El inquilino y el casero de la Moncloa


Invitar al PNV a la Moncloa es arriesgarse a que le limpien a uno hasta las telarañas, claro que esto no debe coger de sorpresa a nadie, ni siquiera a Pedro Sánchez, pues es sabido que las elecciones son cosas que pasan cada cuatro años y siempre ganan los vascos. El susodicho partido nacionalista es a la política como Alemania al fútbol. El asunto es que a Sánchez le gusta practicar el peligroso deporte de la geometría variable, de ahí que, de cuando en vez, invite a la casa del colchón cambiado a los portavoces de otros partidos. El del PNV se llama Aitor Esteban. En este posado, Sánchez no puede tener más cara de inquilino. Normal, porque estamos en una democracia y la Moncloa no es Meirás. La anomalía es el rostro de casero que tiene el peneuvista. El palacio no es suyo, pero ni falta que le hace. De ahí la risita tras la mascarilla. Sabe que si Sánchez quiere seguir durmiendo en la Moncloa va a tener que continuar pagándole el alquiler al PNV.

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