Debate: ¿Qué recordará la Historia de Juan Carlos I?

Cuatro historiadores y especialistas en la figura del monarca emérito destacan su papel determinante en la Transición, que permanecerá en los libros, pese a los últimos escándalos que han ensombrecido su reinado

De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Enrique Moradiellos, Ramón Villares, Laurence Debray y José García Abad
De izquierda a derecha y de arriba a abajo, Enrique Moradiellos, Ramón Villares, Laurence Debray y José García Abad

Enrique Moradiellos: «El mismo rey que nos está avergonzando jugó un papel crucial en la Transición»

«En el reinado de Juan Carlos I hay que mirarlo todo y tener en cuenta que no hay nadie que sea un héroe perfecto ni un malvado total», señala el catedrático de Historia Contemporánea y Premio Nacional de Historia. «El mismo rey que ahora nos está avergonzando a todos, en la Transición tuvo un papel determinante, y eso no va a cambiar», sostiene. «Ahora se dice que era inevitable que después de Franco hubiera democracia, pero inevitable en la historia no hay nada, como demuestra que la China de los 90 no evolucionara hacia la democracia, o que ahora mismo Hungría y Polonia estén apercibidas por la Comisión Europea por sus tendencias poco democráticas. No hay caminos fijados», asegura. «Es prematuro hacer un balance del reinado de Juan Carlos I porque hay que sustantivar qué es lo que de este comportamiento, del que hay indicios muy poco ejemplares, se pueden demostrar». «El rey —afirma— se ganó los laureles del prestigio que tuvo muchos años, y que ya se ha terminado, por haber contribuido a que la transición de una dictadura a una democracia fuera pacífica, muy rápida y con un grado de intensidad desconocido. Lo que hizo fue fantástico», explica. Pero «en los 80 y 90 fallaron los mecanismos de control». «Más que un pacto de silencio hubo una convergencia estratégica, el razonamiento era “puesto que ha prestado esos servicios y es una garantía contra la involución, si es mujeriego, tiene amigos sospechosos, hace negocios o incluso recibe donaciones de los países árabes, mientras no nos robe...”».

Laurence Debray: «Los españoles descubrirán lo que recibieron del rey, pero hay que dejar pasar tiempo»

«Creo que el juicio se hará dentro de un par de décadas, no ahora, porque somos incapaces de juzgarlo», asegura la historiadora francesa Laurence Debray, que escribió su tesis doctoral sobre la Transición española y es autora de la biografía Juan Carlos de España. «Es verdad que ahora, cuando uno piensa en él, piensa en maletas de dinero, caza de elefantes, pero creo que en un par de décadas, como ocurrió con muchos jefes de Estado, lo van a juzgar mejor», explica. «Van a ver más su obra política que su vejez, porque en realidad la vejez con todos esos escándalos no tiene que hacer olvidar todo lo que hizo», añade. «Le pongo un ejemplo: cuando murió Adolfo Suárez en España todo el mundo descubrió quién era Suárez, lo extraordinario que era, y todo lo que había hecho durante la Transición. Era un héroe, pero Suárez se fue solo», recuerda. «Todo el mundo lo criticaba y acabó solo y también enfermo». «Los españoles ya no toleran comportamientos como los que se han conocido sobre Juan Carlos, pero descubrirán lo que recibieron del rey, hay que dejar pasar un tiempo, la historia hará su trabajo», sentencia la escritora, hija del intelectual, filósofo y revolucionario francés Régis Debray y la antropóloga venezolana Elizabeth Burgos. Para Debray, si Don Juan Carlos hubiera muerto antes de que se supiera que estaba cazando elefantes en Botsuana, «se le habría considerado un héroe que obró el milagro de la Transición, de hecho en Francia se le considera así».

Ramón Villares: «Su final va a transformar la valoración de su reinado, pero no la cambia totalmente»

«Juan Carlos I vivió una época de esplendor con una aceptación muy alta y una sociedad que lo alababa muy acríticamente, que era más juancarlista que monárquica, lo cual es siempre peligroso, un rey que en su fase final ha confundido su posición institucional con sus ansias personales de ganar dinero y hacer negocios», asegura el catedrático de Historia Contemporánea. «Su final va a transformar la valoración de su reinado, aunque no la cambie totalmente»», explica. Para Villares, «la sociedad española no estuvo atenta para controlar y hacer un escrutinio de Juan Carlos I, porque la monarquía es una cosa y el rey es otra, pero ambos se retroalimentan». En su opinión, no hubo pacto de silencio, sino «aceptación de la monarquía como bien caído del cielo, por comodidad, y también por sus aciertos, que se ganó a una parte de la sociedad por su forma de ser, su aparente llaneza y su capacidad para comunicar bien». «El rey contó con una posición muy favorable de la política, los medios de comunicación y los poderes fácticos, pero también fue utilizado para hacer muchas gestiones que de otra forma no se habrían hecho». «Se vio atrapado —añade— por la codicia, la buena vida y la adulación y ahora lo está pagando». Destaca como lo más positivo de su reinado «haber difundido la idea de que la monarquía es una institución plenamente democrática, cosa difícil, porque es una contradicción, ya que no es elegida ni está tasada». «Hizo una cosa bastante difícil, aparentar que era como sus ciudadanos», afirma.

José García Abad: «Juan Carlos I podría haber pasado a la historia como el mejor monarca de España»

«Podría haber pasado a la historia como el mejor rey de España», asegura el autor de La soledad del rey. «Con sus escándalos financieros de los últimos años aparecerá con lamentables borrones; la ejemplaridad que se supone a la familia real no ha sido una de la virtudes» de Juan Carlos de Borbón. «Hay que reconocerle importantes méritos», señala. «En primer lugar —enumera—, su papel en el paso de la dictadura a la democracia sin el temido derramamiento de sangre; y en segundo, su lealtad constitucional, que no observó su abuelo Alfonso XIII, que aplicó el borboneo, poniendo y quitando gobiernos y apoyando la dictadura de Primo de Rivera», afirma.

«Don Juan Carlos lo pasó mal durante el exilio de su padre, que vivía de la caridad nunca excesiva de la nobleza; también cuando vino a España, como cuando el duque de Villavicencio le regateaba hasta los refrescos», recuerda. «Creo que decidió hacerse con un capitalito por si la monarquía no se consolidaba y tenía que volver al exilio», concluye. «La culpa de su conducta financiera tiene que ver con la complicidad de la prensa, que no cumplió con su obligación de informar», sostiene. «Una actitud que también mantuvieron intelectuales y políticos, que consideraron que la monarquía no estaba consolidada en España y que más valía no meneallo». «Era un gran seductor y los periodistas le reían las gracias», recuerda. «Blindado por la Constitución, y sin miedo a la prensa, fue creciéndose y sintiéndose por encima del bien y del mal», concluye. 

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