Cómo ser un buen jarrón chino

Los politólogos consultados por La Voz analizan cuál debe ser el papel de los expresidentes y valoran su comportamiento desde que dejaron el poder


Las medidas apariciones de Felipe González para criticar a Pedro Sánchez; los demoledores ataques de José María Aznar contra el Gobierno de coalición; o la polémica relación de José Luis Rodríguez Zapatero con el régimen de Nicolás Maduro ponen de nuevo sobre la mesa el debate sobre qué papel deben cumplir los expresidentes del Gobierno, a los que González calificó como «jarrones chinos en apartamentos pequeños, se supone que tienen valor y nadie se atreve a tirarlos a la basura, pero en realidad estorban en todas partes».

Funciones

Cada uno a su aire. Sus funciones no están reguladas en España, si bien, como señala el consultor político Santiago Martínez, «en la mayoría de las democracias suele haber una serie de criterios no escritos que en esencia se basan en no alterar el ejercicio de la presidencia vigente». La politóloga Verónica Fumanal asegura que «en EE.UU. la fraternidad entre ex presidentes es mayor que en España; además, su legado y su trabajo posterior está mucho más tasado, aquí cada uno hace lo que puede o quiere». Para el politólogo José Rama, «muchas veces el problema es que no saben llevar a cabo su papel y optan por jugar un rol más relevante del que deberían».

Carlos Barrera, profesor de la Universidad de Navarra, incide en que sus funciones no está definidas y «casi lo único seguro es que se les invita a pertenecer al Consejo de Estado, si no se lo impiden otras obligaciones o cargos». Pero «a casi ninguno se le hace demasiado caso ni en su partido ni fuera de él, a no ser que critiquen a su propio partido, como ocurre con González y el aprovechamiento que de él hace el PP hoy en día».

¿Qué deberían aportar?

Experiencia y sentido de Estado. «Serenidad y sentido de Estado; lo que no parece muy útil es cuestionar al sucesor de turno, intentar tutelarlo o hacer política contra él, le pasó a Rajoy y ahora a Sánchez», opina Fumanal. «Deberíamos aprender de países presidencialistas, como las democracias anglosajonas, en las que apenas intervienen en los asuntos políticos evitando ser un elemento intoxicador del debate», sostiene Martínez. «Podrían aportar su experiencia de gestión y de relaciones internacionales y evitar entrar en cuestiones ideológicas, políticas o partidarias, respetando la presidencia vigente», concluye. «Un expresidente debería ser un referente moral para el conjunto de la nación, no debería estar opinando continuamente sobre el día a día de la política, aportar moderación y abrir cauces de diálogo más que para posicionarse de forma partidista», estima Barrera. Según Rama, «sus vivencias deberían de sumar y ayudar al Gobierno en temas de gestión de crisis, coordinación territorial, etc, pero parece que nuestros ex-presidentes ayudan a avivar llamas en lugar de apagarlas».

González

¿El peor o el de más altura de miras? «Está siendo el pepito grillo de la presunta radicalización de los gobiernos de Sánchez, pero carece de poder interno porque es otra la generación en el poder, que le ningunea», afirma Barrera. «Ha sabido aportar mucha coherencia a debates que han dividido mucho a los españoles; es, tal vez, el expresidente que aporte mayor serenidad y altura de miras, señala Rama. Para Martínez, «es el peor expresidente, ya que constantemente está intentado dar lecciones a los españoles y a su partido, ha nacido en una sociedad diferente a la de los 80 lanza un mensaje rancio que nada tiene que ver con el PSOE que viene proyectándose desde hace una década; debería asumir que su tiempo ya pasó». Además, «su escandaloso abuso de las puertas giratorias con presencia en consejos de empresas y su nivel de vida fruto de estas relaciones empresariales le desacreditan para ser una voz autorizada hoy en día».

Aznar

Ayuda a polarizar. «Pocas cosas positivas que señalar de Aznar, el ser un verso roto dentro de su partido, ha ayudado a polarizar España, mas que a curar heridas», asegura Rama. Y destaca que «nunca ha dudado en entrar en polémicas sobre distintas medidas del Gobierno o, incluso, en atizar a su propio partido».

Para Barrera, sigue siendo una referencia del sector liberal conservador del PP y habla con contundencia, fiel a su estilo». «Como González, ante las crisis territoriales habla en clave de Estado, y eso le concita atención por los sectores más antinacionalistas», añade. Martínez considera que «es un espejo de González», pero, al contrario que este con Sánchez, «su ascendencia sobre Casado es enorme, y puede que también preocupante».

Zapatero

Venezuela y el más anglosajón. Barrera resalta su «bastante inexplicable implicación en la crisis de Venezuela; no se sabe muy bien a qué juega y le puede pasar factura a su reputación». «Hasta el momento había tenido un papel muy secundario, pero aparece ahora de la nada para legitimar las elecciones parlamentarias de Venezuela», estima Rama. «Es el perfil que más se acerca al modelo anglosajón, interviniendo más en el ámbito internacional, y evitando entrar en la pelea doméstica; es un defensor del concepto de ejercicio generacional del poder y así lo ha expresado al recomendar a Sánchez desoír a González y a Guerra», sostiene Martínez.

Mariano Rajoy

El más discreto. Para Rama, «ha tenido un papel completamente secundario tanto en la política española como en su partido; ha sabido echarse a un lado». «En línea con su personalidad, es el más desapercibido, adoptando un papel totalmente discreto e interviniendo solo en cuestiones de tipo político en algunas campañas, muy selectivo con sus apariciones y sus intervenciones», considera Martínez. «Su poco peso internacional durante su mandato ha provocado que apenas tenga espacio de desarrollo en ese ámbito, por ello su papel se ve más estancado», explica. Barrera no lo califica porque «casi no le ha dado tiempo ni a decir esta boca es mía».

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