aérea de la OTAN. Los cazabombarderos sobrevolarán el mar Negro, una de las zonas más calientes en la tensa relación entre la OTAN y Rusia desde la anexión de Crimea en el 2014. Un destacamento formado por seis Eurofighter y 130 efectivos se desplegará durante febrero y marzo.

De forma paralela, se mantiene activa la misión de la Policía Aérea del Báltico, que defiende las fronteras de la Alianza Atlántica en Estonia, Lituania y Letonia. La idea es que los militares españoles operen cuatro meses a lo largo del año. También en la zona báltica, concretamente en Letonia, permanecen unos 350 miembros del Ejército de Tierra dentro de otra misión de la OTAN de vigilancia de la frontera terrestre.

Contra la piratería

En el caso de la Armada, seguirá presente en la operación Atalanta de la UE que lucha contra la piratería en el Índico. La misión cumple 12 años y en la actualidad hay unos 300 militares desplegados. Este año se espera iniciar nuevas tareas de seguimiento de otras actividades delictivas, como el tráfico de armas, carbón y drogas. Asimismo, se proyecta ampliar su radio de acción al golfo de Omán y al sur del mar Rojo. La tarea pendiente sigue siendo el establecimiento de un marco legal para convertir Atalanta en una operación más ejecutiva, por ejemplo, para resolver qué se hace con los detenidos en operaciones antipiratería.

La experiencia de esta operación se ha llevado al golfo de Guinea. España actúa de forma autónoma para prevenir la piratería contra barcos de pesca y de transporte energético, y realizan acciones diplomáticas visitando puertos africanos. En estos momentos, el buque de acción marítima Tornado, con 65 integrantes, está en la zona en colaboración con la Marina de Senegal. La idea es que esta operación se mantenga durante este año, ya que está dando resultados positivos para los intereses nacionales.

Revaluar la presencia en Irak y Afganistán

La presencia de España en Irak se ha reducido sustancialmente este año a causa de la situación de inestabilidad por los ataques de Irán, de la menor presencia del grupo terrorista Estado Islámico (EI) y, finalmente, del repliegue de tropas estadounidenses.

El Ejército ha pasado de 550 soldados a principios del 2020 a los 150 actuales y ha abandonado su principal base operativa, Besmayah, cercana a Bagdad, una de las que Estados Unidos ha entregado a las autoridades iraquíes. España está en Irak bajo el paraguas de la OTAN y también de la coalición internacional que lucha contra el EI, liderada por Washington. El objetivo es continuar, a la espera de conocer la política de la nueva Administración liderada por Joe Biden.

Lo mismo ocurre en Afganistán. Allí está desplegado un contingente de unos 30 militares con la Alianza, pero EE.UU. ha anunciado para el inicio de este año una retirada sustancial de sus 4.500 soldados desplegados.

La misión con más presencia española está en el Líbano, donde a día de hoy 600 militares siguen cumpliendo la operación de paz de la ONU en la que lleva implicada desde el 2006. Los españoles también continuarán en Turquía, con 149 militares operando desde el 2014 una batería de misiles para prevenir posibles ataques desde Siria dentro de un mandato de la OTAN.

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