La captación yihadista se diversifica e incluye a mujeres, jóvenes y españoles

La propaganda ha cambiado desde el auge del Estado Islámico en el 2012

Operación policial contra el yihadismo
Operación policial contra el yihadismo

Redacción / La Voz

Hasta el 2012 el fragmento de población al que se dirigían los grupos terroristas para ganar adeptos era claro: varones y, en su mayoría, inmigrantes de primera generación. Sin embargo, este segmento sociodemográfico ha cambiado. Ahora, las características de los nuevos adeptos son más diversas, abarcando un mayor número de mujeres y jóvenes, así como de personas de nacionalidad española.

Pero, ¿qué lleva una persona a querer formar parte de la yihad? Existen dos factores, denominados de «asociación diferencial», que explican porque algunos individuos apoyan la visión deformada del Islam, que es el salafismo yihadista, y otros, en el mismo segmento poblacional, no.

El primero son los agentes de radicalización, una persona que se dedica a transmitir la ideología y los comportamientos propios de este tipo de organizaciones. Por otro lado, las relaciones interpersonales previas también juegan un papel muy importante, «porque en estas relaciones existe una relación de poder y de confianza y seguridad, porque sabes que tu hermano o tu pareja no te va a delatar, por lo que las células son más seguras», explica Carola García-Calvo, investigadora principal de radicalización violenta y terrorismo global en el Real Instituto Elcano.

Captación diversificada

«No existe un perfil de terrorista, pero podemos definir las características sociodemográficas de la población más vulnerable a la radicalización violenta», recuerda la experta. Estas características son las que han cambiado desde el 2012. Hasta el 2011 el porcentaje de extranjeros implicados en atentados suponía casi el 80 % del total, mientras que en entre el 2012 y el 2017 apenas superan la mitad (55,1 %). Además, la media de edad ha descendido casi cuatro puntos en el mismo período, según el estudio Yihadismo y yihadistas en España.

También ha variado su género. Si antes del 2012 ninguna mujer fue partícipe de un acto terrorista, desde ese mismo año la cifra se ha incrementado hasta el 14,7 %. Este llamativo aumento tiene su explicación: «Las mujeres se incorporan a la yihad de una manera generalizada en el 2012 y en el 2014 con el surgimiento del Estado Islámico (EI) y el califato de Siria e Irak. Esto se debe a que el EI tiene una visión pragmática y estratégica de las mujeres, siendo estas clave para consolidar el territorio conquistado y fundamentales para expandir su proyecto con su papel como madres y educadoras», señala García-Calvo.

La clave es la prevención

Por este motivo, la investigadora recuerda la importancia de la perspectiva de género, no solo en el estudio de la yihad, sino también a la hora de trabajar en la lucha antiterrorista. En ese sentido, para García-Calvo, España es un país «casi puntero», precisamente por su enfoque preventivo, que hace que sea uno de los países con más detenciones de terroristas yihadistas en Europa.

Sergio Altuna, investigador del Real Instituto Elcano
Sergio Altuna, investigador del Real Instituto Elcano

Sergio Altuna, experto en yihadismo del Instituto El Cano: «El plano digital siempre ha sido un frente muy atractivo para la difusión del terrorismo islamista radical»

El método de captación de las organizaciones terroristas ha evolucionado, tanto en la elección de su público objetivo, como en los medios que utilizan para llegar a este. Sergio Altuna, investigador del Real Instituto Elcano y experto en narrativa y comunicación yihadista, afirma que la red ha jugado un papel clave en la difusión de la yihad, hasta el punto en el que el rol de muchos terroristas ha pasado del plano bélico al digital.

—¿Qué papel tiene Internet en la propaganda del terrorismo?

—La propaganda como tal fue fundamental para promocionar sus actividades, para insuflar miedo después de un atentado, para reclutar y para transmitir su mensaje. Osama Bin Laden ya mencionaba el plano digital como uno de los frentes más atractivos para llevar a cabo la yihad. El punto de inflexión en cómo se comunica se produjo a partir del éxito del Estado Islámico en el 2014. Esto se explica por la incorporación de generaciones más jóvenes con conocimientos explotables en ese sentido, de programación, diseño, etc., que lo que hacen es llevar el frente mediático y propagandístico a niveles mucho mayores. Hay un número nada desdeñable de individuos que ahora desempeñan tareas diferentes a empuñar un fusil.

—¿Cómo ha evolucionado entonces esta difusión de la yihad?

—En los últimos años hemos visto una disgregación y una amplificación de las herramientas utilizadas por el yihadismo, en lo relativo a la segmentación del público y a la calidad y la cantidad de contenidos existentes para su consumo. Antes, el perfil del militante era principalmente hombres de una cierta edad. Actualmente, hay mujeres, niños, jóvenes, licenciados, parados, etc. Se ha producido una segmentación propagandística del contenido. Ahora se centra en otros aspectos más profundos, en el plano teológico o estratégico. Se ha adaptado, por ejemplo, al consumo de mujeres, con argumentos diferentes a los que estaban enfocados en un consumidor de violencia.

—¿Qué incidencia han tenido las redes sociales?

—De alguna manera, se ha democratizado mucho la posibilidad de engrosar las líneas de la yihad. Antes nos ceñíamos a perfiles muy convencidos, relativamente con amplios conocimientos teológicos, incluso aquellos que simplemente empuñaban las armas. Ahora también hay gente que no conoce en profundidad su religión, pero tiene un papel importante en la creación de contenidos.

—¿Cómo limitan las propias redes sociales estos mensajes?

—Todas las empresas en las que se puede compartir contenido o material online tienen estructuras, equipos o al menos automatismos dedicados a eliminar automáticamente este tipo de contenidos. Hemos visto como ha habido diferentes olas de desactivación de cuentas en Facebook, Twitter y YouTube. Pero siempre van por detrás del terrorista, hasta que se dan cuenta de que hay una puerta trasera por la cual están filtrando contenidos. Además, el terrorista cambia de plataforma, utilizando algunas menos conocidas más privativas y restrictivas, sin legislación pública y también de la deep web.

—Con el aumento del consumo de Internet durante el confinamiento, ¿ha aumentado la captación?

—Es difícil medirlo ahora mismo, pero ciertamente se ha abierto una nueva puerta. Hay gente en distintos sitios del mundo que no tiene posibilidad de salir de su casa, que está conectada al mundo exterior exclusivamente a través de Internet, y no me cabe duda de que se va a tratar de explotar. Sí se sabe que desde la militancia salafista hubo unos llamamientos, ya que no se puede acudir a las mezquitas, a intentar de alguna manera autoorganizarse, por afinidad ideológica y teológica, en grupos más restringidos que puedan consumir sus contenidos y su ideología de manera más libre. De todas formas, ahora no se puede verificar el seguimiento que está teniendo ni el impacto que va a causar.

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