El retraso de las elecciones catalanas facilita que ERC y PDECat apoyen los Presupuestos

Podemos y Ciudadanos desdibujan sus líneas rojas sobre las cuentas públicas

Sánchez, durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso del pasado miércoles
Sánchez, durante la sesión de control al Gobierno en el Congreso del pasado miércoles

MAdrid / Colpisa

El empeño de Quim Torra de no pactar con ERC la fecha de las elecciones catalanas para convocarlas antes de fin de año ha supuesto un balón de oxígeno para Pedro Sánchez en la búsqueda de apoyos para los Presupuestos del próximo año. Esquerra se ve liberada del marcaje de JxCat en la competición de soberanismo y rechazo a los pactos con el Gobierno y tiene un margen de maniobra mayor para entenderse con los socialistas. Del mismo modo, los cuatro diputados del PDECat se han convertido en actores autónomos en el tablero político tras su ruptura con los de Carles Puigdemont.

Son 17 votos que pueden ser vitales en la recta final de las conversaciones, que pueden compensar una eventual ruptura con Cs y sus diez diputados. Sánchez, de todas maneras, sigue firme en su plan de contar con todos, salvo PP, Vox y JxCat, para salvar las cuentas públicas. La Moncloa aspira a sumar del orden de los 200 apoyos. Pero de momento son las cuentas de la vieja.

Es muy probable que el Supremo confirme este jueves la sentencia de inhabilitación de Torra dictada por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por negarse a retirar de los edificios de la Generalitat pancartas de apoyo a los presos secesionistas durante la campaña electoral. El presidente catalán se niega a convocar las elecciones antes de su suspensión para que no sea «la Justicia española» la que marque la agenda política en Cataluña. Una decisión que más tiene que ver con la necesidad de Puigdemont y JxCat de ganar tiempo y reorganizarse para esas elecciones tras la ruptura con el PDECat, el partido heredero de Convergència.

El caso es que no parece que las elecciones catalanas se vayan a celebrar este año, y en ese escenario se enmarca la apelación del pasado miércoles del portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufián, al presidente del Gobierno para que «aguante» con los Presupuestos. El Ejecutivo va a aguantar y, por de pronto, no va a llevar el proyecto de las cuentas al Congreso el 30 de septiembre. Lo deja para la primera quincena de octubre, según anunció la vicepresidenta tercera, Nadia Calviño.

Esquerra reconoce que tiene muy difícil llegar a acuerdos con Sánchez en campaña electoral porque cualquier acercamiento, por tímido que sea, es utilizado por JxCat para erigirse como los verdaderos independentistas frente a la tibieza republicana. Sin el condicionante de las urnas el partido que lidera Oriol Junqueras muestra otro talante. La reunión de la mesa de diálogo entre el Gobierno y la Generalitat en la última quincena de mes, va a engrasar más esas relaciones entre republicanos y socialistas. Sánchez ha dado su conformidad a ese encuentro, Esquerra también y Torra se lo piensa. 

La reforma fiscal

Con estas novedades en el tablero, Sánchez no cambia de planes y no renuncia a la baza de Cs a pesar de los fuertes reparos para compartir mesa con los liberales que plantean ERC y, cada vez menos, Podemos. El partido de Pablo Iglesias ha comenzado a modular sus planteamientos presupuestarios en el apartado fiscal. Las subidas de impuestos ya no son condición sine qua non. El secretario de Estado de Derechos Sociales, Nacho Álvarez, acepta que «no hay urgencia para abordar una reforma fiscal en profundidad», tal y como se había acordado en el pacto de Gobierno, documento rebajado por el propio Iglesias a la categoría de «fuente de inspiración».

Cs por su parte también ha flexibilizado sus planteamientos. Ya no habla de «mesa de la vergüenza» para referirse al foro entre Moncloa y Generalitat. De todos modos, desconfían de este giro en el escenario. El «no se han salido de la foto de Colón» que Sánchez dedicó a Ciudadanos el miércoles disparó las alarmas de los de Inés Arrimadas. Sobre todo porque entienden que no venía cuento ya que las conversaciones con la Moncloa son hasta ahora una balsa de aceite.

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