La reforma laboral es la línea roja de Calviño para mantenerse en el Gobierno

Iglesias trata de socavar la confianza de Pedro Sánchez en la vicepresidenta


Madrid | La Voz

«Mi error mayor fue quedarme en el Gobierno de Zapatero en la segunda legislatura». En el año 2013, el exvicepresidente económico del Ejecutivo socialista entre los años 2004 y 2009, Pedro Solbes, confesaba así que se sintió utilizado en aquel Gobierno, porque el resto de ministros convencían al presidente de que se hiciera lo contrario a lo que él recomendaba. En diciembre del 2004, cuando solo llevaba seis meses en el cargo, tuvo ya la primera tentación de irse. Y el motivo fueron «las decisiones de Zapatero sobre el salario mínimo interprofesional», según el propio Solbes. Once años después, y aunque esta crisis es muy distinta a la de entonces, la situación se repite con la vicepresidente económica, Nadia Calviño.

Una batalla equilibrada por ahora

La ministra de Economía se ha convertido en el objetivo a abatir por el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, porque es la única que ha podido frenar hasta ahora algunas de sus presiones a Pedro Sánchez. Calviño ha perdido ya batallas contra Unidas Podemos, como la de prohibición de los desahucios, el compromiso de regular el precio de los alquileres o la propia presencia de Iglesias en el órgano de control de los fondos europeos, a la que ella se oponía. Ahora, de momento, acaba de ganar la última pugna sobre una nueva subida del salario mínimo, que Calviño rechaza, como entonces hizo Solbes.

Pero la verdadera batalla en el Gobierno, y la línea roja de la vicepresidenta económica, la única que podría hacer que se planteara su salida del Ejecutivo, es la reforma laboral, que ella defiende con uñas y dientes mientras Iglesias y Díaz buscan derogarla. La reforma laboral ya provocó que la vicepresidenta tercera lanzara un órdago total a Sánchez cuando le forzó a echar abajo el compromiso firmado con EH Bildu, que el propio presidente del Gobierno había autorizado, para su derogación «íntegra» a cambio de su apoyo al estado de alarma.

Iglesias vio con satisfacción la posibilidad de librarse de Calviño cuando Sánchez la postuló para presidir el Eurogrupo. Pero el fracaso de aquella operación por un solo voto la mantuvo en la vicepresidencia económica. Sánchez es consciente de que Iglesias y Díaz van a ahora por Calviño. Y esta semana la arropó, mostrándose junto a ella en los pasillos del Congreso, defendiendo en el hemiciclo su «mirada progresista y de izquierdas» frente a los ataques de Podemos y EH Bildu, y recordando que el compromiso de subir el salario mínimo al 60% del sueldo medio es «de legislatura», no inmediato. Pero, de puertas adentro, el jefe del Ejecutivo no se ha situado siempre a su favor en el Consejo de Ministros.

«No me hables en ese tono»

En el libro La coalición frete a la pandemia, los periodistas José Enrique Monrosi y María Llapart reproducen una fuerte discusión en el Consejo de Ministros del 28 de marzo, que acabó suspendiendo temporalmente todas las actividades no esenciales. Iglesias, Díaz, y también Escrivá, defendían una paralización casi total de la actividad económica. Y Sánchez les daba la razón. «A ver si es que nos creemos que la economía tiene un botón para apagar y encender cuando queramos», replicó Calviño. «Bueno, ya está bien. Te pido que no me hables en ese tono, Nadia», le respondió Sánchez con sequedad.

Episodios como este han socavado la autoridad de Calviño, que mantiene pese a todo la confianza de Sánchez, entre otras cosas porque le sirve siempre de primer pararrayos frente a Iglesias.

Una figura que encarna el mensaje de rigor fiscal ante la UE

Tras la moción de censura contra Rajoy, Pedro Sánchez se convirtió en presidente con solo con 85 diputados y apoyado, sin pacto de Gobierno, por Unidas Podemos y los independentistas catalanes y vascos. Consciente de la desconfianza que generaba en la Unión Europea un Ejecutivo tan débil y con tan escasa experiencia, Sánchez envió un mensaje de estabilidad y rigor fiscal eligiendo como ministra de Economía a Nadia Calviño. Con una carrera brillante en la UE, que la llevó a ser directora general de Presupuestos de la Comisión Europea, y conexiones al más alto nivel con el establishment financiero, su figura era una garantía frente a supuestas veleidades populistas en economía. Tras fracasar en 2019 en su intento de aprobar unos Presupuestos, Sánchez convocó elecciones y redobló esa apuesta de ortodoxia comprometiéndose en la campaña a nombrar a Calviño vicepresidenta económica. Luego, la necesidad de gobernar en coalición con Unidas Podemos rebajó esa supercartera económica al situar como vicepresidente segundo a Pablo Iglesias.

La relación de Calviño con Iglesias y con la titular de Trabajo, Yolanda Díaz, fue tormentosa desde el primer momento. Y la pandemia solo ha agravado ese desencuentro. Su decepción con la rebaja en su poder para orientar toda la política económica se hizo evidente y le ha llevado a enfrentamientos no solo con ministros de Unidas Podemos, sino también con el titular de Seguridad Social, José Luis Escrivá, con el que ha mantenido también duros debates en el consejo; con la vicepresidenta cuarta, Teresa Ribera, y con el ministro de Transportes, José Luis Ábalos.

Contrarreforma de Yolanda Díaz

Nadie en Moncloa duda de su competencia, su preparación y su prestigio internacional, al que no se acerca ninguno de los otros miembros del Ejecutivo. Pero Unidas Podemos aprovecha su supuesta inflexibilidad y falta de cintura política, y también algunos errores políticos, como cuando dijo que preferiría pactar los Presupuestos con el PP, para presentarla como una figura prepotente y una aliada de los poderes financieros. Calviño lleva mal tener que consensuar la política económica con otros ministros, especialmente con los de Podemos, a los que acusa de buscar «visibilidad». Y suele apelar, cuando se la cuestiona, a que es Sánchez quien le ha encargado dirigir todo el área económica.

Conocedora de la reputación de la vicepresidenta en Europa, y del firme respaldo en Bruselas la reforma laboral, la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, se reunió el pasado jueves con los máximos responsables económicos de la Comisión Europea para vender su proyecto de contrarreforma laboral. Si consigue horadar ese fortín de Calviño, y Sánchez accede finalmente a las pretensiones de Iglesias, la continuidad de la supervicepresidenta económica podría estar en peligro.

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