10 de octubre del 2017: Puigdemont proclama la independencia de Cataluña y 48 segundos después la suspende

Los secesionistas pasaron de la euforia a la depresión por la calculada ambigüedad del entonces presidente Puigdemont, que solo sirvió para romper el bloque independentista

Puigdemont tras su intervención en el Parlamento catalán el día que proclamó la independencia
Puigdemont tras su intervención en el Parlamento catalán el día que proclamó la independencia

Redacción / La Voz

Desoyendo todas las peticiones del Gobierno español, del Congreso de los Diputados, de la oposición en Cataluña, de todas las instituciones de la Unión Europea y de numerosos organismos internacionales, el 10 de octubre del 2017 Carles Puigdemont proclamó la independencia de Cataluña.

«Llegados a este momento histórico, y como presidente de la Generalitat, asumo al presentar los resultados del referendo, ante el Parlamento y nuestros ciudadanos, el mandato del pueblo de que Cataluña se convierta en un Estado independiente en forma de república», proclamó Puigdemont. Solo 48 segundos después, tras su ambigua formulación, pidió la suspensión inmediata de la independencia para que «en las próximas semanas emprendamos un diálogo sin el cual no es posible llegar a una solución acordada».

Los miles de secesionistas que estaban congregados cerca del Parlamento catalán pasaron de la euforia a la depresión en cuestión de segundos por la calculada ambigüedad de Puigdemont, que solo sirvió para romper el bloque independentista. Mientras el presidente Rajoy convocaba en La Moncloa a los líderes del PSOE y Ciudadanos, Pedro Sánchez y Albert Rivera, para consensuar una respuesta al desafío secesionista con la inminente aplicación del artículo 155 de la Constitución, los antisistema de la CUP entendieron que no se había declarado la ansiada república independiente de Cataluña.

La CUP se negó a firmar el texto inicial en el que se recogía la «suspensión de los efectos» de la independencia. Finalmente, y en otro intento de burlar las consecuencias judiciales, el documento definitivo -que rubricaron Junts pel Sí y la CUP, Puigdemont, el vicepresidente Junqueras y la presidenta de la Cámara catalana, Carme Forcadell- no se registró oficialmente en el Parlamento lo cual lo convirtió en papel mojado desde el minuto 1.

Puigdemont defraudó así a propios y extraños y esa noche se acostó con la amenaza de la CUP de romper con Junts pel Sí y dejarle en minoría. El desafío secesionista se debilitó al patinar en el momento clave y más de mil periodistas acreditados, 358 de ellos extranjeros, contaron al mundo la ridícula traición.

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