Los presos del «procés» dicen después de un año de condena que volverían a hacerlo

La ANC amaga con tomar partido por unas siglas por primera vez en las elecciones del 14F. Tres años del 1-O: los secesionistas ponían la economía al borde del abismo

Los doce líderes independentistas condenados por el  procés
Los doce líderes independentistas condenados por el "procés"

Barcelona / Colpisa

Doce meses después de hacerse pública la sentencia del Tribunal Supremo, que dictó penas de nueve a trece años de cárcel, los presos del procés reafirmaron ayer su compromiso con la independencia y se mostraron dispuestos a repetir los hechos de octubre del 2017. «Lo volveremos a hacer y lo haremos juntos y sin dejarnos a nadie por el camino», expresó el presidente de Òmnium Cultural, Jordi Cuixart, en Catalunya Ràdio. «No nos rendiremos nunca», apuntó en el mismo medio Josep Rull, de JxCat. Ayer hace un año, la Cataluña independentista se echó a la calle y mostró su indignación contra una sentencia, que los presos califican de «injusta» y «vengativa». «La ley es la misma para todos. La justicia no lo es. Es una injusticia. Y también la prueba de que España es un Estado fallido», según el exconsejero Raül Romeva. «No era justicia, es venganza», dijo Carme Forcadell. «Una sentencia que llevaba nuestros nombres pero sentenciaba a todo un país, a toda una opción política», afirmó Oriol Junqueras, también en declaraciones a la radio pública catalana.

El fallo provocó las protestas más violentas de todo el período del procés. Fue un mes entero de movilizaciones, aunque las algaradas más virulentas se registraron los primeros quince días. Especialmente, los disturbios de la plaza Urquinaona de Barcelona. Solo en una noche resultaron heridas 150 personas. El balance total de los enfrentamientos entre secesionistas y policías fue de 600 heridos y 200 detenidos. Cuatro personas perdieron un ojo, un quinto manifestante perdió un testículo y un policía nacional gallego estuvo en la UCI por el impacto de una piedra en la cabeza.

Tsunami Democrático tomó el aeropuerto y amenazó con una revuelta popular el mismo día de la sentencia. Los CDR regresaron ayer a Urquinaona, para conmemorar una batalla campal que el independentismo trata de elevar a icono revolucionario. «Lo que nos espoleó, al menos a mí personalmente, fue ver que al cabo de muy pocas horas la gente estaba en la calle protestando, apoyándonos y denunciando lo que fue un castigo político», aseguró el exlíder de la ANC, Jordi Sànchez. No todo son buenas palabras hacia el movimiento. La exconsejera Dolors Bassa cree que las instituciones catalanas «no estuvieron a la altura para consensuar una respuesta unitaria». 

Homenaje a los presos

El Gobierno catalán quiso este miércoles rendir tributo a los presos con una recepción a sus familiares en el Palau de la Generalitat, que reiteraron su petición de una ley de amnistía e insistieron en que el indulto no es la solución. La mujer de Joaquim Forn, Laura Asvidal, cargó contra los partidos por sus batallas de «bajos vuelos». La falta de unidad se ahondará de cara a las elecciones. Más aún si la ANC consuma la amenaza que lanzó ayer. La Asamblea estudia decidir si por primera vez quiebra su neutralidad y en las elecciones del 14F toma parte por una formación. Sus relaciones con Esquerra son muy tirantes, por lo que la disyuntiva quedaría entre JxCat o la CUP.

Los secesionistas ponen la economía al borde del precipicio: el turismo cae, las empresas huyen y se congela la inversión

Redacción
El directivo del Grupo Planeta, Josep Crehueras
El directivo del Grupo Planeta, Josep Crehueras

En 15 días, Cataluña perdió 540 compañías por la inseguridad jurídica

En contra de la propaganda independentista que vendía una Cataluña más próspera si fuese un Estado, la realidad es que los secesionistas llevaron a la comunidad autónoma a una falta de seguridad jurídica que condujo a la economía de la región hacia un precipicio. Fuga de depósitos, huida de empresas, congelación de inversiones, desplome bursátil, subida de la prima de riesgo, impacto en la calificación crediticia, entre otros, son indicadores de que la economía no respiraba aire limpio. A estos efectos indeseados les acompañaron otros también resaltables como la caída del turismo, el daño a la imagen exterior de España como país serio, estable y con seguridad jurídica, y el terror al boicot comercial de los productos catalanes en el resto de España.

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