Jordi Sànchez y Jordi Cuixart, los primeros dirigentes del desafío independentista en ser enviados a prisión

El mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, y la intendente Laplana, en libertad con cargos


La Voz

Los líderes de la Asamblea Nacional Catalana (ANC), Jordi Sànchez, y de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, pasaron su primera noche en prisión, adonde los envió el 16 de octubre del 2017 la jueza Carmen Lamela tras tomarles declaración.

La magistrada confirmó la petición de la Fiscalía y los acusó de liderar las concentraciones del 20 y 21 de septiembre en Barcelona. Una, frente a la Consejería de Economía, donde una comitiva judicial registraba el inmueble y en el que tuvo enormes dificultades para abandonarlo ante la multitud de manifestantes convocados a través de las redes sociales. Algunos destrozaron tres vehículos de la Guardia Civil en los que se había trasladado la comitiva judicial.

Además, la resolución judicial alude a que el 1-O ambos «realizaron llamadas a los participantes a permanecer en los colegios y presentar resistencia a las actuaciones policiales encaminadas a impedir las votaciones».

La ANC fue la impulsora de las masivas Diadas celebradas desde el 2012, mientras que Òmnium Cultural, creada en 1961, está considerada como la mayor asociación cívico-cultural de Cataluña. Surgió para defender la lengua catalana y se sumó al proyecto independentista cuando nació la ANC en el 2011.

En su escrito, Lamela también observa que existe riesgo de reiteración delictiva o de alterar o destruir pruebas, por lo que Sànchez y Cuixart fueron trasladados a la cárcel del Soto del Real, en Madrid. Allí coincidieron con Jordi Pujol Ferrusola y el expresidente del FC Barcelona Sandro Rosell.

En cambio, el mayor de los Mossos, Josep Lluís Trapero, imputado por un delito de sedición, y la intendente María Teresa Laplana, para quien la Fiscalía también solicitó prisión provisional, quedaron en libertad con cargos.

Cita el auto «la pasividad, aún por investigar, que se atribuye a los Mossos en los hechos acaecidos el 1 de octubre».

En el ámbito político, Carles Puigdemont continuaba abonado a la ambigüedad para evitar aclarar si declaró o no la independencia como le pidió en una requisitoria el presidente Rajoy para decidir si aplicaba el artículo 155 de la Constitución. En su carta, el entonces presidente de la Generalitat hizo guiños a la CUP, que estaba deseosa de que se convocase un pleno solemne para declarar oficialmente la república catalana.

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