madrid / colpisa

«Su Majestad el rey don Juan Carlos ha indicado a la Casa de Su Majestad el Rey que comunique que el pasado día 3 del presente mes de agosto se trasladó a Emiratos Árabes Unidos, donde permanece en la actualidad». Con este escueto comunicado se puso fin a dos semanas de especulaciones sobre el paradero del emérito. En realidad, pese a los rumores iniciales que lo situaban en la República Dominicana o en Portugal, desde hace días era ya conocido que Juan Carlos I estaba en el país árabe. Pero faltaba la confirmación. Y, con ella, la evidencia de que cuando el Palacio de la Zarzuela anunció que quien fuera jefe del Estado durante 39 años abandonaba España, «guiado por el convencimiento de prestar el mejor servicio a los españoles, a sus instituciones y a ti como Rey», según sus palabras, el padre de Felipe VI ya se encontraba en los Emiratos Árabes.

Es indudable, a su vez, que tanto la Casa Real como el Gobierno están al corriente en todo momento del paradero de don Juan Carlos, aunque Pedro Sánchez, al día siguiente de anunciarse su salida, declarara abiertamente que lo desconocía. Con los días, fue matizando sus palabras y trasladaba a la Zarzuela, y más concretamente a Juan Carlos I, la responsabilidad de comunicar dónde estaba en la actualidad. Tampoco Felipe VI, en sus breves encuentros con los medios de comunicación durante estos días en Baleares, hizo ademán de dar respuesta a la pregunta más formulada desde que el 3 de agosto.

Por qué se comunicó ahora y no hace dos semanas es una incógnita que probablemente el tiempo no resolverá. Pero quedan bastantes más. Por ejemplo, cuánto tiempo permanecerá don Juan Carlos en los Emiratos Árabes o, por concretar, en cuál de los siete emiratos está. A esta última cuestión parece que sí hay respuesta, y es en Abu Dabi, a donde habría llegado procedente de un vuelo privado que habría partido el día anterior desde el aeropuerto de Vigo. Y también es más que probable que Juan Carlos I no fije en los Emiratos Árabes su residencia definitiva.

El emérito mantiene muy buena relación con los representantes de las dinastías que reinan en los países del golfo Pérsico. Abu Dabi ha sido uno de los destinos más frecuentados por el padre de Felipe VI desde su abdicación en junio del 2014. La última vez que estuvo en este emirato fue a finales de noviembre del pasado año con motivo del Gran Premio de Fórmula 1 en el circuito de Yas Marina. Un año antes viajó también con motivo de esta competición, aunque aquella visita no estuvo exenta de la polémica tras publicarse una foto en la que se le veía saludando al príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, pocas semanas después de que la CIA le hubiera acusado de ser el principal responsable del asesinato en Turquía del periodista saudí Jamal Khashoggi

En Abu Dabi el emérito no está expuesto a los medios, disfruta de absoluta intimidad y su estancia, invitado por sus amigos, no le ocasiona gastos. Sin embargo, el hecho de que el padre de Felipe VI haya elegido un país árabe, en el que se acostumbra a hacer valiosos regalos como por los que se le investiga, no ayudará a su imagen.

Un oasis de lujo y paz donde la intimidad está garantiza

 

 

Los Emiratos Árabes Unidos es una federación dividida en siete estados que asoma sus costas al Golfo Pérsico donde tiene un sinfín de islas e islotes, muchas dedicadas a la prospección petrolera y otras como lugar de recreo. Aquí el Gobierno y la prensa, toda vinculada de una u otra manera con el poder, guarda silencio sobre la presencia de Juan Carlos I. La imposibilidad de reportar desde cualquier parte sin un permiso hace prácticamente nula la posibilidad de que se pueda rastrear al monarca, que cuenta con la amistad del primer ministro, el jeque Mohamed Bin Rashid Maktoum, gobernante del emirato de Dubái. Emiratos Árabes Unidos se ha convertido en los últimos años en refugio de exmandatarios y magnates que escapan de los problemas en sus países de origen, sea por razones políticas o económicas. Allí han encontrado cobijo los paquistaníes Pervez Musharraf y Benazir Bhuto hasta la madre del presidente sirio Bachar el Asad, entre otros.

El Gobierno cierra la puerta a despenalizar la injuria a la Corona

 

M. E. A.

El Gobierno rechaza una reforma del Código Penal para eliminar el delito de injurias a la Corona, tal y como piden varias fuerzas republicanas, entre ellas, su socio de coalición, Unidas Podemos. En el 2018, el PSOE se mostró proclive a la eliminación del artículo sobre las injurias al rey, pero hoy las cosas han cambiado. «No es el momento para abrir un debate de este hondo calado», reconoció este lunes el titular de Justicia, Juan Carlos Campo. Mucho menos, insistió, cuando España está en plena crisis sanitaria y al comienzo de una recesión económica porque «nos puede distraer de lo realmente importante».

Con Juan Carlos I en el disparadero tras los sucesivos escándalos por sus negocios opacos, el ministro volvió a marcar una línea divisoria entre la figura del que fuera jefe del Estado durante casi cuatro décadas y la imagen de la Casa Real. El socialista insistió además en la obligación de defender la estabilidad y «proteger» a las altas instituciones del Estado de cualquier agravio que las debilite. «Cuando protegemos a la Corona -reconoció-, protegemos el modelo del Estado, que es el modelo constitucional que nos dimos».

El ministro de Justicia consideró que hay que hacer una «enorme pedagogía» para distinguir entre la actuación personal de quien ha encarnado la Jefatura del Estado y la institución misma y defendió la necesidad de salvaguardar la monarquía parlamentaria, dentro del pacto constitucional.

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Juan Carlos I estaba ya en los Emiratos Árabes cuando se anunció su marcha