Madrid / La Voz

En septiembre del 2015, Pedro Sánchez y Miquel Iceta bailaban el Don't stop me now (No me detengas ahora), de Queen, en plena campaña de las elecciones catalanas. Cinco años después, es el líder del PSC el que ha tenido que revolverse para detener el intento de Pedro Sánchez y de sectores del socialismo catalán de poner freno a su euforia política para que el ministro de Sanidad, Salvador Illa, le sustituya como candidato a las elecciones catalanas de febrero. Una batalla que Iceta nunca pensó tener que dar frente a quien, al menos hasta ahora, era su más fiel escudero. «Lo que diga Salvador» es una frase ya mítica de Iceta para resolver cualquier discusión en el seno del PSC. Pero un error estratégico puso en riesgo su liderazgo en el socialismo catalán.

A primeros de mayo del 2019, Iceta recibió una llamada del presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, que le ofreció incorporarse como ministro al Gobierno que aspiraba a formar tras su triunfo en las elecciones de abril de ese mismo año. Iceta había estado siempre en las quinielas como ministrable, ya en la legislatura anterior, la de la moción de censura. El líder del PSC rechazó sin embargo la oferta de Sánchez, pero planteó una alternativa. Convertirse en presidente del Senado, cargo que se consideraba clave para impedir una nueva aplicación del artículo 155. Solo una semana más tarde, Iceta sufría el mayor fiasco de su larguísima carrera política cuando ERC votó en contra de su designación como senador autonómico y frenó en seco su acceso a la presidencia del Senado. Hoy, Iceta está pagando las consecuencias de ese error, impropio de alguien que concibe la política como pura estrategia. 

Illa sintoniza mejor con Sánchez

Una vez que se repitieron las elecciones y se cerró el pacto de Gobierno entre PSOE y Unidas podemos, fue Iceta quien propuso a Sánchez que fuera su mano derecha y hombre de confianza el que ocupara la cuota del PSC en el Ejecutivo. La cartera daba igual, porque su misión era servir de enlace entre Madrid y Barcelona. Tocó Sanidad. Pero la pandemia convirtió al filósofo Illa en hombre clave del Gobierno, multiplicando su popularidad.

El pasado mes de agosto, Illa era ya el segundo político mejor valorado de Cataluña, con un 4,97 de nota, solo por detrás de Oriol Junqueras (5,72), y por delante de Joaquim Torra (4,18). Iceta se quedaba en un pobre (4,02). Arreció entonces en sectores del PSC y del PSOE la propuesta de que Illa sustituyera a Iceta como candidato a las elecciones catalanas. El eterno apparátchik del PSC tiene detractores en su propio partido. Y sus continuas salidas de tono respecto al referendo de independencia en Cataluña o la libertad de los presos del procés generan un profundo rechazo en amplios sectores del PSOE. Illa, sin embargo, por su carácter pragmático y sensato, conectó perfectamente con Sánchez, que sabe que le daría muchos menos quebraderos de cabeza.

Aunque era consciente de la maniobra, Iceta pensó que el tiempo acabaría con ella. Pero la idea de situar a Illa como candidato revivió tras la inhabilitación de Torra, que fuerza unas nuevas elecciones. Y el líder del PSC tuvo que bajar esta semana a la arena para abortar ese plan por la expeditiva fórmula de declararse el «mejor» candidato y señalar que Illa debe seguir en Madrid, pese a que las primarias del PSC no se celebrarían, si alguien le planta cara, hasta noviembre. El fuego parece apagado, pero será difícil volver a Sánchez e Iceta bailando a ritmo de Queen.

Un giro que aplaza la posibilidad de remodelar el Gobierno 

G. B.

el giro que ha supuesto la declaración del estado de alarma en Madrid y el golpe de mano de Iceta para abortar cualquier posibilidad de ser sustituido por Salvador Illa cierran la única ventana de oportunidad que se le ofrecía a Pedro Sánchez para abordar una remodelación de su Gobierno que, aunque en el PSOE y en Unidas Podemos se considera necesaria para reforzar el perfil político del Ejecutivo, parece inabordable en plena pandemia sin un argumento ineludible. La candidatura de Illa a la Generalitat, que se justificaría con la entrada del propio Iceta en el Gobierno, no necesariamente en Sanidad, habría facilitado un cambio de piezas. 

En el sector socialista del Ejecutivo, la negociación de los presupuestos está provocando una fricción cada vez más palpable entre la vicepresidenta tercera y ministra de Economía, Nadia Calviño, con el vicepresidente segundo, Pablo Iglesias, y la ministra de Trabajo, Yolanda Díaz, pero también con ministros del PSOE como el titular de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones, José Luis Escrivá. Y Sánchez ha tomado partido por Iglesias, Díaz y Escrivá. Los periodistas María Llapart y José Enrique Monrosi acaban de revelar en el libro La coalición frente a la pandemia, con fuentes directas de Moncloa, esa fortísima tensión, que llevó a Sánchez a enfrentarse a Calviño en un consejo de ministros. «No me hables en ese tono», le llegó a decir a la vicepresidenta cuando le cuestionó por dar la razón a Yolanda Díaz -cada vez más fuerte en el Ejecutivo-, en el debate económico. La aprobación antes de fin de año de unos presupuestos pactados con ERC y marcados por Unidas Podemos situaría a Calviño con un pie fuera del Gobierno.

Pero Iglesias también vería con buenos ojos esa oportunidad para hacer cambios. Podemos considera quemado al ministro de Universidades, Manuel Castells, que ha resultado un fiasco en las filas moradas, no solo por su falta de pulso político, sino por su modelo de universidades «a la americana», muy alejado de los planteamientos de Iglesias. Y el ministro de Consumo, Alberto Garzón, ha perdido también la confianza del vicepresidente segundo. Pero, tras el plante de Iceta y el estado de alarma en Madrid, que hace impensable ahora el relevo de Illa, todos esos posibles cambios de piezas tendrán que esperar al menos hasta después de las elecciones catalanas.

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Iceta aborta el plan de Sánchez para que Illa sea el candidato del PSC en Cataluña