La reforma laboral es la línea roja de Calviño para mantenerse en el Gobierno

Gonzalo Bareño Canosa
Gonzalo Bareño MADRID | LA VOZ

ESPAÑA

Fernando Alvarado | EFE

Iglesias trata de socavar la confianza de Pedro Sánchez en la vicepresidenta

20 dic 2020 . Actualizado a las 05:00 h.

«Mi error mayor fue quedarme en el Gobierno de Zapatero en la segunda legislatura». En el año 2013, el exvicepresidente económico del Ejecutivo socialista entre los años 2004 y 2009, Pedro Solbes, confesaba así que se sintió utilizado en aquel Gobierno, porque el resto de ministros convencían al presidente de que se hiciera lo contrario a lo que él recomendaba. En diciembre del 2004, cuando solo llevaba seis meses en el cargo, tuvo ya la primera tentación de irse. Y el motivo fueron «las decisiones de Zapatero sobre el salario mínimo interprofesional», según el propio Solbes. Once años después, y aunque esta crisis es muy distinta a la de entonces, la situación se repite con la vicepresidente económica, Nadia Calviño.

Una batalla equilibrada por ahora

La ministra de Economía se ha convertido en el objetivo a abatir por el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, porque es la única que ha podido frenar hasta ahora algunas de sus presiones a Pedro Sánchez. Calviño ha perdido ya batallas contra Unidas Podemos, como la de prohibición de los desahucios, el compromiso de regular el precio de los alquileres o la propia presencia de Iglesias en el órgano de control de los fondos europeos, a la que ella se oponía. Ahora, de momento, acaba de ganar la última pugna sobre una nueva subida del salario mínimo, que Calviño rechaza, como entonces hizo Solbes.

Pero la verdadera batalla en el Gobierno, y la línea roja de la vicepresidenta económica, la única que podría hacer que se planteara su salida del Ejecutivo, es la reforma laboral, que ella defiende con uñas y dientes mientras Iglesias y Díaz buscan derogarla. La reforma laboral ya provocó que la vicepresidenta tercera lanzara un órdago total a Sánchez cuando le forzó a echar abajo el compromiso firmado con EH Bildu, que el propio presidente del Gobierno había autorizado, para su derogación «íntegra» a cambio de su apoyo al estado de alarma.