Villarejo mide desde el banquillo su capacidad de chantaje al Estado

El primero de la larguísima lista de juicios del excomisario se libra esta semana con su enemigo acérrimo, el exdirector del CNI

El excomisario de la Policía Nacional, José Manuel Villarejo
El excomisario de la Policía Nacional, José Manuel Villarejo

Madrid / Colpisa

Es solo un aperitivo. Un simple round de tanteo antes de un periplo judicial que va a durar todavía años. Pero el próximo viernes, si no hay aplazamientos, en las esquinas del cuadrilátero estarán los dos púgiles que, probablemente más sepan de la de la historia más turbia de la España de las últimas décadas. Por un lado estará Félix Sanz Roldán, quien dirigiera los servicios secretos del país entre el 2009 y el 2019 después de haber liderado durante cuatro años los tres Ejércitos como Jemad. Enfrente se situará el excomisario José Manuel Villarejo, al que no hace falta casi presentar porque sus grabaciones y dosieres han puesto contra las cuerdas, entre otros, al rey Juan Carlos (con la pieza Carol sobre su relación con Corinna y sus negocios en Arabia) o al expresidente Mariano Rajoy (por la pieza Kitchen sobre el espionaje ordenado por el PP a Luis Bárcenas).

Pero a pesar de que Villarejo y sus revelaciones han provocado que el exjefe del Estado deba 'exiliarse', que el Parlamento vaya a investigar si Rajoy ordenó obstruir a la Justicia o que las mismísima fiscal jefe del Estado todavía se avergüence de sus insultos homófobos al actual ministro del Interior, lo ciertos es que el que sigue con el agua al cuello es el excomisario, quien con 69 años recién cumplidos este agosto continúa en prisión preventiva desde noviembre del 2017 y con un panorama más que oscuro para poder conseguir salir.

Esta semana, ese comisario que hace tres años amenazaba con hacer temblar los cimientos del país si alguien osaba a tocar su emporio económico y que se jactaba de que sus grabaciones de amantes, empresarios y políticos le hacían intocable, va a tener la oportunidad de comprobar ante los tribunales

El hombre que se enfrenta ya más de un centenar de años de petición fiscal por las primeras piezas acabadas de instruir sobre su persona en el denominado macrosumario Tándem debuta en los tribunales este viernes con una aparente cuestión menor, pero que tiene mucho más calado del que pudiera parecer: sus gravísimas acusaciones públicas contra Sanz, su enemigo íntimo y al que Villarejo culpa de todos sus males.

El exmando se sienta por primera vez ante un juez, el titular del Juzgado de lo Penal 8 de Madrid, para responder de sendos delitos de calumnias y denuncia falsa contra el exdirector del CNI por los que la Fiscalía le pide dos años de cárcel. Una petición, según todas las fuentes consultadas, «desproporcionada» por «simples delitos contra el honor», pero que en cualquier caso es peccata minuta con lo que se le viene encima. El exmando del CNP -explican desde su entorno- quiere en este juicio calibrar hasta qué punto un tribunal público, y no un juez de instrucción como los que en la Audiencia Nacional le niegan una y otra vez la libertad, da verosimilitud al acusado. Y es que la cuestión de fondo de este juicio, en realidad, no va mucho más allá de una «trifulca de patio de colegio» entre los dos personajes que mejor se han movido en la trastienda del Estado en los últimos años.

El excomisario se sienta en el banquillo por haber asegurado que Sanz Roldán filtró a un periódico su foto durante una misión secreta en Melilla y por haber afirmado en el 2017 en su famosa entrevista en Salvados que el exjefe de los servicios secretos había amenazado de muerte a la amiga íntima de Juan Carlos I. Pero detrás de este juicio aparentemente simplón hay mucho más. El excomisario y su entorno, antes incluso de su encarcelamiento, culpaban de su persecución al exdirector del CNI, alegando que Sanz estaba celoso, casi «envidioso», de que Villarejo hubiera montado en el seno de la Policía Nacional un aparato de inteligencia que podía rivalizar con los mismísimos servicios secretos, hasta el punto de dejarles en ridículo en temas muy sensibles.

Cuestión de agallas

En 'La Casa' la versión es bien otra: Sanz tuvo las agallas de plantar cara a Villarejo para desmontar sus millonarios negocios de espionaje a cuenta de usar sin reparo todos los instrumentos de la Policía en beneficio propio y acabar con su emporio empresarial, crecido a la sombra de su omnímodo e indiscutido poder en el cuerpo durante los últimos 30 años. Villarejo culpa a «La Casa» de estar detrás, en principio, de los intentos por involucrarle en el «caso del pequeño Nicolás», en el «caso Gao Ping» o en la agresión a la dermatóloga Elisa Pinto. Y luego, tras no haber conseguido tocarle con esas maniobras, de haber colonizado a Asuntos Internos para destapar, ahora sí con éxito, el caso Tándem. El otrora todopoderoso comisario -dicen los pocos que todavía le son fieles- cada vez confía menos en no terminar sus días entre rejas y ya solo especula con la posibilidad, aunque sabe remota, de que el su archienemigo Sanz Roldán acabe tan mal como él.

Una larguísima lista de acusaciones contra Sanz Roldán

La caterva de acusaciones del excomisario contra el exdirector del CNI es larguísima y ya está denunciada desde el 2017 en la Audiencia Nacional. Se trata, entre otros, de la puesta en marcha de un prostíbulo en las cercanías del Congreso para «espiar» a políticos; el «entorpecimiento» de la investigación sobre Ignacio González; el «boicot» a la investigación sobre la familia Pujol; el uso de los servicios secretos para «labores políticas»; el «pago ilegal a terroristas» en el extranjero para liberar a españoles; la búsqueda de una falsa hija ilegítima de Artur Mas; la «contratación de mercenarios» para «robar en Mónaco» documentación de la amiga don Juan Carlos; la «sustracción de un pendrive» al fiscal del caso Nóos; o la «compra» de periodistas.

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