Este miércoles, moción de censura de Abascal contra Sánchez. Emoción descriptible. El presidente censurado dormirá esta noche tan tranquilo como si no se hubiera aliado con Pablo Iglesias. Acudirá al Congreso después de desayunar un antídoto contra insultos y descalificaciones. El lector de la moción, el catalán Ignacio Garriga, tendrá un tono muy electoral, porque tiene que lanzarse a sí mismo para las próximas elecciones catalanas, en las que será candidato. Cuando hable Abascal, le caerán todavía más improperios, porque el líder de Vox ya dejó dicho que este Gobierno es el peor de los últimos 80 años, es decir, desde 1940, viva Franco. Y volverá otra tormenta sobre Sánchez cuando hable Arrimadas. Y la tormenta se volverá ciclón cuando Pablo Casado suba a la tribuna: el presidente del PP tiene que demostrar que no es tan radical como el censor, pero no es menos oposición.

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Pablo Casado, ante la trampa perfecta