Los retos para el rey: hilvanar los hilos del multipartidismo para salvar la Corona

Tras ordenar su casa, el monarca ha de capear temporales como el conflicto catalán, la crisis económica o una hipotética reforma constitucional


redacción

La historia siempre habla. Lo hace a su debido tiempo, pero antes de dictar sentencia va dejando pistas a quienes deseen adelantarse a su veredicto leyendo entre líneas. El 2 de junio del 2014 dejó una. La lanzó al banquillo de los que llevaban tiempo haciendo interpretaciones sobre el futuro de la monarquía y los retos que ha de sortear Felipe VI para justificar la institución que su padre restauró primero y acabó minando después. Una de las pistas fue el anunció de la abdicación de Juan Carlos, una renuncia en favor del príncipe de Asturias decidida y consensuada meses antes. Aquel día, la dinastía de los borbones añadió con Felipe VI un nuevo eslabón que, poco a poco, fue dilatándose para marcar distancias con el anterior monarca. Con medidas como quitar el título de duquesa a su hermana Cristina, aprobar una norma que prohíbe a la familia real aceptar regalos que superen la mera cortesía, encargar una auditoría externa de la Casa Real, renunciar a su herencia o retirar a su padre, Juan Carlos I, los fondos que recibía de los Presupuestos Generales del Estado, el nuevo rey fue forjando un muro de contención para que la tormenta levantada por su padre no le salpicara. Su carácter —tan diferente a la campechanía de su padre y tan igual al de su estoica madre, la reina Sofía— le ha ayudado a adoptar unas decisiones necesarias para apuntalar ese muro. «El padre tiene un carisma mucho más seductor. Es más castizo. El hijo se parece más a su madre, a la monarquía griega, más germánica», apunta el autor de La soledad del rey, José María Abad.

Pero todos esos gestos, como coinciden historiadores y constitucionalistas, no son suficientes. El muro necesita cimientos todavía más sólidos para que la tormenta no acabe convertida en un tsunami con consecuencias impredecibles. Para la escritora francesa Laurence Debray, quien mantuvo horas de conversación con padre e hijo, «Felipe VI tiene ahora muchos retos por delante. Ha de justificar la monarquía todos los días».

El baremo para ser un monarca ejemplar no es mismo en tiempos de crisis que cuando existe crecimiento económico Dicen algunos que no lo tendrá fácil. Sobre todo después de que el rey emérito se haya marchado del país sin que los ciudadanos conozcan su destino. «El rey titular es bastante distinto de Juan Carlos. Este último ha rendido un grandísimo servicio al país, pero a última hora lo está estropeando. Esta huida no le beneficia nada a él, ni a su hijo, ni a la monarquía», explica el catedrático de Derecho Constitucional Antonio Torres del Moral. A su juicio, Juan Carlos «ha dejado a Felipe VI en una posición desairada y tiene que reaccionar porque su obligación como rey es no dejar pasar. Tiene que ejercer su autoridad». Otros expertos como Paul Preston, en cambio, creen que la marcha de Juan Carlos I —impulsada y acordada supuestamente por el presidente del Gobierno y el monarca actual— ayuda más que daña a la monarquía.

Pero más allá de ese debate, los historiadores coinciden en que el primer paso que ha de dar el rey para reconducir el rumbo de ese gran trasatlántico es poner orden en su casa. Aunque eso no debe dejar en segundo plano acelerar una maniobra que estreche los lazos con las distintas fuerzas políticas. Torres del Moral apunta que «no debe de limitarse únicamente a una relación institucional, ha de tener un trato directo con ellas, recibiéndolas a todas por igual para envolver su gestión con un aire de equilibrio y neutralidad. No debe convertirse en líder de una facción, sino en el rey de todos».

Pero Felipe VI, cuentan otros historiadores, no cuenta con el carisma de su padre. Creen que le beneficiaría tener más gestos con la gente, aunque a los 52 años resulta complicado reinventarse. La tarea que tiene por delante es complicada. Porque mientras que su padre contó con el apoyo de una ciudadanía ávida de cambio para equilibrar la balanza entre izquierdas y derechas con el objetivo de consensuar una monarquía constitucionalista, Felipe VI tiene que tejer ahora una estrategia mucho más compleja para no dejar flecos sueltos al hilvanar la miscelánea de fuerzas políticas que conviven en el arco parlamentario. «Supongo que no es fácil convivir con un Gobierno que tiene una parte republicana. Felipe VI también ha de lidiar con todo el asunto catalán, que no es algo que se vaya a resolver fácilmente y, como el resto de países de Europa, tiene que enfrentar una crisis económica que va a impactar en el ánimo de los españoles, que lo que van a esperar del rey es más transparencia», comenta Laurence Debray.

«Felipe VI debe hacer comprender al presidente del Gobierno y al resto de líderes políticos que esa reforma es necesaria» El rey ha de tener en cuenta además que los baremos para «ser ejemplar» no son los mismos en períodos de crecimiento económico que en épocas de crisis como la provocada ahora por la irrupción del coronavirus covid-19. «En este momento Felipe VI tiene que transmitir una imagen de transparencia y neutralidad», cree la excorresponsal en la Casa Real Aurora García Marteache. La búsqueda de esa transparencia es una de las razones que justifican para Antonio Torres del Moral la reforma de la Constitución: «Felipe VI no puede poner en marcha una reforma constitucional, pero debe hacer comprender al presidente del Gobierno y al resto de líderes políticos que esa reforma es necesaria. Luego ya serán los grupos políticos los que decidan en qué términos ha de realizarse». Aunque estaría en manos de diputados y senadores marcar los puntos clave de ese cambio, uno de los títulos clave que merecerían una reforma de cara a alimentar la transparencia de la corona es el título II, el que toca distintos aspectos de la actividad del rey.

Pero aunque el debate de la reforma constitucional ha resucitado estos días, son varios los juristas e historiadores que confiesan que, al menos a corto plazo, «abrir una reforma constitucional no interesa mucho». Cómo acabará esta historia, los años lo dirán. Y será ella, la historia, la que dictará sentencia sobre el futuro de la corona.

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