El juez imputa a Fernández Díaz por su «participación directa» en la Kitchen

García-Castellón descarta interrogar por el momento a Cospedal, pese a la petición de la Fiscalía

Jorge Fernández Díaz, durante una comparecencia en el Congreso en el 2015
Jorge Fernández Díaz, durante una comparecencia en el Congreso en el 2015

Madrid / Colpisa

Era solo cuestión de tiempo porque el sumario lo situaba en el centro de la diana y al final ha ocurrido. El juez de la Audiencia Nacional Manuel García-Castellón, instructor del caso Kitchen, ha citado como imputado (investigado) al exministro del Interior Jorge Fernández Díaz por el espionaje ilegal al extesorero del PP Luis Bárcenas. El ministro de Mariano Rajoy entre el 2011 y el 2016 deberá declarar el 30 de octubre.

Un día antes lo hará, también en condición de imputado, el que fuera su mano derecha en Interior, Francisco Martínez. El exsecretario de Estado de Seguridad, que en su día se negó a declarar en sede judicial, asegura ahora estar dispuesto a señalar a lo más alto del ministerio y su interrogatorio se presenta como clave para saber hasta dónde llegará esta investigación que ya salpica con fuerza a la antigua cúpula de Génova 13.

La que por el momento se salva de hacer el paseíllo en la Audiencia Nacional, aunque probablemente por muy poco tiempo, es la ex secretaria general del PP María Dolores de Cospedal, tal y como había solicitado la Fiscalía, que entendía que la exministra de Defensa estaba en el origen de la contratación de los servicios del excomisario José Villarejo por parte del PP para espiar a Luis Bárcenas.

El Ministerio Fiscal solicitó la imputación de Fernández Díaz y Cospedal por presuntos delitos de prevaricación, descubrimiento y revelación de secretos y malversación de caudales públicos. Sin embargo, García-Castellón entiende que antes de resolver sobre la citación solicitada por la Fiscalía respecto de Cospedal y de su marido, Ignacio López del Hierro, se impone, a la vista del avance de la investigación, llamar de nuevo a Francisco Martínez para saber si está dispuesto a dar datos que amarren la imputación de ambos.

«Dirigido y coordinado»

García-Castellón, por el momento, ve precipitado atender la petición de la Fiscalía en el tema del matrimonio López del Hierro-Cospedal. No obstante, sí que da la razón al Ministerio Público en su solicitud de imputar sin demora a Jorge Fernández Díaz, porque, argumenta, las investigaciones practicadas hasta el momento permiten situar el «centro nuclear» de la operación en el Ministerio del Interior, «desde donde se habría dirigido y coordinado toda la operativa, presuntamente con la participación directa del ministro y actuando por delegación de este, al parecer, el secretario de Estado de Seguridad».

El juez de la Audiencia Nacional revela que ha considerado básico el material encontrado en poder de Villarejo, particularmente sus famosas cintas, para imputar al ministro de Rajoy, quien, según el sumario, estuvo al tanto de la operación de espionaje a Bárcenas y del uso de personal, material y fondos reservados del ministerio para ese cometido ilegal.

Feijoo: «Nosotros defendemos el Estado de derecho»

En relación a la imputación de Fernández Díaz, el presidente de la Xunta, Alberto Núñez Feijoo, señaló este viernes en A Coruña: «No vamos a criticar esta decisión judicial, ni vamos a decir que es una persecución de fiscales y de jueces hacia un partido político. Eso ya se lo dejamos a partidos que están en el Gobierno». «Nosotros defendemos el Estado de Derecho», recalcó tras subrayar que «cualquier militante del PP» irá a declarar si es llamado por el juez.

El papa Benedicto XVI recibió en en audiencia al ministro Jorge Fernández-Díaz en febrero del 2013 en el Vaticano
El papa Benedicto XVI recibió en en audiencia al ministro Jorge Fernández-Díaz en febrero del 2013 en el Vaticano

Un fiel escudero de Rajoy que vio la luz de Dios en Las Vegas

Jorge Fernández Díaz (Valladolid, 1950) aterrizó con solo tres años en Barcelona, donde su padre había sido nombrado mando de la guardia urbana por la dictadura franquista. Como su hermano Alberto —concejal del PP en la Ciudad Condal—, en los ochenta se convirtió en miembro del reducido grupo de conservadores barceloneses que optaron por la derecha española (primero UCD, luego CDS, AP y finalmente PP) frente a la omnipresente derecha catalana (entonces Convergencia y ahora ya ni se sabe).

En 1991, su vida experimentó un giro copernicano. Durante un viaje nada menos que a Las Vegas, vio la luz —no precisamente de neón— y abandonó los placeres mundanos para convertirse a un catolicismo militante (es supernumerario del Opus Dei). Su profunda religiosidad le ha llevado a condecorar a varias Vírgenes con las medallas de la Policía Nacional y la Guardia Civil e incluso habla con desparpajo de su ángel de la guarda. El tal Marcelo es un ser sobrenatural que es capaz de encontrar aparcamiento en el centro de Madrid.

Ha sido siempre un hombre de Rajoy. Fue tres veces secretario de Estado a sus órdenes y, tras su victoria en el 2011, fue ministro del Interior. Pero los amores terrenales —al contrario que el de Marcelo— no son eternos, y en el 2016, Mariano Rajoy lo destituyó para no verse salpicado por los turbios asuntos de la policía patriótica. Su autobiografía se titula Cada día tiene su afán y en ella Villarejo no hace ni un cameo.

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